Asamblea de las OMP: el arzobispo Nwachukwu invita a anunciar al mundo la Resurrección de Cristo siguiendo el ejemplo de los mártires

jueves, 4 junio 2026 obras misionales pontificias   dicasterio para la evangelización   misión   mártires  

Roma (Agencia Fides) – La red mundial de las Obras Misionales Pontificias (OMP) constituye hoy una realidad dinámica y extendida, animada por un objetivo sencillo pero esencial: «ayudar a llevar el mensaje de Jesús» allí donde las comunidades eclesiales están naciendo y creciendo. Una misión que solo puede vivirse plenamente si está arraigada «en la fe en la Resurrección de Cristo».

Al concluir la Asamblea General de las OMP 2026, el arzobispo Fortunatus Nwachukwu, secretario del Dicasterio para la Evangelización, ha señalado el misterio de la redención y de la salvación ofrecida por Cristo como el horizonte indispensable de toda auténtica acción apostólica y misionera. Lo ha hecho durante la homilía de la concelebración eucarística que presidió el 3 de junio en la iglesia del Colegio San Lorenzo da Brindisi, al término de una intensa semana de trabajo compartida por más de un centenar de directores y directoras nacionales de las OMP llegados a Roma desde los cinco continentes.

«Si no creemos en la Resurrección», ha advertido el prelado nigeriano, en una reflexión que ilumina también las numerosas iniciativas y proyectos sostenidos por las Obras Misionales Pontificias en distintos países, «nuestra atención terminará centrándose únicamente en las realidades materiales de este mundo».

El arzobispo ha recordado que el servicio que las OMP prestan a las comunidades eclesiales se mantiene «hasta que las Iglesias locales alcanzan la suficiente solidez y autosuficiencia». Sin embargo, ha precisado que la meta no consiste simplemente en acompañarlas hasta que puedan sostenerse por sí mismas. «El papa León XIV insiste mucho en este aspecto: no se trata de ayudar a esas Iglesias hasta que sean autosuficientes y después abandonarlas a su suerte, sino de ayudarlas a crecer para que, una vez fortalecidas, todos podamos seguir sosteniéndonos mutuamente».

Esa experiencia de comunión, ha explicado, trasciende las fronteras del tiempo y abraza también a quienes entregaron su vida al anuncio del Evangelio en generaciones pasadas. Entre ellos figuran san Carlos Lwanga y sus compañeros mártires de Uganda, cuya memoria litúrgica la Iglesia celebra precisamente el 3 de junio.

«Recuerdo de manera especial a todos esos mártires y a tantos otros que hicieron posible que el Evangelio llegara a nuevos pueblos y naciones», ha afirmado Nwachukwu. «Jóvenes misioneros que dejaron atrás una vida cómoda y partieron hacia lo desconocido, muchas veces pagando un precio muy alto y entregando incluso su propia vida».

En épocas en las que los medios de transporte y comunicación eran extremadamente limitados, emprender una misión suponía con frecuencia una despedida definitiva. «Muchos de ellos nunca regresaron. Podemos imaginar cuántas lágrimas se derramaron entonces», ha señalado. Por ello ha evocado las palabras del Salmo 126: «Al ir, iba llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas». Y ha añadido: «Partieron entre lágrimas llevando la semilla; la sembraron, esa semilla dio fruto, y ahora ha llegado el momento de la segunda parte del salmo: regresan con alegría, llevando consigo la cosecha».
(GV) (Agencia Fides 4/6/2026).


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