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Vaticano

2004-01-29

VATICANO - MENSAJE DEL PAPA PARA LA CUARESMA: “EL QUE RECIBA A UN NIÑO COMO ÉSTE EN MI NOMBRE, A MÍ ME RECIBE” (MT 18,5) - “CONVERTIRSE” EN PEQUEÑO Y “ACOGER” A LOS PEQUEÑOS

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – “Jesús amó a los niños y fueron sus predilectos “por su sencillez, su alegría de vivir, su espontaneidad y su fe llena de asombro” Ésta es la razón por la cual el Señor quiere que la comunidad les abra el corazón y los acoja como si fueran Él mismo: “El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe” (Mt 18,5). Junto a los niños, el Señor sitúa a los “hermanos más pequeños”, esto es, los pobres, los necesitados, los hambrientos y sedientos, los forasteros, los desnudos, los enfermos y los encarcelados. Acogerlos y amarlos, o bien tratarlos con indiferencia y rechazarlos, es como si se hiciera lo mismo con Él, ya que Él se hace presente de manera singular en ellos”. Es un trozo del Mensaje del Santo Padre Juan Pablo II, para la próxima Cuaresma, que comenzará el 25 de febrero, miércoles de ceniza, que ha sido publicado hoy.
El tema de este año ofrece la oportunidad de reflexionar sobre la condición de los niños: “las palabras de Jesús son una exhortación a examinar cómo son tratados los niños en nuestras familias, en la sociedad civil y en la Iglesia. Asimismo, son un estímulo para descubrir la sencillez y la confianza que el creyente debe desarrollar, imitando al Hijo de Dios, el cual ha compartido la misma suerte de los pequeños y de los pobres”... “Convertirse” en pequeños y “acoger” a los pequeños son dos aspectos de una única enseñanza, que el Señor renueva a sus discípulos en nuestro tiempo. Sólo aquél que se hace “pequeño” es capaz de acoger con amor a los hermanos más “pequeños”.
El Papa recuerda a cuantos intentan seguir fielmente estas enseñanzas del Señor y en particular “a los padres que no dudan en tener una familia numerosa, a las madres y padres que en vez de considerar prioritaria la búsqueda del éxito profesional y la carrera, se preocupan por transmitir a los hijos aquellos valores humanos y religiosos que dan el verdadero sentido a la existencia” también a cuantos “se hacen cargo de la formación de la infancia en dificultad, y alivian los sufrimientos de los niños y de sus familiares causados por los conflictos y la violencia, por la falta de alimentos y de agua, por la emigración forzada y por tantas injusticias existentes en el mundo”. El Santo Padre no silencia el egoísmo de tantos, que hiere profundamente a los más pequeños por medio de abusos sexuales, instigación a la prostitución, al tráfico y uso de drogas, niños obligados a trabajar, enrolados para combatir, inocentes marcados para siempre por la disgregación familiar, niños pequeños víctimas del infame tráfico de órganos y personas, la tragedia del SIDA, con sus terribles repercusiones en África muchos contagiados desde el nacimiento. “La humanidad no puede cerrar los ojos ante un drama tan alarmante”.
Por último el Papa exhorta a vivir el itinerario cuaresma la dedicando mayores cuidados a los niños en el propio ambiente familiar y social: ellos son el futuro de la humanidad. “Con la sencillez típica de los niños nos dirigimos a Dios llamándolo, como Jesús nos ha enseñado, “Abbá”, Padre, en la oración del Padrenuestro... Llamando a Dios Padre nuestro, nos daremos cuenta de que somos hijos suyos y nos sentiremos hermanos entre nosotros. De esta manera, nos resultará más fácil abrir el corazón a los pequeños, siguiendo la invitación de Jesús: “El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe” (Mt 18,5).
(SL) (Agencia Fides 29/1/2004 Líneas: 42 Palabras: 620)

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