En la Urbaniana, foco en la actualidad de la “teología contextual” al servicio de la misión

miércoles, 13 mayo 2026

Roma (Agencia Fides) - En su ponencia en la Pontificia Universidad Urbaniana el 12 de mayo, el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, ha elegido un terreno sensible para hablar de teología contextual: la doctrina de la guerra justa. «Consideremos, por ejemplo, la doctrina de la guerra justa. Es verdad que esta doctrina contiene elementos aún actuales. El problema es que hoy hay grupos católicos insertados en la política que, movidos por sacerdotes, utilizan esta doctrina para justificar todas las guerras como formas de “legítima defensa”. A partir de una supuesta necesidad urgente de defensa, relativizan o interpretan de manera muy amplia los requisitos para una guerra justa. Esto muestra la necesidad de adaptar esta doctrina al contexto actual, de repensarla y de hacerla mucho más precisa y realmente significativa», ha declarado.

La teología contextual como lugar de discernimiento

Desde el inicio el tono es claro: la teología contextual puede ayudar a repensar las categorías clásicas para evitar su uso instrumental. La teología contextual aparece así como un lugar de discernimiento sobre la doctrina, más que como un foco de relativismo. Es sobre todo a partir de este caso extremadamente elocuente que la jornada de estudio, titulada «Piedras miliares de la teología contextual hoy», después del saludo del rector, Profesor Vincenzo Buonomo, ha explorado la importancia de esta «teología fundamentalmente contextual», a la cual el papa Francisco ha invitado en particular en el motu proprio ‘Ad theologiam promovendam’, definido por el profesor Steve Bevans, otro prestigioso invitado del congreso, como un «verdadero giro magisterial».

Para ilustrar su pensamiento, el cardenal ha evocado también su propia experiencia personal, retomando un episodio significativo. En un artículo de 2007 había defendido al sacerdote jesuita salvadoreño Jon Sobrino, figura de la teología de la liberación, objeto de una Notificación de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En ese texto se condenaba una expresión de Sobrino según la cual, en la reflexión latinoamericana, los pobres constituyen un lugar teológico que marca la reflexión desde el inicio. La Notificación se oponía a tal planteamiento, afirmando que «el lugar teológico fundamental puede ser solo la fe de la Iglesia», pero sobre todo concluía diciendo que «otros puntos de partida del trabajo teológico corren el riesgo de la arbitrariedad y terminan desvirtuando sus contenidos».

A este respecto el cardenal ha recordado: «Por ese motivo, en aquel artículo sostuve que la fe de la Iglesia es ciertamente el punto de partida fundamental, el principal lugar teológico, pero que esto no excluye otros puntos de partida complementarios, no alternativos, que ponen en cuestión toda reflexión “desde el inicio”. Y en ese sentido propuse hablar de un “contexto inmediato ineludible”, íntimamente ligado al punto de partida fundamental que es la Revelación».

En el momento de su nombramiento como rector de la Universidad Católica Pontificia de Argentina en 2010, ese artículo suscitó reservas en Roma y retrasó la concesión del ‘nihil obstat’. Tras un intercambio con el Dicasterio, en 2011 publicó un segundo texto en el que reafirmaba sus convicciones, pero aclaraba algunos pasajes, añadiendo, entre otras cosas, que «es precisamente la fe de la Iglesia la que ofrece los fundamentos más sólidos y profundos para mirar a los pobres como Dios los mira y preocuparse por su situación», y que «nadie percibe mejor el mal de los ataques a la dignidad de los marginados que quien se deja iluminar por la fe de la Iglesia». Sin embargo, seguía sosteniendo que el simple hecho de aceptar la tradición de la Iglesia puede dejarnos indiferentes ante la historia en la que Dios nos ha insertado, si al mismo tiempo no tenemos los ojos abiertos a lo que sucede a nuestro alrededor: «Por eso he retomado la expresión “contexto inmediato ineludible”, explicando que este contexto es ineludible porque “cuando un teólogo reflexiona, no puede ignorar completamente o poner entre paréntesis la dolorosa situación que la mayor parte del Pueblo de Dios soporta en el lugar donde vive”, y que el contexto “invita a quien recibe la Revelación a descubrir otros aspectos de su inagotable riqueza”».

El cardenal ha concluido su intervención recordando que «el diálogo de la teología con el contexto y todo esfuerzo de inculturación debe partir del corazón del Evangelio, el kerygma, y no de verdades periféricas. Esta primera proclamación no se encuentra solo al inicio, cuando el Evangelio se lleva a una persona por primera vez. Es transversal, debe atravesar toda la catequesis y toda la teología, en todos sus temas, como hilo conductor central y constante (cf. EG 164-165). Es el anuncio que despierta la experiencia del encuentro con Cristo vivo. De ahí brota todo proceso de encuentro del Evangelio con el contexto de un determinado lugar».

La contextualidad en el tiempo

Tras la intervención del cardenal Fernández, el profesor Stephen Bevans, reconocido misionólogo, ha recordado que «el 1 de noviembre de 2023 marcó una etapa fundamental» con la carta apostólica Ad Theologiam Promovendam, en la cual Francisco invita a un «cambio de paradigma» para que la teología sea «fundamentalmente contextual»; pero muestra cómo esta orientación está enraizada en la larga historia de la teología. Desde las diversas voces bíblicas hasta las grandes síntesis de Agustín y Tomás de Aquino, la fe siempre ha sido pensada a partir de situaciones históricas concretas.

La afirmación de Nicea, según la cual el Verbo encarnado es «de la misma sustancia del Padre», ilustra este dinamismo: la doctrina ha sabido «incluir las expresiones y las formas de pensamiento de la filosofía contemporánea» sin traicionar la fe. Más cercana en el tiempo, la ‘Rerum novarum’ de León XIII se muestra, para Bevans, como una teología contextual forjada ante los males de la revolución industrial.

El profesor y padre Ambroise Atakpa, por su parte, ha puesto en estrecha relación teología contextual y pluralismo cultural. «La teología contextual y el pluralismo cultural son las dos caras de una misma moneda», afirma: la primera es «la consecuencia» del segundo. Además, ha recordado la Instrucción de 1659 dirigida a los misioneros en China e Indochina, que advertía: «No hay nada más absurdo que querer llevar a China Francia, España, Italia o alguna otra parte de Europa. No es todo esto lo que debéis llevar, sino la fe, una fe que no rechaza ni ofende el estilo de vida y las costumbres de ningún pueblo», cuando no se oponen al Evangelio.

En la línea del Vaticano II, ha destacado el texto de la Comisión Teológica Internacional ‘La unidad de la fe y el pluralismo teológico’ (1972). Una tesis afirma que «la unidad y la pluralidad en la expresión de la fe encuentran su fundamento último en el misterio mismo de Cristo», que «supera las posibilidades expresivas de cualquier época de la historia»; otra sostiene que, «debido al carácter universal y misionero de la fe cristiana, los acontecimientos y las palabras reveladas por Dios deben ser cada vez repensados, reformulados y nuevamente vividos dentro de cada cultura humana», mientras el Evangelio conduce a cada cultura «a su plenitud» y al mismo tiempo la somete a una «crítica creativa».

Cinco continentes en diálogo

La segunda parte de la jornada ha encarnado estas perspectivas en contextos concretos, gracias a las intervenciones de teólogos de institutos afiliados a la Universidad Pontificia Urbaniana en Oceanía, América Latina, Europa, Asia y África.

En Oceanía, la teología nace literalmente del aumento del nivel del mar. Ante la amenaza que se cierne sobre islas como Kiribati o Tuvalu, «muchos viven con el miedo de perder su fonua (tierra), tan profundamente ligada a su identidad y a su sentido de pertenencia», ha explicado el padre Toutaiolepo, que había realizado veinte horas de vuelo para estar presente en el congreso. En este contexto, ha subrayado, «la teología se convierte en la voz profética que denuncia la injusticia y promueve el cuidado del medio ambiente», en el espíritu de Gaudium et spes y de Laudato si’.

En América Latina, Juan Antonio Prado ha recordado que la teología de la liberación nació del cruce entre pobreza y políticas neoliberales. Ignacio Ellacuría hablaba de los «pobres de la tierra» como el lugar en el que se decide la verdad del Evangelio; Gustavo Gutiérrez insistía en que «no será posible progresar en la teología de la liberación si los pobres no dan ellos mismos razón de su esperanza, a partir de su mundo y con sus propios términos». En esta perspectiva, los pobres no son solo objeto, sino sujeto de la reflexión teológica.

Europa, en cambio, afronta otro tipo de crisis, ha observado el profesor Giuseppe Busani. El jesuita Christoph Theobald describe un «vacío espiritual» en un contexto en el que también se manifiesta, según el profesor, «una intensa búsqueda de espiritualidad», aunque «incierta y desorientada». Se trata de «un sentir sin palabras, un presentir sin conceptos»: Dios no es negado, pero es «considerado indiferente». Releyendo a Elmar Salmann, Busani subraya que hemos pasado de una época en la que «prevalecía el espíritu sobre el cuerpo, la unidad sobre la multiplicidad» a un mundo en el que la multiplicidad, el cuerpo, la historicidad y el sentimiento toman el protagonismo, sin que aún se sepa «qué hacer con ello en el plano teológico». De ahí la idea de presentar el cristianismo ya no como «una verdad ideológica», sino como un «motivo que invita», siendo los misterios de la fe «espacios y pasajes» más que bloques impuestos.

En Asia, mons. Peter Paul Saldanha ha recordado que, en la línea de la Federación de las Conferencias Episcopales de Asia, la misión se concibe como un «triple diálogo» con los pobres, las culturas y las religiones. Ha evocado el método anubhava–vichāra–ācāra (experiencia–reflexión–acción) y citado a Michael Amaladoss: «Oriente da prioridad a la experiencia. La praxis es más importante que la teoría; la praxis alimenta la teoría y a veces la cuestiona». Ha mostrado cómo las teologías asiáticas buscan un lenguaje inclusivo, en el que «la realidad es dialógica, holística y armoniosa», y en el que se prefiere hablar del Absoluto como de «un absoluto-en-lo-relativo».

En África, finalmente, el padre Michel Wenceslas Tiendrebéogo ha recorrido el camino de una «teología en contexto subsahariano»: del «ajuste» a la «encarnación», después a la liberación y a la reconstrucción. Los teólogos africanos han buscado en sus propias culturas imágenes capaces de expresar a Cristo -«Antepasado», «Hermano mayor», «Maestro de iniciación», «Sanador», «Jefe»- y la opción por la «Iglesia-Familia de Dios», alentada por Juan Pablo II, es a sus ojos «el fruto efectivo del diálogo de la teología africana con su contexto».

Una catolicidad teológica

En conclusión, la jornada en la Urbaniana ha delineado una catolicidad teológica en la cual las teologías locales entran en un diálogo crítico y fecundo entre sí. En su prolusión, el cardenal Fernández ha advertido contra un «bloqueo» del pensamiento en torno a la «teología romana clásica» y a la teología del «norte de Europa»: «A veces hace falta un loco, locamente enamorado de su propia tierra y de su propio pueblo, capaz de distinguir el Evangelio de algunas capas culturales que se han sedimentado en él sin constituir una parte esencial de su mensaje, y por tanto de releerlo a la luz de lo que vive su pueblo. Se trata entonces de provocar lo que podríamos llamar no solo un “evento espiritual”, sino también un “evento cultural y lingüístico” que permita al pueblo sentirse plenamente expresado en la propuesta del Evangelio», ha afirmado.

Steve Bevans ha recordado a su vez que, si las teologías contextuales constituyen un imperativo, son solo una etapa de un proceso cuya próxima fase podría ser una «nueva catolicidad» teológica, en la que las teologías locales entren en un diálogo crítico y fecundo unas con otras para enriquecerse mutuamente. «La teología solo puede florecer si está en contacto con los pueblos de todo el mundo, con toda la Iglesia, afirma. Creo que cuanto más abiertos estemos a los demás, más florecerán nuestras teologías contextuales en su especificidad. Las teologías nunca deberían aislarse unas de otras. Las teologías siempre pueden aprender unas de otras».

Este largo recorrido a través de la teología contextual es fundamental porque muestra hasta qué punto la reflexión sobre la misión y la inculturación no puede contentarse con meras declaraciones de principio y eslóganes. El paso a través de la inteligencia de las situaciones y de los contextos, lejos de abrir al relativismo o a la sacralización de las culturas, permite al contrario un enfoque más fino de la complejidad de lo real y de la inteligencia de la fe… al servicio de la misión.
(M.L.) (Agencia Fides 13/5/2026)


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