Diocese of Ruteng
de Paolo Affatato
Ruteng (Agencia Fides) – “Sigamos rezando juntos por las víctimas y por todos aquellos que se han ofrecido voluntariamente para ayudar. Creemos que Dios cuida de nosotros. Su amor fiel nunca falla. Esta es nuestra mayor fuente de fuerza, mientras permanecemos firmes en la esperanza en medio de esta devastación causada por el terremoto”. Son las palabras a la Agencia Fides de monseñor Siprianus Hormat, obispo de Ruteng, diócesis situada en la isla de Flores. Habla de fe y resiliencia a su comunidad, herida por el violentísimo terremoto de magnitud 7,7 que la mañana del 15 de agosto de 2026 sacudió la isla.
La tragedia ha golpeado a lo que histórica y espiritualmente se reconoce como el “corazón católico” de Indonesia. En una nación de amplia mayoría musulmana, la isla de Flores representa un auténtico oasis de la fe cristiana, donde más del 70 % de la población es católica y donde la vitalidad eclesial se manifiesta en una constante de vocaciones sacerdotales y religiosas que sirven a la Iglesia en todo el mundo.
Según los datos oficiales, el balance actualizado de víctimas ha ascendido a 68 muertos y más de 213 heridos, mientras que los desplazados se acercan ya a las 13.000 personas, obligadas a vivir en campamentos improvisados debido a una serie sísmica que ya ha superado los 2.100 movimientos de réplica.
Las principales carreteras de Flores están bloqueadas por importantes corrimientos de tierra, que han dejado aislados a pueblos enteros y dificultan las labores de rescate, mientras que los daños materiales incluyen más de 1.300 viviendas destruidas, escuelas inutilizadas y decenas de iglesias y capillas dañadas. A pesar de los escombros y de la alerta de tsunami inicial que azotó las costas, la diócesis de Ruteng se ha puesto en pie con valentía. Junto a la cercanía espiritual expresada públicamente por el Papa León XIV, el dispositivo de ayuda coordinado por Cáritas ya está plenamente operativo para guiar a la población hacia un nuevo amanecer de reconstrucción y esperanza. Esta es la entrevista con monseñor Siprianus Hormat:
Monseñor Hormat, el terremoto golpeó la isla de repente. ¿Cuál es el impacto real de esta tragedia sobre el territorio?
Este terremoto ha tenido un impacto profundamente devastador. Se han perdido vidas y también han sido destruidos los frutos de los años de duro trabajo de nuestra gente: las casas han quedado reducidas a ruinas, los huertos y las cosechas han sufrido daños, y las iglesias y capillas se han visto gravemente afectadas. El futuro que nuestra gente había construido con tanto esfuerzo y en el que había depositado sus esperanzas ha quedado trastocado por este terremoto. Lo que hace que esta tragedia sea aún más dolorosa es que el terremoto golpeó de repente, sin previo aviso y sin ninguna posibilidad de preparación. En unos pocos instantes, tanto quedó destruido. Lo que queda son devastación, lágrimas y un profundo dolor”.
¿Cómo está viviendo estos días difíciles en su ministerio como obispo y pastor de una comunidad tan duramente afectada?
En estos días difíciles, después del terremoto de la mañana del sábado 15 de agosto de 2026, intento hablar a la gente con corazón de pastor, intento ofrecer algo de consuelo y alivio visitando a los desplazados y a los enfermos. Comparto el dolor, los miedos y las esperanzas de los desplazados. Lo hago no solo porque muchas iglesias y capillas han sido destruidas y también los edificios de la diócesis han sufrido daños, sino sobre todo porque comparto el sufrimiento de mi gente y deseo permanecer cerca de las personas que me han sido confiadas en este tiempo de profunda tribulación y prueba. Mi lema episcopal, “Omnia in caritate”, es fuente de inspiración para mis acciones. Al mismo tiempo, invito a todos a permanecer unidos en la fe y a afrontar juntos esta difícil situación con compasión, valentía y esperanza.
Al ver el estado de destrucción, se podría caer en el desánimo. ¿Dónde encontrar la fuerza para volver a empezar?
No podemos quedarnos paralizados en nuestro dolor. La pregunta que tenemos ante nosotros es: ¿qué podemos hacer juntos a partir de este momento? Después de haber sido puestos de rodillas, deseamos levantarnos con la ayuda de Dios y con nuestra solidaridad mutua. Es precisamente aquí donde la fe cristiana se convierte en una profunda fuente de fuerza. Desde el punto de vista humano, todo puede parecer oscuro. Podemos sentirnos impotentes y abrumados. Y, sin embargo, incluso en medio de nuestra fragilidad, todavía podemos experimentar la gracia de Dios y su presencia amorosa. Como nos recuerda el apóstol Pablo en la Carta a los Romanos (Rm 8,11), creemos que el Dios que venció la muerte mediante la Resurrección puede hacer surgir un nuevo amanecer también en la oscuridad de esta tragedia. Incluso en medio de la devastación causada por el terremoto, confiamos en que Dios nos guiará del sufrimiento hacia la esperanza y la renovación, la recuperación, la luz.
Inmediatamente después del seísmo lanzó un fuerte llamamiento pastoral. ¿Cuál es el mensaje central dirigido a los fieles y a los sacerdotes?
En el llamamiento pastoral que dirigí inmediatamente después del terremoto, invité a todos los fieles, junto con los sacerdotes, a permanecer firmes en la esperanza. Esta esperanza se fundamenta únicamente en el amor fiel de Dios, que permanece con nosotros incluso en medio de esta calamidad y de la oscuridad que ha envuelto nuestras vidas. Esta esperanza se traduce concretamente en nuestro compromiso para ayudar y sostener a las víctimas, así como en los esfuerzos comunes de la diócesis para responder a esta calamidad.
En el plano práctico, ¿cómo se está movilizando la comunidad de Ruteng para llevar las primeras ayudas de emergencia a las familias afectadas?
A través de las parroquias y de las instituciones de la diócesis, hemos proporcionado inmediatamente asistencia de emergencia a las víctimas. Hemos puesto a disposición tiendas de campaña para las personas afectadas en distintas parroquias, habilitado un punto de asistencia para los pacientes en el Hospital Regional de Ruteng, hemos recogido ayudas en diferentes lugares y establecido centros de asistencia. Estas iniciativas han sido coordinadas por Cáritas y por el Centro Pastoral de la diócesis de Ruteng. Igualmente importante es la recogida sistemática y la verificación de los datos relativos a las personas afectadas, en colaboración con las instituciones gubernamentales competentes. Estos datos son esenciales para garantizar que las ayudas puedan distribuirse de forma rápida, eficaz y equitativa.
Las réplicas continúan atemorizando a la población. ¿Qué medidas han adoptado para las celebraciones litúrgicas?
Hemos adoptado medidas de prevención en respuesta a las numerosas réplicas. He exhortado a los párrocos a celebrar las misas en espacios abiertos y seguros, en lugar de hacerlo dentro de las iglesias, las capillas u otros edificios. Y la gente nos está dando un gran testimonio de fe: los fieles acuden y las celebraciones se viven con una gran intensidad espiritual.
Además de alimentos, tiendas de campaña y seguridad material, ¿qué más necesita en estos momentos la población de Flores?
Naturalmente, nuestra respuesta no se limita únicamente a la ayuda material. Son igualmente importantes el apoyo espiritual y psicológico a las víctimas. A través de nuestros sacerdotes, religiosos y religiosas y del equipo pastoral, junto con laicos competentes, acompañamos a las víctimas mediante una pastoral de la presencia, con procesos de sanación del trauma y también con la oración comunitaria, que ayuda a aliviar las heridas y es como un bálsamo para el alma de cada persona.
Mirando más allá de la emergencia, ¿cómo se están organizando para el futuro y la reconstrucción?
Ya estamos trabajando para mirar más allá de las consecuencias inmediatas del terremoto, es decir, para superar la emergencia del momento y comenzar a pensar en la situación posterior, con las distintas intervenciones de rehabilitación y reconstrucción, en colaboración con el Gobierno y con los demás actores implicados. Continuamos rezando por las víctimas y por todos aquellos que ofrecen voluntariamente sus manos, su ayuda y sus energías para ayudar a los desplazados. Creemos que Dios cuida de nosotros. Su amor fiel nunca falla. Esta certeza nos hace seguir adelante y mirar al futuro con esperanza, viendo ya desde ahora el bien que vendrá.
(Agencia Fides, 19/8/2026)