ASIA/MYANMAR - Obispo del Estado Chin: “El diálogo basado en la justicia y la igualdad puede detener la guerra”

jueves, 16 julio 2026

diocese of Mindat

Por Paolo Affatato

Mindat (Agencia Fides) – «En nombre de Dios, nuestra invitación es a la reconciliación. Pedimos que se detenga esta guerra que hace sufrir al pueblo. Si se pudiera establecer un diálogo basado en la igualdad y la justicia, entonces se abriría una luz de esperanza». Es un llamamiento a la paz, antes que una simple descripción del conflicto, el que el obispo Augustine Thang Zawm Hung, primer pastor de la nueva diócesis de Mindat, dirige a las partes enfrentadas a través de Agencia Fides desde el corazón del Estado Chin, región del noroeste de Myanmar devastada por la guerra civil.

«En el conflicto actual, las partes siguen firmes en sus posiciones, por eso es difícil imaginar una solución. Pero nuestra esperanza nace de la fe: Dios quiere la paz y sus proyectos van más allá de los proyectos humanos», afirma el obispo. «Mirando a Dios y rezando, esperamos una conversión de los corazones, una metanoia, un cambio que nace del espíritu. Solo así el amor de Dios y la caridad podrán iluminar el corazón de los hombres y el camino hacia la pacificación».

La diócesis de Mindat fue erigida por el papa Francisco en enero de 2025, separándola de la diócesis de Hakha. Como explica el obispo, la decisión nació tanto por razones pastorales como por la compleja situación geográfica y política de la región: «La diócesis fue creada porque en Mindat viven muchos católicos», relata. «El territorio es muy amplio y de difícil acceso. Después de la pandemia y con el conflicto en curso, el obispo de Hakha ya no podía visitar regularmente esta zona del Estado Chin. Además, Mindat tiene un gran valor histórico: aquí llegaron en 1919 los primeros misioneros de las Misiones Extranjeras de París (MEP), que iniciaron la evangelización de la región».

El Estado Chin, situado en el oeste de Myanmar, en la frontera con India y Bangladesh, cuenta con unos quinientos mil habitantes y es una de las pocas regiones birmanas donde el cristianismo constituye la religión mayoritaria, junto a una minoría budista. La población Chin está formada por numerosos grupos étnicos y lingüísticos. «Todos somos Chin, pero pertenecemos a clanes diferentes y con frecuencia hablamos lenguas distintas», explica el prelado. «Entre los grupos Chin de las diócesis de Hakha, Kalay y Mindat a veces se necesita un intérprete para poder comprenderse. Los Chin viven también en el Estado de Rakhine, en la región de Sagaing e incluso en Bangladesh», señala.

La mayoría de los cristianos Chin pertenece a las Iglesias protestantes, especialmente bautistas y pentecostales; los católicos constituyen una minoría significativa, concentrada sobre todo en las diócesis de Hakha y Mindat. La nueva diócesis de Mindat comprende más de veinte parroquias y una comunidad católica de unos 15.000 fieles, distribuidos principalmente en aldeas de montaña.

Tras el golpe de Estado militar de febrero de 2021, precisamente el Estado Chin fue una de las primeras zonas del país en organizar la resistencia armada contra la junta militar. Actualmente amplias zonas del territorio están bajo el control de las Chin Defence Forces (CDF), grupos locales de autodefensa aliados con el Gobierno de Unidad Nacional (NUG). Según Naciones Unidas, más del 70% de la población del Estado Chin ha sufrido desplazamientos o necesita asistencia humanitaria; miles de personas han buscado refugio al otro lado de la frontera, en el Estado indio de Mizoram.

Mindat representa uno de los principales puntos estratégicos de la región. «A finales de 2024 las fuerzas locales de defensa habían tomado el control de la ciudad, obligando al ejército a retirarse», cuenta monseñor Hung. «Pero desde comienzos de mayo los militares han lanzado una nueva ofensiva para reconquistarla. Los combates han vuelto con gran intensidad. El ejército se había preparado muy bien y hoy los enfrentamientos continúan».

La guerra también ha cambiado profundamente la vida de la Iglesia. «Ya en julio de 2024 tuvimos que abandonar el centro pastoral», recuerda. «Hoy casi toda la comunidad católica se ha trasladado a las aldeas. Yo también vivo en la parroquia de Santa María. Ya no podemos permanecer en la ciudad».

En las principales ciudades puede haber bombardeos, mientras que muchas aldeas continúan ofreciendo refugios relativamente más seguros. «Las parroquias están casi todas en los pueblos, y allí podemos seguir celebrando la Eucaristía y administrando los sacramentos», explica el obispo. «Muchos sacerdotes han permanecido junto a los fieles. Algunas familias con mayores posibilidades económicas han huido hacia Yangon, Mandalay u otras diócesis más seguras, sobre todo para garantizar a sus hijos la posibilidad de continuar los estudios. Los más pobres, en cambio, han regresado a sus aldeas de origen, donde viven familiares y amigos, buscando simplemente sobrevivir».

Para llegar hasta estas comunidades dispersas, el obispo recorre largas distancias por las montañas. «Me desplazo en motocicleta para visitar las aldeas, celebrar los sacramentos y estar junto a la gente», cuenta. «Los caminos son muy difíciles y, a veces, debemos prestar atención incluso a los bombardeos aéreos mientras atravesamos lo que los analistas llaman “zonas liberadas”, es decir, territorios controlados por las fuerzas de defensa Chin. Pero incluso estas áreas hoy vuelven a estar afectadas por los combates».

Para el obispo, la presencia de la Iglesia constituye ya una forma concreta de testimonio: «Nosotros no podemos ni queremos combatir», afirma. «Lo que podemos hacer es estar presentes, visitar las comunidades, llegar hasta las personas que viven en pequeñas aldeas y animarlas a mantener la fe. Nuestra cercanía ya es un mensaje de amor y solidaridad».

Su ministerio episcopal se traduce sobre todo en el acompañamiento espiritual de los desplazados: «A las personas que encuentro les repito siempre: cultivad la paz, tened fe, cuidad unos de otros en esta situación tan precaria», dice. «Como obispo, Jesús me confía la tarea del Pastor: “Apacienta mis ovejas”, me dice el Señor. Esta es mi responsabilidad: cuidar del pueblo que me ha sido confiado».

La paz, insiste, «no puede ser construida solamente por los hombres». «Jesús dijo: “La paz esté con vosotros”. Solo Dios puede donar la verdadera paz. Por eso debemos rezar, acercarnos a Él. Invito con frecuencia a todas las parroquias a organizar la Adoración del Santísimo Sacramento, porque de la oración nace la fuerza para resistir y seguir adelante en este tiempo de tribulación».

El obispo conserva también el recuerdo del encuentro con el papa León XIV durante la reciente visita ad limina: «Recibimos un gran aliento y su oración por Myanmar. Para nosotros fue muy importante».

Por último dirige un llamamiento a la comunidad internacional: «Hay guerras en muchas partes del mundo, pero con frecuencia los medios de comunicación y la opinión pública miran solamente a los grandes países. Os pido: no olvidéis Myanmar. Y digo a todos los fieles del mundo: no olvidéis al pueblo del Estado Chin. Rezad por nosotros».
(Agencia Fides 16/7/2026)


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