Roma (Agencia Fides) – La pasión misionera que impregnó toda la vida y la obra del arzobispo estadounidense Fulton Sheen no fue fruto del esfuerzo ni de una estrategia. Tampoco estuvo motivada por un afán de conquista. En él, todo nacía sencillamente de ser un «ardiente apóstol de Jesucristo, Salvador del mundo». Un discípulo cuya misma fe, lúcida y realista, le llevaba a reconocer que, sin el amor de Cristo, incluso las estrategias y los instrumentos más sofisticados utilizados para anunciar el Evangelio terminan siendo como «bronces que resuenan y címbalos que retiñen», como escribe san Pablo en la Primera Carta a los Corintios.
Sobre todo ello, y sobre muchos otros aspectos, insiste monseñor Roger J. Landry, Director Nacional de las Obras Misionales Pontificias, al trazar el perfil y destacar la actualidad del arzobispo estadounidense, que será proclamado Beato el próximo 24 de septiembre en Saint Louis (Misuri), durante una solemne celebración litúrgica presidida por el cardenal Luis Antonio Tagle.
Publicamos a continuación el texto de la entrevista concedida por monseñor Roger J. Landry a la Agencia Fides durante la última Asamblea General de las Obras Misionales Pontificias.
El Venerable Fulton J. Sheen estuvo también al frente de las Obras Misionales Pontificias en Estados Unidos entre 1950 y 1966.
- ¿Cuál es el legado del arzobispo Fulton J. Sheen para la identidad misionera de la Iglesia en Estados Unidos hoy?
- El arzobispo Fulton Sheen pronto será el beato Fulton Sheen. Toda su vida estuvo marcada por su ardiente amor a Jesucristo. Su empeño fue servir a Jesús de la mejor manera posible y llevar al mayor número de personas a conocerlo, a sentirse amadas por Él, a corresponder a ese amor y a tratar, a su vez, de difundirlo.
Por eso estudió con tanta dedicación y llegó a ser uno de los sacerdotes más cultos de la historia de Estados Unidos. Por eso se entregó tan intensamente a la predicación y consiguió hacer que los «púlpitos ardieran» con el fuego del Espíritu Santo, mientras transmitía su amor a Jesús. Esta es también una de las razones por las que, cada mañana, durante los 61 años de su sacerdocio, dedicó una hora entera a la adoración ante el Señor. Y por eso pudo afirmar que su mayor amor estuvo siempre dirigido a las misiones de la Iglesia. Dio todo lo que pudo: mucha energía, mucho talento y mucho dinero recaudado a través de sus distintas iniciativas, para tratar de difundir la fe por todo el mundo. Todo nace del hecho de ser un discípulo devoto y un ardiente apóstol de Jesucristo, Salvador del mundo.
- ¿Qué aspectos de su espiritualidad personal considera más relevantes para los misioneros que trabajan hoy sobre el terreno y cuál le interpela más personalmente?
- Fulton Sheen no fue solo un gran misionero entre los misioneros, sino que también contribuyó a edificar toda la Iglesia según el espíritu misionero.
Hay dos aspectos de su devoción que todos podemos imitar. El primero es que tomaba muy en serio la presencia real de Jesús en la Santa Eucaristía. Para él, la Eucaristía no era una cosa, sino una persona. Y le era completamente natural dar prioridad al tiempo que pasaba con Jesús cada día.
La misión de la Iglesia no consiste solo en llevar las palabras del Evangelio hasta los confines de la tierra. Tampoco consiste únicamente en fundar iglesias. La misión de la Iglesia es llevar a Jesucristo hasta los confines de la tierra. Él vive con nosotros, Dios con nosotros, y sigue estando con nosotros en la Santa Eucaristía, en su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Por eso, el amor de Fulton Sheen por la Eucaristía inspiró profundamente su espiritualidad misionera, para que se construyeran iglesias, no edificios ni estructuras físicas, sino Iglesias que formaran el Cuerpo Místico mediante la obra de Jesús en la Santa Eucaristía.
Y luego, el segundo gran aspecto que destacaría de Sheen es su dedicación al arte de la comunicación. Sabía que no bastaba con tener fe. Tampoco bastaba con desear difundirla. Había que ser eficaz a la hora de transmitir la fe. Había que mostrar, a través de las propias palabras, el fuego del amor que Dios tiene por nosotros mientras se anuncia el Evangelio.
Fulton Sheen tuvo siempre esta capacidad. Y una de las influencias más significativas de su vida fue haber animado no solo a algunos medios de comunicación, antiguos y nuevos, a convertirse en púlpitos desde los que compartir con ardor el tesoro de nuestra fe. Estas son, por tanto, las dos cosas que, a mi juicio, enseñó a toda la Iglesia sobre cómo llevar a cabo bien la misión.
Para mí, el aspecto más poderoso de Fulton J. Sheen es su amor por el sacerdocio. Fulton Sheen era un «sacerdote entre los sacerdotes» y, cuando finalmente se jubiló, dedicó la última década de su vida a ofrecer cada mes tres retiros de una semana para sacerdotes, porque quería formar a sus hermanos sacerdotes con un verdadero corazón misionero, a imagen de Cristo, para que pudieran ir como sal y levadura y transformar el mundo entero.
Comencé a escuchar las grabaciones de Fulton Sheen cuando tenía 18 años, durante los largos viajes en automóvil, y su pensamiento penetró en mi mente, su ardor penetró en mi corazón. Y ahora me gusta pensar que, como su sucesor -él fue el quinto Director Nacional de las OMP en Estados Unidos-, no solo tengo su ejemplo que seguir y su modelo que poner en práctica, sino también su poderosa intercesión, para siempre a la derecha de Jesús. Por eso amo profundamente a Fulton Sheen.
- ¿Qué pueden aprender los llamados «misioneros digitales» de hoy del arzobispo Fulton J. Sheen, no solo en términos técnicos, sino también en cuanto a su fundamento espiritual? Además, ¿qué pensaría el propio Fulton Sheen, desde una perspectiva crítica, de las ilusiones de nuestra era de la comunicación?
- ¿Qué pensaría y cuál sería su aportación crítica ante lo que está sucediendo hoy en el mundo de los medios digitales y de los misioneros digitales? El arzobispo animaría a todos los misioneros digitales y a los «influencers» de hoy a partir, ante todo, de su relación con Jesús. Si no tienen esa experiencia del amor personal del Señor por ellos, si no están buscando realmente crecer en la fe, en la esperanza y en el amor en esa relación personal con Jesús, entonces, para usar las palabras de san Pablo a los Corintios, serán solo como bronces que resuenan y címbalos que retiñen. Para poder dar mucho fruto, deben estar unidos a Jesús como los sarmientos a la vid. Este sería, por tanto, el primer consejo que Fulton Sheen les daría.
Para Fulton Sheen, lo importante no era el medio. Lo importante era el mensaje que se transmitía a través de cualquier medio que utilizara, ya fueran libros, radio, televisión o, por decirlo en términos actuales, vídeos, pódcast o incluso inteligencia artificial, etcétera.
Fulton Sheen estaba siempre centrado en ese mensaje, y ese mensaje… era lo que Dios quiere hacer con nosotros: quiere vivir la vida junto a nosotros; no solo sufrió, murió y resucitó por nosotros, sino que también camina hoy con nosotros: Cristo ha resucitado.
Y esa verdad era bien conocida por Fulton Sheen, que la vivía cada día, comenzando con una hora de oración ante el Señor Jesús resucitado en el sagrario de sus capillas privadas.
En cuanto a la inteligencia artificial, Fulton Sheen vería, en primer lugar, su enorme potencial. En segundo lugar, querría asegurarse de que ese gran instrumento, capaz de ayudar a la Iglesia y a la humanidad, no terminara perjudicando a la propia humanidad. No deberíamos convertirnos en seguidores de la inteligencia artificial hasta el punto de quedar dominados por ella.
Debemos, en cambio, ejercer nosotros el dominio -tal como el Señor nos ha dicho en el Libro del Génesis- sobre las obras de nuestras manos, sobre la creatividad que Él ha inspirado. Por eso, Fulton Sheen vería ante todo las posibilidades que ofrecen estos nuevos medios que Dios ha puesto ante nosotros, pero, al mismo tiempo, exhortaría a todos a reconocer que el diablo puede utilizar efectivamente esos mismos medios. Por eso debemos estar vigilantes y asegurarnos de que estén siempre orientados hacia Dios, porque, si no lo están, ellos -y nosotros a través de ellos- terminaremos perdiendo el rumbo. Como he dicho, Fulton Sheen fundamentaba su acción misionera en una adoración cotidiana ante el Santísimo Sacramento.
- El arzobispo Fulton Sheen fundamentó toda su obra misionera en una hora santa diaria ante el Santísimo Sacramento. En 2024 usted recorrió a pie Estados Unidos durante 65 días, llevando consigo la Eucaristía. ¿Cuál es el vínculo esencial entre la Eucaristía y la misión?
- Como dijo el cardenal Tagle, Pro-Prefecto del Dicasterio para la Evangelización, a la Iglesia de Estados Unidos durante el Congreso Eucarístico Nacional de 2024 en Indianápolis: «Jesús eucarístico es intrínsecamente misionero». Él entrega su cuerpo y su sangre por nosotros y después dice: «Haced esto en memoria mía». Esto no significa simplemente celebrar la Misa en su memoria, sino hacer que nuestra vida sea verdaderamente eucarística. Que nosotros, como Jesús, estamos llamados a ser entregados por los demás. Que debemos ser capaces de decir a los demás: «Este es mi cuerpo, esta es mi sangre, estos son mis callos, este es mi sudor, estas son mis lágrimas, este es mi corazón, todo lo que soy y tengo, lo entrego por amor a vosotros».
Una Eucaristía que no se transforme en misión, como nos dijo en una ocasión san Juan Pablo II, es como si estuviera intrínsecamente fragmentada, rota. Pero, así como recibimos el amor que el Señor derrama sobre nosotros cuando somos capaces de recibir dignamente a Jesús en la Santa Comunión, también Jesús, ahora dentro de nosotros, quiere que prolonguemos esa comunión con Él participando en su misión para la salvación del mundo.
Este es uno de los motivos por los que la celebración de cada Misa concluye con Dios impartiéndonos su bendición y diciéndonos: «Id y anunciad el Evangelio del Señor». «Ite, missa est» significa que la meta de la Iglesia ha sido establecida y, así, Cristo, que nos hace su cuerpo, nos envía junto con Él para que, transformados por Él en la Eucaristía, podamos transformar el mundo entero.
- El Papa León XIV suele ser definido como un Papa misionero, pero más allá de los eslóganes, ¿cómo analiza su perspectiva y su visión misionera?
- El Papa León ha servido durante 22 años como seminarista misionero, sacerdote y obispo en Perú. Posteriormente, durante 12 años, visitó 50 países diferentes como Prior General de los Agustinos. Por tanto, durante la mitad de su vida ha sido misionero. Cuando fue elegido el 8 de mayo de 2025, era el primer Papa después de san Pedro que había dedicado parte de su vida a alejarse de su tierra para anunciar el Evangelio a personas que nunca habían oído hablar de Jesús, como hizo León entre las montañas del norte de Perú.
Llevó consigo esa experiencia, ese pasaporte tan lleno de sellos, entre las aclamaciones de la Plaza de San Pedro. Y, del mismo modo que el Papa san Pío X habría sido el primer Papa en siglos en haber ejercido el ministerio pastoral, utilizando esa experiencia pastoral para transformar el papado, así también el Papa León, que es el primer Papa misionero «ad gentes» desde Simón de Betsaida, ha recorrido el mundo de un extremo a otro para fortalecer a sus hermanos y hermanas en la fe, llevándolos consigo al Palacio Apostólico.
No sorprende, por tanto, que en su homilía de inicio de pontificado no solo saludara a la gente de Chiclayo, donde había sido obispo misionero, sino que también afirmara que juntos debemos buscar caminos para convertirnos en una «Iglesia misionera».
Si se reflexiona sobre lo que hace única su experiencia misionera, es el hecho de que reconoce que la obra misionera es un compromiso conjunto de toda la Iglesia. No es tarea de un solo misionero, ni de unos pocos miembros de una congregación misionera, sino que, para que la misión de la Iglesia tenga éxito, es necesario el compromiso de todos.
Y desde sus primeras palabras como 267.º Obispo de Roma, nos ha pedido a todos que nos unamos a él con celo misionero para llevar a todos el don más grande del mundo: Jesucristo. Cristo mismo a todos, a los 8.100 millones de personas que viven hoy, por las que Jesús entregó amorosamente su vida.
Esto es lo que lo hace verdaderamente único y nos hace sentir lo bendecidos que somos, no solo por tener un Papa estadounidense -puedo decirlo como estadounidense-, sino también por tener un Papa verdaderamente misionero, que lleva en la sangre el deseo de difundir la fe.
(Agencia Fides 1/9/2026)
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