Kinshasa (Agencia Fides) – Una población atrapada entre la espada y la pared. Así viven los habitantes de los altiplanos de Lemera y de la llanura de Ruzizi, en la provincia del Kivu del Sur, al este de la República Democrática del Congo, sometidos a la violencia y a los abusos de grupos enfrentados, pero con comportamientos similares hacia la población civil.
Por un lado están los militares del M23, apoyados por fuerzas ruandesas; por otro, los milicianos Wazalendo, surgidos como grupos de autodefensa en apoyo al ejército regular congoleño para frenar el avance del M23, pero que con el tiempo se han convertido también en un factor de inseguridad para las mismas comunidades que dicen proteger.
El último informe de la ACMEJ (Association contre le Mal et pour l’encadrement de la Jeunesse), una ONG local de derechos humanos, señala que “la situación de seguridad se está volviendo catastrófica en las aldeas de Nyamutiri, Kibungu, Ndolera, Businga y Kibanga, en los altiplanos de Lemera y la llanura de Ruzizi”. Según el documento, enviado a la Agencia Fides, “existe una ausencia total de autoridad política, administrativa y tradicional, como ocurre en gran parte de los altiplanos de Lemera”.
El informe añade que, mientras en “una pequeña parte del territorio de Lemera algunos soldados del M23 y sus aliados ejercen el control, en la mayor parte de la zona el poder está en manos de jóvenes armados pertenecientes a los Wazalendo”.
Una parte de estos combatientes se habría separado del movimiento original, dando lugar a bandas armadas que extorsionan a la población local. Según el informe, “de acuerdo con fuentes coincidentes de líderes locales y analistas, la deserción de algunos jóvenes miembros de los Wazalendo constituye un motivo más de preocupación en varios pueblos de la región central de Lemera. Diversos casos de abusos y violaciones de derechos humanos registrados en la zona montañosa y central podrían atribuirse a este grupo de desertores”.
La inseguridad ha llevado incluso a la reactivación de nuevas formas de autodefensa local. “En algunos pueblos, de la región central de Lemera, jóvenes armados han reorganizado estructuras de protección comunitaria con el objetivo de defender a los residentes frente a ataques nocturnos de desconocidos armados y enmascarados”.
Según la ACMEJ, la fragmentación de los Wazalendo y la inseguridad resultante benefician indirectamente a los combatientes del M23. El informe sostiene que los soldados del M23 y sus aliados ruandeses en zonas como Rbanga, Lemera y Mulenge “se han convertido en simples observadores de estos actos de bandidaje, pensando: ‘Que se maten entre sus propios hermanos y familiares; nosotros seguimos aquí, y mientras no nos ataquen, no hay problema, continuaremos controlando la situación dividiéndolos’”.
(L.M.) (Agencia Fides 21/4/2026)