EUROPA/IRLANDA - «Lives of Mission, Lives of Hope!»: cuatro religiosas irlandesas cuentan sus vidas y su labor en algunos de los lugares más difíciles del mundo

miércoles, 21 octubre 2026




Roma (Agencia Fides) – En algunas de las zonas más remotas y difíciles del mundo, escuelas, centros sanitarios y centros de rehabilitación siguen funcionando gracias al compromiso de religiosas irlandesas, a menudo en lugares de los que han tenido que retirarse otros organismos públicos y ONG. Así lo muestra el cortometraje ‘Lives of Mission, Lives of Hope!’, realizado por Colm Flynn por encargo de la Embajada de Irlanda ante la Santa Sede, con el apoyo del Departamento de Asuntos Exteriores y Comercio. En él, cuatro religiosas irlandesas repasan su vocación y sus experiencias misioneras en Irlanda y en otros países.

La hermana Colette Keane, OP, relata una vida dedicada a la misión, la enseñanza y la fundación de escuelas, marcada también por episodios de violencia. En Liberia, durante un viaje en coche con otra religiosa, fue agredida y golpeada por unos hombres que habían detenido el vehículo. El ataque le dejó graves secuelas en un ojo y un oído. «Nunca me desanimé –recuerda-, porque siempre pensaba: “Estoy haciendo lo que debo hacer”». De aquella experiencia conserva, sobre todo, los recuerdos positivos: «He encontrado lo que buscaba, y eso me basta».

La hermana Julie Buckley, SMR, cuenta una vocación que maduró tras años alejada de la práctica religiosa. En los años ochenta, durante una misa a la que había sido invitada, redescubrió el Evangelio e inició un camino que la llevaría a la vida consagrada. Su experiencia como matrona contribuyó a orientarla hacia el servicio a los demás. En Perú, en la zona de La Ensenada, una de las más pobres de Lima, su congregación lleva adelante Casa Betania, un proyecto dirigido a las familias. El programa apoya especialmente a las madres y ofrece actividades extraescolares a los jóvenes, algunos de los cuales han abandonado el sistema educativo. «Las mujeres están ganando seguridad y autoestima -cuenta- y descubren que tienen la capacidad y la resiliencia necesarias para cuidar de sus hijos». Para la hermana Julie, la misión sigue siendo «una aventura» en la que ha encontrado lo que buscaba, sintiéndose parte de la larga tradición misionera irlandesa.

La hermana Pat Murray, CJ, nacida en Dublín, cuenta que descubrió su vocación a los 12 años, inspirada por una religiosa de las Hermanas de Loreto. Tras formarse como docente, cursó estudios universitarios en una época de fuertes críticas a la Iglesia y al Estado. Ser una joven religiosa en aquellos años también significaba enfrentarse a las críticas y las burlas.
A lo largo de su trayectoria ha visitado numerosos países, entre ellos Sudán del Sur, donde, durante una primera misión, conoció a comunidades marcadas por la guerra. «Pasamos los días simplemente escuchando a la gente –recuerda-, y eso me enseñó lo importante que es escuchar». En una iglesia que visitó durante aquel viaje todavía eran visibles las marcas de los disparos contra el crucifijo.
Para la hermana Pat, el servicio internacional ha significado, sobre todo, descubrir la diversidad de la Iglesia y de las culturas en las que está presente. Una de las lecciones más importantes, subraya, es aprender a conocer y respetar las diferencias. «Ha sido y sigue siendo una auténtica aventura, hecha de amor y gracia». Cuando le preguntan a qué ha renunciado, responde: «¿Me habría gustado tener hijos? Sí. No los he tenido, pero espero tener miles».

El cortometraje muestra también el testimonio de la hermana Mary Barron, OLA, que recuerda la intensa atracción que sintió desde joven por África. Su primera experiencia en Nigeria, en Lagos, fue un choque debido al calor, la multitud y una realidad muy distinta de la del Donegal, su tierra natal. En un país todavía bajo régimen militar, puso su formación como logopeda al servicio de niños con dificultades de comunicación.
En 1995 partió hacia Tanzania, entonces considerado el segundo país más pobre del mundo en términos de desarrollo, para trabajar en una misión rural de la diócesis de Shinyanga, sin agua corriente ni electricidad. Allí se dedicó especialmente a las mujeres, creando grupos femeninos en los 35 pueblos de la diócesis y promoviendo sencillos programas de emancipación. «Lo fundamental era ayudar a las personas a comprender que tienen valor», recuerda. La experiencia también le permitió aprender mucho de las mujeres que conoció. «Para mí, formar parte de sus historias fue algo maravilloso; aprendí muchísimo de ellas. Aquella primera misión fue una etapa realmente especial de mi vida. Siempre se dice que la primera misión es aquella en la que dejas el corazón».
La hermana Mary recuerda también su primer encuentro con la diversidad en Belfast, durante sus estudios universitarios, en una época de fuertes tensiones en Irlanda del Norte. La experiencia africana le ofreció, en cambio, una perspectiva diferente. Hoy, explica, la misión continúa también en Europa, a través de proyectos dirigidos a los migrantes y de actividades en parroquias multiculturales, con el objetivo de favorecer la integración.

Para terminar, el cortometraje concluye con una mirada al futuro de la hermana Mary Teresa Barron, superiora general de las Hermanas Misioneras de Nuestra Señora de los Apóstoles. El Papa León XIV la ha nombrado secretaria adjunta del Dicasterio para la Evangelización, en la Sección para la Primera Evangelización y las Nuevas Iglesias Particulares, con el encargo de presidir las Obras Misionales Pontificias. Asumirá el nuevo cargo el 4 de enero de 2027.
(AP) (Agencia Fides 21/10/2026)


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