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Pourcine Pic Makaya (Agencia Fides) – Cinco horas de camino desde la carretera transitable más cercana, entre empinadas colinas, valles y ríos que apenas llevan ya agua. Este es el recorrido necesario para llegar a Nan Miel, una de las localidades más aisladas del interior de Haití, donde el padre Massimo Miraglio, MI, párroco de la iglesia de Nuestra Señora del Socorro de Pourcine Pic Makaya, ha visitado recientemente la capilla de San Bernardo con motivo de la fiesta patronal.
«Es una zona de difícil acceso», cuenta el misionero a la Agencia Fides. A lo largo del camino se encuentran pequeñas aldeas habitadas sobre todo por familias de agricultores, que carecen de los servicios básicos. No hay escuelas, centros de salud ni agua potable. «Y de electricidad, ni hablar».
A pesar de las dificultades, la comunidad ha acogido con cariño al misionero y la celebración de la fiesta ha reunido también a fieles procedentes de localidades cercanas, muchos de los cuales han tenido que caminar durante varias horas. Por la tarde hubo un partido de fútbol y después música hasta que se agotó la gasolina del pequeño generador. «Con un balón y dos altavoces -cuenta el padre Miraglio-, la gente pasó un día estupendo, sin incidentes».
Durante los tres días de visita, han sido numerosos los encuentros con la población. El tema recurrente ha sido el abandono por parte del Estado de las zonas más aisladas, una situación agravada por los efectos de la sequía. «La última cosecha salió mal precisamente en vísperas del comienzo del nuevo curso escolar. Con la escasez de los productos de la tierra, las comidas se reducen para todos, niños y adultos, a muy poca cosa».
El viaje de regreso se ha realizado junto a una pequeña delegación. A lo largo del camino, las mulas siguen siendo un medio indispensable para transportar las pocas mercancías. «De vez en cuando saludábamos a la gente que encontrábamos y nos hemos comprometido a regresar en cuanto sea posible».
Entre las prioridades identificadas por la comunidad está la construcción en Nan Miel de una pequeña estructura de madera y chapa destinada a acoger las celebraciones religiosas, los encuentros comunitarios y los primeros pasos de una escuela. Una segunda intervención consiste en acondicionar el manantial local, fundamental para garantizar el abastecimiento de agua.
«Como en tiempos de las primeras comunidades cristianas, también hoy las visitas a otras comunidades son importantes para alimentar la esperanza, fortalecer la fe y mejorar, de cara al futuro, las condiciones de vida de la población», subraya el padre Massimo.
El misionero describe una situación difícil en todo el país, no solo en las grandes ciudades, donde las bandas armadas han impuesto una inseguridad cada vez mayor. «En cada viaje toco con mis propias manos las enormes dificultades de la realidad haitiana. Es un país a la deriva, no solo en las grandes ciudades a causa de las bandas armadas, sino también en las zonas más remotas del interior. Aquí se libra una “guerra en la retaguardia” que resulta cada vez más difícil de sostener».
En este contexto, la misión de la Iglesia sigue centrada en acompañar a las poblaciones más vulnerables. «En nuestro esfuerzo por transmitir la fe -concluye el religioso camiliano-, trabajamos para construir comunidades pacíficas y solidarias».
(AP) (Agencia Fides 4/9/2026)
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