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Kampala (Agencia Fides) – Uganda se prepara para celebrar el próximo 15 de enero las elecciones presidenciales. Como ocurre en otros países del continente, la cita electoral ugandesa está marcada por el enfrentamiento entre un presidente que gobierna el país desde hace décadas -Yoweri Museveni, en el poder desde 1986- y un opositor político, Robert Kyagulanyi, exrapero conocido también como Bobi Wine, que se presenta por segunda vez tras su candidatura de 2021 y que desde hace tiempo denuncia el endurecimiento autoritario del gobierno.
Los temas al centro del debate político son numerosos. El presidente Museveni ha situado el desarrollo económico como eje de su acción política. Su expresión más reciente es el inicio de la explotación de las reservas petroleras del país, gracias a la participación de la empresa francesa TotalEnergies y de la china CNOOC. La población, sin embargo, muestra una preocupación prioritaria por el desempleo juvenil, en un país donde la mayoría de los habitantes, 33 millones de los 46 millones totales, tiene menos de 30 años.
La retórica del desarrollo económico y la promesa de sus beneficios constituyen el principal argumento con el que el presidente en ejercicio aspira a mantenerse en el poder. Ya en 2014, en una entrevista con el centro de estudios Chatham House, Museveni afirmaba que Uganda estaba “despegando” económicamente, y al año siguiente justificó su intención de seguir gobernando comparando el país con una plantación que, tras la cosecha, comenzaba a dar sus primeros frutos
Al centro de la estrategia petrolera que por ahora parece ser el principal instrumento en el que apuesta el gobierno- se encuentran la construcción de una refinería y la finalización del oleoducto East African Crude Oil Pipeline (Eacop). Esta infraestructura conectará Uganda con Tanzania y, según ambos países, debería entrar en funcionamiento antes de finales de 2026. No obstante, conviene recordar que el desarrollo del país también se ha visto favorecido en estos años por el apoyo de socios e instituciones internacionales como China, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Estados Unidos y el Banco Mundial, que en 2025 concedió un préstamo de dos mil millones de dólares tras mantenerlo congelado durante dos años. La relación con Estados Unidos merece una atención especial: el gobierno de Museveni ha aceptado acoger a solicitantes de asilo procedentes de terceros países que llegan desde EE. UU., y a cambio el gobierno estadounidense ha destinado 1.700 millones de dólares en ayudas sanitarias.
Frente a la narrativa del desarrollo impulsada por el presidente, la oposición se muestra escéptica sobre los beneficios reales para el país. En las últimas semanas, Kyagulanyi ha declarado que, de resultar elegido, revisará los acuerdos relativos a la explotación de las reservas nacionales para verificar que realmente favorezcan a Uganda.
La cuestión clave sigue siendo la posibilidad real de que el líder opositor pueda ganar las elecciones, a la luz de las medidas adoptadas por el gobierno contra la oposición. Ya en 2021 se produjeron alrededor de tres mil detenciones entre los simpatizantes de Kyagulanyi y las protestas dejaron un saldo de 54 muertos. En las últimas semanas, el partido del exrapero, el National Unity Platform (NUP), ha denunciado la detención de unos 400 de sus seguidores. La situación de represión contra la oposición también ha sido señalada por las Naciones Unidas.
Además de la represión durante las manifestaciones electorales, se han registrado arrestos de figuras destacadas de la oposición, como la abogada y activista Sarah Bareete, detenida en su domicilio el pasado 30 de diciembre bajo la acusación de haber divulgado datos electorales. Asimismo, las fuerzas opositoras temen que, como ocurrió en 2021, el gobierno decida restringir el acceso a internet durante las elecciones para impedir la difusión de imágenes que puedan documentar irregularidades o, simplemente, expresar apoyo al candidato opositor.
(CG) (Agencia Fides 13/1/2026)