ÁFRICA/MOZAMBIQUE - Cincuenta años después de la independencia, el reto educativo sigue siendo decisivo

viernes, 23 octubre 2026

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Nampula (Agencia Fides) – Cincuenta años después de la independencia, Mozambique ha logrado avances importantes en el acceso a la educación, ampliando la red escolar también en las zonas rurales y periurbanas. Sin embargo, persisten graves deficiencias que afectan a la calidad de la enseñanza y a las perspectivas de las nuevas generaciones. Así lo señala una publicación reciente compartida con la Agencia Fides.

Entre los problemas más urgentes figuran la falta de infraestructuras y materiales didácticos, el hacinamiento en las aulas y los bajos niveles de aprendizaje, especialmente en lectura y escritura. En algunas zonas, los alumnos siguen recibiendo clases en espacios improvisados, a veces bajo los árboles, mientras que las bibliotecas y los recursos didácticos básicos siguen siendo insuficientes. Además, el elevado número de alumnos por clase dificulta que los docentes puedan atender personalmente a los estudiantes e intervenir ante las situaciones de mayor vulnerabilidad. A estas dificultades se suman denuncias de corrupción, favoritismo y acoso sexual relacionados, en determinados contextos, con las evaluaciones y los exámenes.

Otra situación preocupante es la presencia de alcohol y drogas entre los jóvenes y, en algunos casos, en los propios centros educativos. Este fenómeno puede alimentar la violencia y las conductas desviadas, agravando las dificultades de las familias y las comunidades. En Nampula, por ejemplo, se han denunciado episodios relacionados con el consumo de «maakha», también asociados a casos de agresión.

En este contexto, la escuela está llamada a redescubrir su misión fundamental: no solo transmitir conocimientos, sino formar personas capaces de vivir responsablemente en sociedad y contribuir al bien común. Aquí cobra especial importancia la vocación del docente católico. Ante las deficiencias del sistema educativo, está llamado, ante todo, a dar testimonio de integridad, profesionalidad y responsabilidad. Su tarea no se limita a enseñar las distintas materias, sino que incluye acompañar a los jóvenes en su crecimiento humano, ayudándoles a desarrollar el respeto, el sentido del deber, la tolerancia, la solidaridad y la atención a los demás. El testimonio personal se convierte así en una parte esencial de la educación. Rechazar la corrupción, el favoritismo, cualquier forma de abuso y la discriminación significa contribuir de manera concreta a recuperar la confianza en la escuela y en las instituciones. Del mismo modo, escuchar y orientar a los jóvenes puede ayudar a prevenir fenómenos como la violencia y la dependencia de sustancias.

En un país que sigue afrontando importantes desafíos sociales y educativos, el docente católico puede convertirse, por tanto, en un referente y un agente de cambio. Su presencia, especialmente en las situaciones más difíciles, constituye una forma concreta de servicio a las personas y a la comunidad.

El verdadero progreso de Mozambique no dependerá únicamente del número de escuelas construidas o de alumnos matriculados, sino de la capacidad del sistema educativo para formar a mujeres y hombres libres, competentes y responsables, capaces de construir una sociedad más justa y solidaria.
(AP) (Agencia Fides 23/10/2026)


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