ASIA/MYANMAR - Cinco obispos obligados a abandonar la catedral: “La gente, cansada y traumatizada por la violencia, reza con lágrimas en los ojos”, dice el obispo de Pekhon

viernes, 5 junio 2026

RVA

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – A causa de la guerra civil que asola Myanmar desde 2021, cinco obispos de las 17 diócesis del país se han visto obligados a abandonar sus sedes episcopales y sus catedrales, y han pasado a residir en parroquias situadas en zonas más seguras, alejadas de los enfrentamientos entre el ejército y los grupos rebeldes. “Son los obispos de las diócesis de Pekhon, Loikaw, Banmaw, Mindat y Lashio”, ha explicado a la Agencia Fides monseñor Felice Ba Htoo, obispo de Pekhon, en el estado Shan. El prelado ha descrito la situación de sufrimiento que viven los pastores del país, que desde hace cinco años contemplan cómo su nación queda marcada por el conflicto y sus graves consecuencias sobre la población.

“Tampoco nosotros, como obispos, hemos estado al margen de esta realidad. Muchas de nuestras parroquias han sido cerradas porque han sido dañadas, atacadas o porque se han quedado sin fieles”, ha señalado.
Los obispos de Myanmar se encuentran estos días en el Vaticano con motivo de la visita ad limina Apostolorum. Hoy, han mantenido un encuentro con el papa León XIV, con quien han compartido la situación del país y han rezado por la paz y la reconciliación.

Monseñor Ba Htoo ha descrito a Fides así su misión en el presente: “No sabemos qué nos deparará el futuro. Vivimos el presente confiando en Dios. Nuestra tarea es estar cerca de la gente, de los desplazados internos dispersos por el territorio: algunos en la selva, otros en campos de refugiados, otros en aldeas menos afectadas por la violencia. Tratamos de encontrarlos, consolarlos y ofrecerles una palabra de esperanza”. “Con los católicos, celebramos los sacramentos. Los animamos a vivir en un espíritu de fraternidad, cooperación y ayuda mutua, para poder superar este tiempo de precariedad. La gente está cansada y traumatizada por un conflicto que continúa desde hace cinco años. En este contexto de prueba y sufrimiento, vivimos nuestro peregrinaje de esperanza”, ha afirmado.

Sacerdotes, religiosos y catequistas permanecen cerca de la población, ha explicado, predicando la paz y la reconciliación para evitar que el odio se imponga. “Confiamos en Dios y rezamos para que llegue un tiempo de luz para nuestro futuro”.

El prelado ha detallado además la grave situación humanitaria en la diócesis, que ha recibido al menos a 40.000 nuevos desplazados, procedentes de distintas religiones, que buscan zonas seguras, especialmente en la parte occidental del territorio diocesano.

El acceso al agua se ha convertido en un factor determinante en los desplazamientos. “La gente busca lugares donde haya agua, porque en nuestra zona escasea”, ha indicado. En los primeros años del conflicto, las comunidades locales compartieron tierras y recursos con generosidad, pero tras cinco años de guerra la situación se ha deteriorado: “Ahora los habitantes deben sostener a sus propias familias y ya no tienen recursos para compartir. La situación humanitaria ha empeorado”.

Actualmente, miles de desplazados viven en más de 30 campos en la región, mientras otros sobreviven en asentamientos improvisados donde encuentran un espacio mínimo para resistir.

La vida eclesial también ha quedado profundamente afectada. “He tenido que dejar el centro pastoral de Pekhon y trasladarme a una parroquia en un pueblo, dedicada a la Beata Virgen María. Hemos tenido que cerrar unas siete parroquias de las 16 existentes”, ha señalado el obispo. “De los aproximadamente 60.000 católicos de la diócesis, muchos han abandonado sus comunidades y se han trasladado a zonas rurales junto a sus familiares”.

También se han registrado destrucciones de iglesias y conventos, especialmente en la zona central de la diócesis, donde antes se concentraba la mayor población católica y las principales infraestructuras.
Los sacerdotes diocesanos, ha añadido, viven junto a los desplazados en los campos, compartiendo su vida cotidiana. “La gente confía en ellos y se siente protegida”.

Religiosos, religiosas y catequistas continúan sosteniendo la vida comunitaria, asegurando en la medida de lo posible la celebración de la misa dominical, la educación de los niños y el acompañamiento a las familias desplazadas. “Para nosotros, sacerdotes y religiosas, es fundamental acompañar a las personas traumatizadas. Esa es nuestra principal preocupación: mostrarles que el Señor sigue amándolos”, ha afirmado Ba Htoo.
Con cierta amargura, el obispo ha concluido: “La situación es crítica. La violencia nos ha atormentado durante cinco años. La gente está exhausta, pero reza con lágrimas en los ojos, con palabras profundas y sinceras. Rezan el rosario, acuden a las iglesias o a capillas improvisadas y participan en la adoración eucarística. Esto no es algo menor: significa que conservan la fe en Dios y no pierden la esperanza en un futuro mejor”.

Pekhon, en el sur del estado Shan, forma parte del frente sudoriental de la guerra civil, donde se ha venido registrando una violencia episódica pero persistente. Se trata de un territorio de gran importancia estratégica por sus vías de comunicación, en el que se enfrentan las fuerzas de la junta militar y las Fuerzas de Defensa Popular locales.

En un escenario complejo y fragmentado, también han estado presentes milicias étnicas afines al gobierno, como la Pa-O National Organisation. La zona sigue estando disputada y es altamente inestable, con enfrentamientos entre el ejército -que mantiene el control de algunas bases y de las principales carreteras- y los grupos de la resistencia, concentrados en las áreas rurales y en las colinas circundantes.
(PA) (Agencia Fides 5/6/2026)


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