ASIA/KAZAJISTÁN - La música que abre los corazones a Dios: la misión a través de la belleza

martes, 20 octubre 2026

PMS Kazakhstan

Por Paolo Affatato

Astana (Agencia Fides) – Hay personas que entran en una iglesia por curiosidad, atraídas por el sonido de un órgano o por la voz de un coro. Se sientan, escuchan, contemplan los iconos y las pinturas y pasan una hora en un lugar que quizá nunca antes habían visitado. No siempre saben qué las ha llevado hasta allí. Sin embargo, observa el padre Gabriel Jocher, sacerdote austriaco de la Sociedad de Jesús y María (SJM) y director nacional de las Obras Misionales Pontificias (OMP) en Kazajistán, «precisamente en ese primer encuentro con la belleza puede comenzar un camino de fe».
«La idea que subyace es sencilla: Dios es la fuente de toda belleza. La belleza de la música es, en cierto sentido, un reflejo de la belleza de Dios. Nos señala el camino hacia el Creador», explica el misionero a la Agencia Fides, compartiendo un testimonio que se enmarca en el Mes Misionero y en la celebración del centenario de la Jornada Mundial de las Misiones. La misión, observa, «implica a todos los bautizados y se expresa también en la capacidad de encontrarse con los demás, hablarles al corazón y acompañarlos, con respeto, hacia el Evangelio».
En Kazajistán, donde los católicos son una minoría, el padre Jocher experimenta a menudo cómo la música puede convertirse en una forma concreta de evangelización: «Aquí me doy cuenta de que la música puede abrir el corazón de las personas. Naturalmente, la utilizamos sobre todo en nuestras liturgias. Hace que nuestra alabanza a Dios sea más bella y solemne. Ayuda a la persona en su totalidad -cuerpo, alma y corazón- a encontrar más fácilmente el camino hacia Dios».
El sacerdote recuerda también la importancia que la Iglesia concede a la música sacra en la liturgia. El pasado agosto, señala, el papa León XIV dedicó una catequesis a la constitución conciliar ‘Sacrosanctum Concilium’, en la que destacó el papel de la música en la vida eclesial. Para el padre Gabriel, esta reflexión encuentra un reflejo cotidiano en la comunidad de la capital kazaja, Astana: «Cada día hay personas que entran en nuestra iglesia, la catedral, simplemente por curiosidad. A menudo las atrae la música, sobre todo durante las celebraciones litúrgicas, cuando escuchan el órgano y la armoniosa música vocal».
«Conozco a personas que hoy viven su fe, pero que al principio se acercaron a la Iglesia gracias a la música que escuchaban allí», cuenta. Es un camino discreto, que no pretende producir resultados inmediatos ni confunde la emoción artística con la conversión. La belleza, más bien, abre una posibilidad: acercarse, hacer una pregunta, volver.

Un concierto como primer paso

La catedral dedicada a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en el centro de Astana, es uno de los lugares donde esta intuición se hace realidad. Además de las celebraciones litúrgicas, acoge conciertos de música sacra que atraen a personas de distintas culturas, comunidades, etnias y religiones.
«Para asistir a un concierto, las personas entran y pasan una hora entera dentro de una iglesia, escuchando música sacra y admirando sus obras de arte. De este modo, encuentran pequeños signos que les señalan el camino hacia Dios». La experiencia puede dejar huella: «Después del concierto, la iglesia se convierte para ellas en un lugar más familiar. He podido comprobar en varias ocasiones la alegría con la que vuelven más adelante».
Para que este encuentro no se quede en una experiencia puramente estética, el padre Gabriel y otros sacerdotes introducen a veces breves reflexiones espirituales al comienzo del programa o entre una pieza y otra. No hacen falta largas explicaciones: en ocasiones basta con ayudar al público a descubrir el significado religioso de una composición. «Los oyentes aprenden más sobre la obra y, al mismo tiempo, vislumbran el mundo espiritual en el que fue creada».
Por ejemplo, «cuando alguien interpreta un Ave Maria, es una oportunidad para explicar brevemente la Anunciación y el significado que este acontecimiento tiene para los creyentes. O, cuando se interpreta al órgano una pieza de Johann Sebastian Bach, se puede mencionar la profunda fe que desempeñó un papel tan importante en la vida y la obra de este brillante compositor». Así, la música se convierte en una ocasión para contar una historia, introducir un pasaje del Evangelio o explicar un símbolo de la fe.

El violonchelo, de viaje por las parroquias

En su labor como director nacional de las Obras Misionales Pontificias, el padre Gabriel visita parroquias de distintas regiones de Kazajistán para fomentar y promover la conciencia misionera. También en estas ocasiones, la música se ha convertido en una presencia casi constante: «Durante mis últimas visitas, casi siempre hemos incluido un programa musical. A veces se trata de un concierto de música sacra; otras, de una velada de oración acompañada de música».
El sacerdote, que también es músico, pudo llevar consigo desde Europa su propio violonchelo, un instrumento poco habitual en el país: «Quizá por eso despierta una atención especial. A las personas también les atrae su sonido, tan hermoso y melodioso».
El pasado mes de mayo, junto con el padre Jason, sacerdote y pianista, y sor Magdalena, de la Familia de María, organizó un concierto misionero en dos comunidades católicas de la parte occidental de la archidiócesis. El programa combinaba música y testimonio: «Presentaba a diez santos misioneros y diez piezas musicales. Mientras se interpretaban las obras, se proyectaban en una pantalla imágenes de la vida de estos santos».
No se trataba solo de una interpretación musical, sino de una ocasión para mostrar, a través de figuras concretas, cómo la fe puede traducirse en una vida entregada a los demás. El lenguaje artístico ayudaba a adentrarse en las historias de los santos y a reconocer en su experiencia una posible respuesta a la llamada misionera.
En otro episodio relatado a Fides, el padre Gabriel muestra cómo la música puede propiciar encuentros inesperados. El pasado verano, dos jóvenes músicas, una rusa y otra bielorrusa, llegaron a la catedral de Astana para ofrecer un concierto de violonchelo y órgano. Al descubrir que el sacerdote también tocaba el violonchelo, decidieron incorporarlo al programa. «Sin siquiera preguntármelo antes», recuerda sonriendo. «Para el público fue un momento especial ver a uno de sus sacerdotes actuar junto a las dos jóvenes músicas».

El encanto del órgano y el sueño de Astana

Entre los instrumentos musicales, el órgano ocupa un lugar especial en la música litúrgica. «A menudo se le llama el “rey de los instrumentos”, como dijo Mozart. En Kazajistán es muy poco frecuente: solo hay alrededor de una docena de órganos de tubos en todo el país. Por eso, este instrumento fascina a la gente».
Uno de ellos se encuentra en la catedral de Nuestra Señora de Fátima, Madre de Todas las Naciones, en la diócesis de Karaganda, al sur de Astana. Es un gran órgano construido por la empresa austriaca Pflüger y terminado en 2010. A lo largo del año se celebran allí conciertos con regularidad, que atraen a organistas de renombre de distintas partes del mundo. «La iglesia suele estar abarrotada», recuerda el misionero. «Naturalmente, apreciar la música de órgano no convierte automáticamente a nadie en cristiano. Pero puede ser un primer paso o, al menos, una pequeña invitación a descubrir algo más».
De ahí nace un deseo que mira al futuro de la comunidad católica de la capital: «Tengo un sueño secreto: que algún día podamos tener un auténtico órgano de tubos también en nuestra catedral de Astana, la capital de Kazajistán, una ciudad en rápido crecimiento. Estoy convencido de que un instrumento así podría ser importante para llevar el Evangelio a quienes todavía no han encontrado a Cristo».
No serviría únicamente para enriquecer la vida litúrgica y musical de la catedral, sino también «para crear un espacio de encuentro más, capaz de atraer a personas con distintas historias, culturas y pertenencias religiosas».

Jóvenes músicos, mensajeros de la belleza

Esta misma intuición está presente en la experiencia de los franciscanos de Astana, los frailes conventuales que residen en el convento dedicado a los beatos mártires Michal Tomaszek y Zbigniew Strzalkowski, anexo a la parroquia de Nuestra Señora de las Naciones, en la periferia de la capital. Allí, el fraile Roberto Peretti, OFM Conv., organista y pianista, ha puesto en marcha una pequeña escuela de música para niños y adolescentes en una de las zonas más pobres de la gran ciudad.
El 4 de octubre de 2026, con motivo del octavo centenario de la muerte de san Francisco de Asís, los alumnos de la escuela ofrecieron un concierto en la catedral en honor del santo de Asís. «Me sorprendió ver cómo estos jóvenes, muchos de los cuales viven en condiciones muy modestas y difíciles, han desarrollado, gracias a la música, no solo sus habilidades musicales, sino también una verdadera confianza en sí mismos», señala el padre Jocher. Algunos de estos jóvenes no son católicos, pero participan en una experiencia que va más allá de los límites de la comunidad eclesial y, «a través de su música, se convierten en mensajeros de la belleza de Dios, casi como apóstoles», añade. «Quizá todavía no conozcan personalmente a Cristo, pero, mediante la belleza que crean, pueden abrir a Él el corazón de otras personas».
Por eso, concluye, la escuela de música es mucho más que una actividad cultural o educativa: «La música convierte la parroquia franciscana de Nuestra Señora de las Naciones en un lugar muy especial para la misión».

Una Iglesia minoritaria, una misión abierta a todos

El testimonio del padre Gabriel Jocher se enmarca en la realidad de una Iglesia pequeña en número, inserta en una sociedad de mayoría musulmana y caracterizada por la diversidad de tradiciones religiosas y culturales. Con una comunidad de unos 125.000 fieles, aproximadamente el 1 % de la población nacional, la misión en Kazajistán consiste también en construir relaciones, ofrecer oportunidades de encuentro y poner en valor aquello que las personas pueden compartir a pesar de sus diferencias. La música, con su capacidad para hablar a todos, se convierte en uno de esos lenguajes. Como concluye el padre Gabriel, «ofrece una excelente oportunidad para encontrarse con personas de todo tipo y descubrir corazones abiertos». El anuncio del Evangelio en Kazajistán puede comenzar con un concierto o con una melodía armoniosa.
(Agencia Fides 20/10/2026)


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