ASIA/INDONESIA - Violencia en Papúa: alcanzada una iglesia católica; más de 100.000 civiles desplazados internos

jueves, 21 mayo 2026

JPIC

Timika (Agencia Fides) – “El reciente bombardeo con drones contra una iglesia católica en Intan Jaya ha provocado víctimas civiles y un profundo trauma en la comunidad local. Como frailes menores de la Comisión ‘Justicia y Paz’ expresamos grave preocupación por la creciente violencia que apunta a lugares de culto y a residentes desarmados. Reiteramos que la protección de la vida humana, la dignidad de las comunidades indígenas y la sacralidad de los espacios religiosos deben ser garantizadas sin excepciones; y pedimos una investigación independiente, así como garantías inmediatas de seguridad y acceso humanitario para todas las familias afectadas”, afirma a la Agencia Fides el P. Alexandro Rangga OFM, director de la Comisión “Justicia y Paz” de los Franciscanos en Papúa indonesia.

El 17 de mayo, después de la misa dominical, un artefacto explotó en el patio de la iglesia católica de San Pablo, en el pueblo de Mbamogo, regencia de Intan Jaya, en la provincia de Papúa Central. La explosión hirió a cuatro civiles (todos indígenas papúes católicos). Muchos fieles se encontraban en el patio de la iglesia en el momento del estallido. Según varios testimonios locales, el artefacto habría sido lanzado desde un dron. El incidente provocó la huida de cientos de civiles hacia los bosques y aumentó la tensión en la zona.

El ejército indonesio (TNI) ha negado cualquier implicación, calificando el hecho como una posible “provocación” para generar desorden y aumentar la tensión entre el ejército y la población. La policía de Papúa Central ha abierto una investigación para esclarecer los hechos y determinar responsabilidades.

El P. Yanuarius Yance Yogi, párroco local, ha coordinado la evacuación de los heridos y ha expresado preocupación por la seguridad de los fieles, mientras que por su parte, Tino Mote, presidente de la Juventud católica de Papúa Central, ha pedido una investigación transparente e instado al presidente indonesio Prabowo Subianto a intervenir con “políticas serias de paz”.

Los fieles de la comunidad católica local, en la diócesis de Timika, se encuentran profundamente conmocionados. La región ya está marcada por décadas de conflicto entre las fuerzas de seguridad indonesias y los grupos separatistas papúes. El responsable de la Comisión “Justicia y Paz”, el P. Alexandro Rangga, expresa su preocupación por la violencia: “Tiroteos, operaciones de seguridad que afectan a civiles, muertes de niños, mujeres, estudiantes e indígenas, recientes explosiones cerca de lugares de culto no solo han provocado una ola de desplazados, sino también heridas profundas y dolor. Esta situación demuestra que Papúa sigue atrapada en un ciclo de sufrimiento que aún no ha encontrado un camino hacia la verdadera paz”.

El franciscano añade: “El conflicto en curso ha privado al pueblo papú de su sentido de seguridad, de su futuro y de su derecho a la vida. Los niños y las mujeres papúes son el rostro de la humanidad; son una imagen herida de Dios mismo, que deberían vivir y crecer en un entorno pacífico, recibir educación adecuada y vivir sin la sombra de la violencia ni el ruido de las armas”.

Los franciscanos rechazan la militarización de los espacios civiles: “La presencia excesiva de fuerzas armadas en zonas civiles –señala- ha generado hasta ahora trauma, miedo, desplazamiento y nuevas vulnerabilidades para las comunidades. Pedimos una investigación independiente de todos los incidentes con víctimas civiles, con pleno respeto de los principios de justicia y garantizando la responsabilidad moral y material de los responsables. Como afirma la encíclica Pacem in Terris, la verdadera paz se basa solo en la verdad, la justicia, el amor y la libertad. Sin justicia, la paz se convierte en un silencio impuesto”.

Y concluye: “Invitamos a todo el pueblo de Dios a intensificar las oraciones por la paz en Papúa; a crear espacios de solidaridad para las víctimas; y a convertirse en constructores de paz dentro de la comunidad. Creemos que Papúa no es una tierra maldita, sino una tierra de vida. Papúa no debe ser un lugar de guerra sin fin. Papúa es nuestra casa común”.

Actualmente, en Papúa indonesia (también llamada Papúa Occidental o Papúa Central) persiste un conflicto de baja-media intensidad, concentrado sobre todo en las tierras altas de la región. Las operaciones militares indonesias han aumentado en los últimos años, provocando desplazamientos masivos de población: más de 105.000 desplazados internos solo desde inicios de 2026, principalmente indígenas papúes que huyen a los bosques. Las poblaciones locales acusan al ejército de matar civiles, incendiar aldeas, atacar iglesias y escuelas y violar gravemente los derechos humanos, mientras que los militares lo niegan, afirmando que combaten únicamente a grupos separatistas armados.

Existe además la presencia activa del movimiento Organisasi Papua Merdeka (OPM), cuyos miembros realizan ataques o emboscadas contra fuerzas de seguridad, infraestructuras y, en ocasiones, contra mineros considerados “invasores”. Las principales reivindicaciones incluyen la independencia o mayor autonomía dentro del reconocimiento de la identidad melanesia distinta de la indonesia. Indonesia, por su parte, considera Papúa parte indivisible de su territorio nacional y califica el movimiento como amenaza separatista y terrorista.

Un factor clave es el control de recursos naturales (cobre, oro, madera, gas), explotados por grandes multinacionales con concesiones del gobierno central y con escasa repercusión en el desarrollo local.

Otro elemento de tensión es la política de “transmigrasi”, promovida durante décadas por el gobierno central, que ha desplazado población desde Java y otras islas, convirtiendo a los papúes indígenas en minoría en algunas zonas y aumentando los conflictos por tierra y recursos.

En este contexto, se denuncian también casos de tortura, abusos de derechos humanos, desapariciones e impunidad. La Iglesia católica y las iglesias protestantes desempeñan un papel importante en la defensa de la dignidad humana y en la promoción del diálogo y la paz.

La parte occidental de la isla de Nueva Guinea fue colonia neerlandesa hasta 1962 y pasó a formar parte de Indonesia en 1969 mediante un referéndum limitado a unos 1.000 representantes seleccionados, sin votación popular. Desde entonces, los movimientos independentistas han continuado con sus reivindicaciones políticas.
(PA) (Agencia Fides 21/5/2026)


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