“Dones que ofrecer y dones que recibir”: la “Iglesia de las Gavillas” celebra en Roma su primer congreso internacional

jueves, 22 octubre 2026 misión   dicasterio para la evangelización   teología   iglesias locales   sinodalidad  

Photo Fides

Por Marie-Lucile Kubacki

Roma (Agencia Fides) – «Vuestra presencia, expresión de Iglesias, culturas y contextos pastorales diferentes, manifiesta ya una verdad fundamental: que la misión de la Iglesia nos pertenece a todos, que ninguna Iglesia local puede llevarla a cabo por sí sola y que ninguna debe quedar excluida». Con estas palabras, el arzobispo Fortunatus Nwachukwu, secretario del Dicasterio para la Evangelización, ha inaugurado hoy 22 de octubre de 2026, en la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma, el primer congreso internacional de la «Iglesia de las Gavillas».

El encuentro, que se prolongará durante tres días, lleva por título «Una Iglesia para todos: sinodal en el método, misionera en el espíritu, creíble en el amor». Reúne a responsables eclesiales, investigadores y agentes pastorales de los cinco continentes. Es el primer acto público de un programa más amplio promovido por el Dicasterio para la Evangelización, en colaboración con la Facultad de Misionología de la Pontificia Universidad Urbaniana y el Center for World Catholicism and Intercultural Theology de la DePaul University. El programa, codirigido por el padre Stan Chu Ilo y el padre Jaeho Chung, se prolongará hasta Pentecostés de 2028. Incluye un curso en línea de catorce módulos, documentales, publicaciones, encuentros regionales y un pódcast.

El nombre de la iniciativa procede del Salmo 126, que habla de quienes siembran entre lágrimas y regresan a casa cantando de alegría, con sus gavillas. El arzobispo Nwachukwu ha recordado a los innumerables misioneros que dejaron su tierra, «a menudo siendo muy jóvenes». «Atravesaron océanos y culturas y partieron sin saber si regresarían», sembrando el Evangelio lejos de casa. Hoy, ha observado, los frutos de aquella siembra son visibles «especialmente en África, Asia, Oceanía, el Caribe y América Latina»: «comunidades vivas en la fe, nuevas vocaciones y dones capaces de enriquecer a todo el Cuerpo de Cristo».

La gratitud, sin embargo, «debe ir acompañada de una memoria veraz». La Iglesia no debe «idealizar la historia de la misión ni reducirla a sus fracasos». «En el pasado hemos tenido éxitos -grandes éxitos-, pero también fracasos... Tampoco hoy somos capaces de evitarlos, y sería un error reducir nuestra misión a sus fracasos». El arzobispo ha reconocido que hubo momentos «en los que no se respetaron debidamente las culturas locales, se produjeron abusos y la actividad misionera se entrelazó con el poder colonial». Estas heridas, ha afirmado, deben reconocerse con honestidad, y la Iglesia ha de «aprender de ellas con humildad». Al mismo tiempo, es necesario honrar a los misioneros que «se entregaron generosamente al Evangelio».

El intercambio de dones que renueva la Iglesia

El núcleo de su intervención ha sido la reciprocidad. «Hoy, las Iglesias locales que antes recibían misioneros también los envían» y se convierten en «Iglesias plenamente misioneras». Sin embargo, «no se trata simplemente de invertir los papeles, de modo que quienes ayer recibían sean hoy quienes dan. Es una invitación a superar un modelo de misión que avanza en una sola dirección. Cada Iglesia local tiene dones que ofrecer y dones que recibir». La Iglesia de las Gavillas, ha subrayado, no se refiere únicamente al desplazamiento de personas: busca «un auténtico intercambio de dones mediante el cual se renueva toda la Iglesia».

En la práctica, acoger a un misionero significa recibir a «un hermano o una hermana» y ayudarle a comprender la lengua, la historia y la realidad pastoral de la comunidad. «No llegan solo con necesidades, sino también con dones: los de su fe, su experiencia de Dios y los frutos de las Iglesias que los han formado. A su vez, los misioneros deben escuchar, aprender y servir con humildad». Las Iglesias que envían deben garantizar una sólida formación humana, espiritual, cultural y pastoral. Las que reciben han de ofrecer acompañamiento y verdaderas oportunidades de integración. Unas y otras «comparten la responsabilidad de una misión fecunda».

Esta visión responde a un mundo marcado por las migraciones, el pluralismo cultural, las desigualdades y las distancias. El Papa León XIV, ha recordado el arzobispo, «nos ha recordado que la Iglesia está llamada a construir puentes entre los pueblos y las culturas», ofreciendo hospitalidad, solidaridad y compasión, especialmente a los migrantes y a quienes viven en las periferias. En continuidad con la cultura del encuentro promovida por el Papa Francisco, «debemos escuchar antes de hablar y comprender antes de juzgar». Al recordar el libro del Génesis, ha insistido: «Todos nosotros somos imagen y semejanza de Dios».

La «Iglesia de las Gavillas», ha añadido, se sitúa «en el horizonte de la sinodalidad». El arzobispo ha recordado los tres términos señalados por el Papa Francisco: comunión, misión y participación. «La sinodalidad no exige uniformidad ni la eliminación de las diferencias». Después ha relacionado las raíces griegas de la palabra syn-odos, «juntos por el camino», con ex-odos. Caminar juntos, ha observado, significa ponerse en camino, y ha planteado una pregunta: «¿Cuál es nuestro éxodo? ¿De dónde venimos?».

“Correr juntos”, como los dos apóstoles hacia el sepulcro

Volviendo a lo que ha llamado «aquella carrera de la mañana de Pascua», ha recordado el pasaje evangélico en el que se dice que Pedro y Juan «corrían juntos». Uno de ellos corría más deprisa, pero «llegar primero no hizo que su camino fuera más importante que el de los demás». En su interpretación, María Magdalena fue la tercera en correr, «en silencio». Y, muy a menudo, ha señalado, quienes trabajan entre bastidores «son los primeros en encontrarse con Cristo y recibir el mensaje». «No se nos pide que seamos idénticos, sino que caminemos juntos».

El arzobispo ha expresado su deseo de que el congreso contribuya a formar agentes pastorales marcados por la humildad intercultural. También ha esperado que refuerce los vínculos entre las Iglesias que envían misioneros y las que los reciben, y que ayude a parroquias y diócesis a responder a las migraciones, la diversidad cultural y los «nuevos espacios digitales en los que las personas buscan sentido y comunidad». Ha recordado el pasaje de Efesios 2,19: «Ya no sois extranjeros, sino conciudadanos del pueblo de Dios y miembros de su familia». La pregunta, ha dicho, no es solo «¿Qué puede ofrecer una Iglesia a otra?», sino también: «¿Estamos dispuestos a acoger los dones de los demás con gratitud, humildad y confianza?».

El arzobispo ha concluido con una invocación a María, «la primera misionera después de Jesucristo», que llevó a Cristo a Isabel con prontitud y humildad. Por último, ha saludado a los participantes con un juego de palabras: «Bienvenidos a la Iglesia de las Gavillas y también, no lo olvidéis, a la Iglesia de las Semillas».
(Agencia Fides 22/10/2026)


Compartir: