LEÓN XIV EN ÁFRICA - La “crisis anglófona” de Camerún

miércoles, 1 abril 2026 papa león xiv   viaje apostólico   Áreas de crisis  

Yaundé (Agencia Fides) – Bamenda, capital de la región del noroeste de Camerún, que el Papa León XIV visitará el 16 de abril, está al centro de la llamada “crisis anglófona” que sacude el país desde 2016.
El origen de la crisis se remonta a la época colonial. Antigua colonia de la Alemania guillermina, Camerún, al final de la Primera Guerra Mundial, fue dividido en dos partes: una bajo mandato británico y la otra bajo mandato francés. La parte francófona se independizó en 1960, mientras que la anglófona lo hizo en 1961. Esta última, mediante referéndum, decidió unirse al Camerún francófono. En 1961 se proclamó la República Federal de Camerún, que unió territorios con lenguas y prácticas administrativas diferentes. El federalismo fue abandonado en 1972 en favor de un Estado unitario. Como consecuencia, la población anglófona de Camerún se sintió progresivamente marginada y temió la desaparición de su especificidad jurídica y cultural.
La crisis anglófona comenzó en 2016 con una huelga de abogados y profesores que se oponían al nombramiento de jueces francófonos en las regiones anglófonas. Las manifestaciones fueron reprimidas por el gobierno camerunés y a ellas siguieron episodios de violencia.
En octubre de 2017, los separatistas anglófonos proclamaron la República de Ambazonia (en referencia a la bahía de Ambazonia), formalizando así sus aspiraciones secesionistas (véase Fides 2/10/2017).
Desde entonces ha estallado un conflicto cuyo coste humano es devastador. Ambas partes en guerra están utilizando la educación como arma.
En Camerún, la educación pública es una prerrogativa del Estado. Por ello, al atacar las escuelas, los grupos armados apuntan principalmente al símbolo de una institución estatal. Las escuelas, en particular, encarnan los puntos de tensión de la crisis, especialmente la cuestión lingüística. El francés y el inglés son las dos lenguas oficiales y gozan de igual estatus. Sin embargo, el francés se utiliza mucho más que el inglés, alimentando así el sentimiento de marginación entre los cameruneses anglófonos. La enseñanza y los programas educativos son, en principio, bilingües, incluso en las zonas anglófonas, algo que no es aceptado por los separatistas más radicales.
Desde 2017, más de 700.000 niños se han visto obligados a abandonar la escuela. Según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), más de 1,5 millones de personas necesitan asistencia humanitaria en las regiones anglófonas. OCHA estima además que al menos 334.098 personas han sido desplazadas internamente a causa de la violencia en las dos regiones, mientras que más de 76.493 se han refugiado en Nigeria. Tanto los separatistas como las fuerzas gubernamentales han perpetrado ataques dirigidos contra instalaciones sanitarias y trabajadores humanitarios, reduciendo en gran medida el acceso a la atención médica y obligando a varias organizaciones humanitarias internacionales a suspender sus operaciones.
El conflicto, además, ha degenerado en una auténtica industria criminal basada sobre todo en los secuestros con fines de extorsión. Con el pretexto de financiar la causa independentista, bandas criminales secuestran a personas comunes exigiendo a sus familias sumas de dinero a cambio de su liberación. Pero los secuestros también tienen un objetivo político: se trata de raptos dirigidos a silenciar especialmente a las mujeres, ya que suelen desempeñar un papel crucial en la resolución de conflictos en las sociedades tradicionales y tribales de Camerún.
Los últimos datos disponibles corresponden a 2024, con 450 casos de secuestros registrados. Entre las personas secuestradas hay también sacerdotes (véase Fides 3/12/2025 psobre uno de los casos más recientes). Cabe recordar el secuestro del difunto cardenal Christian Tumi, arzobispo emérito de Duala, en 2020, (véase Fides 6/11/2020) quien se había mostrado dispuesto a mediar entre el gobierno y los independentistas.
Además, los independentistas, conocidos como “Amba boys”, han impuesto a las poblaciones locales un “impuesto revolucionario” mensual de 10.000 francos CFA (15 euros) para los hombres y de 5.000 para las mujeres (7,50 euros).
En esta situación, la comunidad eclesial continúa, a pesar de las muchas dificultades, su labor de evangelización, y las instituciones y representantes de la Iglesia católica tratan de desempeñar una labor de mediación. En una declaración concedida a la Agencia Fides, Andrew Nkea Fuanya, arzobispo de Bamenda, ha afirmado: “La Iglesia no ha tomado partido ni por los separatistas ni por el gobierno precisamente para poder ofrecer sus servicios de mediación. A pesar de la violencia, en la archidiócesis de Bamenda no he cerrado ninguna parroquia ni he huido. Dialogo con el gobierno y con los separatistas en la búsqueda constante del camino hacia la paz”.
(L.M.) (Agencia Fides 31/3/2026)


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