Bangui (Agencia Fides) – La situación humanitaria en la zona de Zémio, en la República Centroafricana, ha alcanzado niveles alarmantes. Según Mons. Aurelio Gazzera, obispo coadjutor de Bangassou (en el sureste del país), el número total de desplazados ha llegado ya a las 30.000 personas. De ellas, más de 2.000 viven en condiciones de extrema pobreza, repartidas entre la misión católica local y la ciudad de Zapaye, en la República Democrática del Congo. Estas personas carecen de alimentos y de bienes de primera necesidad, y los niños no tienen acceso a la educación
Entre la población que huyó el pasado mes de noviembre se encuentran 72 alumnos del instituto de Zémio, aunque hasta el año pasado el número total de estudiantes ascendía a 992.
La zona afectada por la violencia es una región muy aislada del resto del país y prácticamente carente de infraestructuras. «Por ejemplo, la carretera que une Bangassou con Zémio tiene unos 300 kilómetros, pero se necesitan al menos 16 o 17 horas para recorrerla», explica Mons. Gazzera.
«El área de Zémio, al igual que las de Mbomou, Haut-Mbomou y Boki, lleva más de 15 años sufriendo la violencia provocada por grupos armados como el LRA (Lord’s Resistance Army, un grupo de origen ugandés que se había establecido en la zona), la Séleka (denominación de varias milicias surgidas durante la guerra civil de 2012), el UPC (Unité pour la Paix en Centrafrique, grupo nacido en 2014 tras una escisión de la Séleka) y ahora los milicianos del Azandé Ani Kpi Gbé (AAKG), que nacieron como un movimiento de protección de la población, pero que al final han creado más problemas de los que pretendían resolver», señala el obispo coadjutor de Bangassou.
En cuanto a la ayuda humanitaria, Mons. Gazzera afirma que «en colaboración con nuestros socios, como Cáritas, estamos intentando preparar el envío de alimentos y bienes de primera necesidad, pero el verdadero problema es conseguir que la ayuda llegue». «Ya es complicado hacerla llegar hasta Bangassou», subraya el obispo. «Desde Bangassou hasta Zémio, el estado de las carreteras y la inseguridad de la zona plantean enormes dificultades para el transporte, también porque existen temores fundados de que la situación pueda deteriorarse aún más». «Ya se han dado casos de trabajadores de ONG que transitaban por esa carretera y han sido atacados», recuerda.
Ni siquiera las pocas estructuras sanitarias de la región se han librado de la violencia. «El hospital de Mbomou fue atacado por los milicianos, que buscaban a soldados heridos que creían que estaban siendo atendidos allí», relata Mons. Gazzera.
Para resolver el conflicto, concluye el obispo coadjutor de Bangassou, es necesario ir más allá de una respuesta puramente militar y afrontar las causas profundas del malestar que vive la población local.
(L.M.) (Agencia Fides 13/1/2026)