por Pascale Rizk
São Paulo (Agencia Fides) - “Si nos preguntamos adónde debe ir el pastor de la diáspora, respondería que debe ir allí donde se encuentran las personas que viven en un lugar ambiguo, no definido, ni de un lado ni del otro, es decir, en la frontera”. Así describe el padre Giuseppe Kang la naturaleza de su misión en Brasil, al servicio de la pequeña comunidad coreana en Campinas, en el estado de São Paulo, a unos 100 km al noroeste de la capital.
“Según la división del mundo, es posible distinguir claramente Corea y Brasil en términos geográficos, culturales y de nacionalidad, pero la vida de los inmigrantes no está sujeta a estos límites”, añade el misionero, originario de la parroquia de Jeonmin-Dong, en la diócesis de Daejeon. Inspirándose en las acciones de Jesús narradas en el Evangelio de Lucas, el padre Kang relata su experiencia junto a esta pequeña comunidad coreana, tras haber servido durante cuatro años en la ciudad de São Paulo. Mientras que en la capital la comunidad reúne entre 700 y 800 personas en la misa dominical en la parroquia de san Andrés Kim Taegon, en Campinas la presencia no supera las 40 personas en la capilla de las hermanas de Santa Catalina de Siena.
El primer sacerdote fue invitado en 2013 a celebrar los sacramentos para esta comunidad, compuesta en parte por expatriados y en parte por empleados de empresas locales: “Al igual que Jesús, que fue precisamente a los lugares de frontera para estar con quienes no podían entrar en ninguna parte”.
“Aunque los sacerdotes provenientes de Corea tienden a reproducir las prácticas pastorales de su país, la pastoral para emigrantes no es una simple extensión de la pastoral en Corea”, explica el padre Kang. “Las personas que viven aquí afrontan las dificultades típicas de los inmigrantes y experimentan la coexistencia de la cultura coreana y la brasileña en su vida cotidiana”. A pesar de su tamaño reducido, la comunidad “es un hermoso modelo para la comunidad coreana local, donde muchos se sienten atraídos a creer en Jesús”, concluye el padre.
En la parroquia de san Andrés Kim Taegon en São Paulo, donde se concentra la mayor parte de la comunidad católica coreana, diversos grupos y asociaciones animan la vida pastoral de generaciones de inmigrantes llegados desde la década de 1960. La parroquia en mayo celebra su aniversario de fundación y en septiembre el “Festival Kim Taegon”, en memoria de los mártires coreanos, iniciativas que favorecen la integración en la sociedad brasileña y difunden el interés por la cultura coreana.
“El enfoque lingüístico es fundamental”, señala el padre Agostino Kang Chulmin, que llegó hace aproximadamente un año. “Dada la larga historia de la inmigración, es difícil mantener el uso del coreano: para los jóvenes, los adultos jóvenes y las familias con hijos pequeños, el uso del portugués es inevitable”.
Uno de los principales desafíos es superar la división pastoral causada por las diferencias lingüísticas entre jóvenes y mayores, visible también en la liturgia y que requiere discernimiento en las actividades pastorales. El padre Chulmin expresa además su deseo de ayudar a los jóvenes a mantener su identidad coreana y no olvidar sus raíces, fomentando el aprendizaje de la lengua.
“También es necesario que los sacerdotes llegados de Corea -cuya lengua tiene muy poco en común con el portugués- comprendan la lengua de la cultura de acogida”, añade Kang, quien junto a su vicario, Uldaricus Lee Sangdeok, organiza encuentros de formación bíblica y preparación a los sacramentos.
Al encontrarse en un contexto brasileño, la parroquia dispone de instalaciones para jugar al fútbol y cada año participa en un torneo junto a una iglesia protestante coreana cercana. Además, desde hace dos años impulsa una experiencia misionera para jóvenes interesados en la vocación, denominada “Semente de Deus” (Semilla de Dios).
La primera misa de la comunidad coreana en Brasil se celebró el 9 de mayo de 1965. La aprobación como “Igreja Pessoal Coreana” data del 25 de julio de 1972, mientras que el actual templo, situado en el barrio de Bom Retiro, fue consagrado el 9 de mayo de 2004.
La Santa Sede y Brasil celebran este año el bicentenario de sus relaciones diplomáticas. Brasil es el país con mayor número de católicos en el mundo. Ha sido visitado en varias ocasiones por Juan Pablo II y por Papa Francisco, quien realizó allí su primer viaje apostólico en 2013 con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, evento que Corea acogerá en 2027.
(Agencia Fides 19/3/2026)