VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA, de P. Nicola Bux y P. Salvatore Vitiello - No a todos nos es dado comprender

jueves, 11 octubre 2007

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Se ha desatado también en Italia el violento ataque al celibato católico que caracteriza desde hace algunos años a la cultura dominante en Occidente. Los periódicos, los servicios de televisión y diversos titulares se han desencadenado en investigaciones, comentarios, impresiones y opiniones, frecuentemente solicitados a personalidades de lo más disparatadas, sobre el tema del celibato.
Dicho fenómeno viene acompañado en muchas ocasiones de “incomentables ejemplos” de infidelidad a la disciplina celibataria, los cuales, como diría San Pablo, “se jactan de aquello de lo que deberían avergonzarse”, y lo hacen incluso públicamente, arrastrando tras sí a personas de buena fe, las que con demasiada frecuencia no poseen las armas suficientes para comprender la complejidad de las cuestiones y terminan dejándose envolver por el carácter “humano” de los casos o por la compasión, así como por el instinto irrefrenable de reducir toda la realidad a “lo que es natural”.
Está fuera de duda que se estamos frente a una “estrategia mediática” la cual, junto a los continuos ataques a formas de subvención económica de la Iglesia Católica, pretende (aunque no lo logre) demoler la imagen pública de la Iglesia, pretendiendo de esta manera deslegitimar sus enseñanzas.
Dejando de lado el hecho que quien escribe está profundamente convencido de que la Verdad camina con sus propios pies y es capaz de hacerse espacio en los corazones, independientemente de todo y de todos, aún así es necesario hacer un examen sobre algunos aspectos del fenómeno.
Primeramente, estamos frente al tentativo de “normalizar” el Catolicismo, haciéndolo homogéneo a la cultura dominante -usando categorías teológicas-, y frente al tentativo de “protestantizar el Catolicismo”.
En realidad se trata de un intento que muchos han realizado, afortunadamente sin éxito. La originalidad del Catolicismo, su irreductibilidad a meras categorías sociales o mundanas, está ligada al misterio mismo de la Encarnación del Verbo, el cual, haciéndose carne, ha transformado esa carne asumida en su “normalidad” en sentido lato, convirtiéndola en el signo irreducible de la presencia de Dios en el mundo.
La irreductibilidad del Catolicismo a categorías socio-culturales dominantes, funda la propia verdad en la pretensión de Jesús de Nazareth, Señor y Cristo, de ser Dios en el Mundo.
Tal pretensión refulge de manera preeminente en aquellos que, por Cristo y sólo por Cristo, eligen ofrecer toda su existencia, incluidas las dimensiones afectiva y sensual, para dar testimonio de Él, y de su victoria sobre el Maligno y sobre la Muerte.
El mundo, que luego de dos mil años, conspira incesantemente para silenciar a Cristo y a la Verdad de su Encarnación, no puede tolerar un testimonio tan eficaz y tan provocante. Un mundo que está tan impregnado de impulsividad instintiva incontrolada, de sensualidad difusa, incluso de “animalidad regresiva” respecto a la dignidad de la naturaleza humana, no soporta que hombres y mujeres, libres y files, “griten” con la propia vida, porque lo eligieron libremente y han sido llamados por el Señor, que Cristo es la única razón para vivir tanto en el presente como en la eternidad.
La Iglesia Católica, en su soberana paciencia y libertad, elige para el ministerio ordenado solamente hombres. Sólo aquellos que han recibido del Señor el carisma extraordinario del celibato y que, por ello, están en grado de testimoniarlo de manera suma. Todos los ataques, particularmente vehementes en estos tiempos, no lograrán cambiar la verdad de las cosas. Por lo demás, el Señor había ya advertido a sus discípulos y a la Iglesia: “no a todos ha sido dado comprender, sino sólo a algunos”. (Agencia Fides 11/10/2007; líneas 47, palabras 610)


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