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Por Paolo Affatato
Kuala Lumpur (Agencia Fides) – La comunidad católica en Malasia está llamada a «emprender un camino de renovación, misión y profecía, para leer los signos de los tiempos; de lo contrario, correrá el riesgo de convertirse en un gong que resuena vacío». Así lo afirma el arzobispo de Kuala Lumpur, Julian Leow Beng Kim, presidente también de la Conferencia Episcopal de Malasia, Singapur y Brunéi. De regreso a Malasia tras la visita ad limina al Vaticano, el arzobispo comparte con la Agencia Fides un análisis sobre la vida de la Iglesia en el país, inmersa en un proceso de renovación interna con vistas a la gran Asamblea Pastoral Nacional, que se celebrará en septiembre en Sibu, en el estado de Sarawak (Borneo malasio), con el objetivo de reunir las distintas sensibilidades culturales del país. Mons. Leow presenta el rostro de una comunidad pequeña pero dinámica, inmersa en un contexto multiétnico y multirreligioso, llamada a crecer mediante el diálogo interreligioso, afrontando los desafíos sociales y las nuevas fragilidades culturales.
«La comunidad católica en Malasia es dinámica y está en constante crecimiento», observa el arzobispo, aunque recuerda que vive «dentro de unos límites políticos, legales y sociales bastante estrictos», en un país de mayoría musulmana. Aunque la libertad de culto está garantizada por la Constitución, persisten algunas limitaciones prácticas. «Todavía podemos construir nuevas iglesias, a diferencia de Brunéi, pero las autorizaciones gubernamentales están sujetas a normas bastante estrictas», explica, señalando que las autoridades imponen restricciones sobre el tamaño y la altura de los edificios en función del número de fieles. «Pero aún podemos construir, y eso es algo positivo».
A pesar de estas limitaciones, la Iglesia sigue creciendo. Solo en la archidiócesis de Kuala Lumpur se registran cada año entre seiscientos y setecientos bautismos de adultos a través del Rito de Iniciación Cristiana de Adultos, a los que se suman los bautismos de niños de familias católicas. Los nuevos católicos proceden de otras religiones o de distintos grupos étnicos del país y de la isla de Borneo. «Malasia es una sociedad plural», señala el arzobispo, recordando, sin embargo, que los malayos, grupo mayoritario del país, son musulmanes y que, por disposición constitucional, no pueden convertirse al cristianismo.
Los católicos representan alrededor del 3 % de la población malasia -unos 1,3 millones de fieles sobre un total de 36 millones de habitantes-, mientras que los cristianos en su conjunto constituyen aproximadamente el 9 %. Sin embargo, la presencia eclesial está distribuida de manera desigual: cerca del 70 % de los católicos vive en los estados orientales de Sabah y Sarawak, en Borneo, donde el cristianismo está profundamente arraigado entre las poblaciones indígenas. En la Malasia peninsular, por el contrario, la comunidad católica constituye una pequeña minoría concentrada principalmente en las grandes ciudades.
Un importante impulso para la vida de las comunidades eclesiales proviene también de los migrantes. «Muchos jóvenes llegan desde Myanmar huyendo de la guerra», relata mons. Leow. También hay refugiados procedentes de Pakistán, a menudo escapando de la violencia, así como personas llegadas de Irán y de otros países de Oriente Medio. «Algunos vienen por motivos laborales, otros son auténticos refugiados. Malasia demuestra ser un país acogedor», afirma.
La vitalidad de la Iglesia se refleja también en la continuidad de las nuevas incorporaciones a la fe católica. «Seguimos teniendo muchas conversiones y numerosos bautismos de adultos y de niños», señala el arzobispo. «Si consideramos conjuntamente Malasia, Singapur y Brunéi, cada año celebramos miles de bautismos. Por eso miramos al futuro con esperanza», añade.
Entre los principales desafíos, mons. Leow señala, en primer lugar, el secularismo y la indiferencia religiosa. «Vivimos en una sociedad altamente tecnológica, donde muchas personas ya no se preocupan por la vida espiritual ni por Dios». La pandemia también ha dejado secuelas en la vida eclesial. «Después de la Covid, muchos jóvenes dejaron de acudir a la iglesia y algunos mayores se acostumbraron a seguir la misa por internet. Pero ahora, poco a poco, están regresando». A ello se suma el fenómeno de la desinformación difundida a través del mundo digital, que alimenta la confusión también en lo que respecta a la vida de la Iglesia.
En un contexto multirreligioso, uno de los rasgos distintivos de la presencia católica en el país es el diálogo interreligioso. La Iglesia participa activamente en organismos que reúnen a cristianos, budistas, hindúes, sijs y taoístas para abordar conjuntamente cuestiones de interés común. «Cuando hablamos con una sola voz, el Gobierno nos escucha», afirma mons. Leow. El diálogo aborda temas delicados como la libertad religiosa, las conversiones o las controversias relacionadas con edificios de culto construidos en la época colonial y hoy objeto de disputas sobre la propiedad de los terrenos. Aunque reconoce la existencia de pequeños grupos islamistas extremistas, el arzobispo observa que «en general vivimos en paz y armonía» y que el Gobierno procura preservar el equilibrio entre las distintas comunidades religiosas.
También en el ámbito de las vocaciones se mezclan luces y sombras. En toda Malasia hay alrededor de ochenta y cinco seminaristas, entre el seminario menor y el mayor, procedentes de las nueve diócesis del país; diecisiete pertenecen a la archidiócesis de Kuala Lumpur. «Es un signo positivo, pero no basta», comenta el arzobispo. «Acabo de ordenar a dos nuevos sacerdotes, pero al mismo tiempo varios sacerdotes mayores se están jubilando. Seguimos necesitando vocaciones». Pero aún más acusado es el descenso de las vocaciones a la vida consagrada, tanto masculina como femenina.
Entre las causas de esta disminución, mons. Leow señala los cambios producidos en las escuelas católicas. Aunque siguen siendo centros muy valorados y frecuentados por alumnos de todas las religiones, hoy están gestionados principalmente por laicos, ya que el Gobierno no permite que sean administrados por órdenes religiosas. «Ya no contamos con muchos religiosos y religiosas en las escuelas», explica. «Además, en la Malasia peninsular la presencia de símbolos religiosos es muy limitada y muchos directores de centros no son católicos. De este modo, se ha perdido ese testimonio cotidiano que durante generaciones favoreció el nacimiento de nuevas vocaciones».
En cuanto al camino eclesial, la Iglesia católica en Malasia mira al futuro con espíritu de renovación y corresponsabilidad. «Nos estamos preparando para la Asamblea Pastoral Nacional de Malasia, que se celebrará el próximo mes de septiembre», explica mons. Leow. Será una ocasión para que toda la Iglesia del país reflexione «sobre cómo vivir la misión con autenticidad y valentía». El arzobispo resume así el espíritu del encuentro: «Estamos llamados a ser proféticos. La renovación comienza por nosotros; de lo contrario, seremos como un gong que resuena vacío». Entre los temas centrales de la Asamblea estarán la corresponsabilidad entre clero y laicos y la implicación de las nuevas generaciones. «Debemos dar prioridad a los jóvenes», afirma el arzobispo, advirtiendo de que la Iglesia corre el riesgo de «perder su futuro si no sabe acompañarlos en los desafíos de nuestro tiempo, marcado también por el aislamiento que produce la cultura digital».
La atención a los jóvenes se manifiesta claramente con vistas a la próxima Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará en Corea del Sur el próximo mes de agosto. El arzobispo espera acompañar al menos a quinientos jóvenes de su archidiócesis y a unos dos mil de toda Malasia. Pero el verdadero objetivo va mucho más allá de ese acontecimiento. «Los jóvenes buscan respuestas a las grandes preguntas de la vida», observa. «Nuestra fe puede ofrecérselas, pero debemos aprender a comunicarlas en su propio lenguaje». Por ello insiste en la necesidad de un acompañamiento continuo: «No basta con un gran evento cada tres o cuatro años. Cuando los jóvenes regresan a sus diócesis y parroquias, hay que seguir caminando con ellos, acompañándolos con una pastoral cercana a su lenguaje y a sus necesidades, para decirles: Cristo está con vosotros en cada momento y en cada ámbito de vuestra vida».
La esperanza que anima a la Iglesia malasia mira al testimonio evangélico en la sociedad. «Espero que podamos fortalecer nuestra fe para ofrecer un testimonio auténticamente evangélico y ser un faro y una luz para toda la nación», afirma mons. Leow. «Quisiera que la Iglesia ayudara no solo a los católicos, sino a todas las personas a encontrar un sentido para la vida y respuestas a sus preguntas más profundas».
Tras la visita ad limina, añade, permanece también un deseo: «Esperamos que algún día el papa León XIV pueda visitar Malasia, para fortalecer la fe de los católicos y ofrecer un testimonio de paz a toda la región». Al hablar del Pontífice, el arzobispo subraya el gran aprecio que despierta también entre los musulmanes: «Sus palabras contra la guerra y en defensa de las víctimas inocentes, especialmente en Oriente Medio y en Gaza, son muy valoradas», señala. «Recibo mensajes de personas que nos dan las gracias cuando escuchan los discursos del Papa», concluye, observando que esto contribuye a reforzar la credibilidad de la Iglesia en la sociedad malasia.
(Agencia Fides 6/7/2025)