ASIA/VIETNAM - Un tesoro escondido de fe y caridad: la obra de las religiosas vietnamitas entre los leprosos

viernes, 6 marzo 2026 religiosas   leprosos   caridad   iglesias locales   enfermedades   discriminación  

por Andrew Doan Thanh Phong

Thái Bình (Agencia Fides) – En 2025 se han registrado 38 casos de lepra en Vietnam, la cifra anual más baja jamás registrada en el país.
El número de casos ha disminuido drásticamente en los últimos años. Entre 2012 y 2016 se detectaron más de mil casos a nivel nacional, mientras que en los últimos cinco años solo se han registrado algunas decenas cada año. Actualmente, todas las provincias y ciudades han sido reconocidas como zonas libres de lepra, con solo casos esporádicos.
Según expertos sanitarios vietnamitas, esta fuerte disminución se debe a protocolos de tratamiento eficaces y a la gestión oportuna de los casos dentro de las comunidades. Sin embargo, todavía hay alrededor de 6.000 pacientes en todo el país que padecen las consecuencias de la enfermedad: en su mayoría son personas que contrajeron la lepra en el pasado y se han curado de la infección bacteriana, pero continúan sufriendo graves secuelas.
La mayoría de estos pacientes es atendida por religiosas católicas de congregaciones como las Amantes de la Cruz o las Franciscanas Misioneras, en más de diez estructuras en todo el país conocidas como “colonias de leprosos”. Las hermanas no solo cuidan a los enfermos, sino también a ancianos y niños huérfanos afectados por la enfermedad.
La mayoría de los leprosarios en Vietnam se fundaron entre comienzos del siglo XX (como el de Quy Hoa en la ciudad de Qui Nhon, en el Vietnam central, en 1929) y las décadas de 1960 y 1970 (como el de Bien Hoa, en el sur del país, en 1968) en zonas remotas y aisladas, debido al temor de que la enfermedad se propagara en la comunidad. Por ello, muchos de estos lugares carecen de servicios básicos y presentan condiciones de vida precarias tanto en lo material como en lo psicológico.
La lepra no solo provoca sufrimiento físico, sino que también deja profundas cicatrices psicológicas. Además del malestar por su apariencia, muchos pacientes son marginados y rechazados allí donde van. Algunos ancianos que contrajeron la enfermedad cuando eran jóvenes viven en los leprosarios desde hace 50 o 60 años, sin un hogar al que regresar.
La señora Lo Thi Coc fue curada de la lepra, pero aún sufre problemas de visión y fuertes dolores en las piernas debido a las deformidades, especialmente cuando cambia el clima. No olvida las terribles experiencias de miedo y discriminación que vivió en el pasado. “En aquella época mi familia y yo lo pasábamos realmente mal, éramos muy pobres y nadie quería acercarse a nosotros por miedo al contagio. Pensé incluso en huir al bosque para vivir allí el resto de mi vida, pero gracias al apoyo incondicional y a la compañía de mi hijo cambié de idea”, cuenta.
Conscientes de su enorme sufrimiento, las religiosas se han dedicado al cuidado de los pacientes en los leprosarios, ayudando a muchos a recuperar la alegría de vivir. “Aquí no tengo familia, pero las hermanas católicas y varias organizaciones me ayudan, así que la vida es un poco más fácil”, relata Joseph That, de 78 años, paciente del leprosario de Ben San, en la aldea de Long Binh, en la provincia de Binh Duong, en el sur de Vietnam.
Un paciente del leprosario de Quy Hoa, gestionado por las religiosas franciscanas misioneras en Qui Nhon, explica: “Las hermanas luchan por nuestros derechos, por eso todos las respetamos y las consideramos parte de nuestra familia”. Otro paciente, que vive en el poblado de leprosos desde 1960, cuenta que decidió hacerse católico porque las religiosas lo cuidaron como si fuera su hijo. Siguiendo su ejemplo, hoy permanece en el leprosario para cortar el cabello a los ancianos, visitarlos y consolarlos.
Muchos ejemplos de este servicio dedicado han sido reconocidos por la comunidad y elogiados incluso por la prensa estatal. Entre ellos destaca el de Anna Nguyen Thi Xuan, nacida en 1957, que desde hace casi 40 años cuida a los pacientes del poblado de leprosos de Qua Cam, en la diócesis de Bac Ninh, en el norte del país. Por su labor recibió la Medalla al Trabajo de Tercera Clase otorgada por el presidente de Vietnam y fue reconocida entre las 50 personas distinguidas por el Primer Ministro por sus logros en el ámbito del bienestar social.
Las comunidades católicas de todo el país organizan regularmente visitas y campañas de recogida de donativos destinados a los leprosarios, como signo de cercanía y comunión con quienes sufren esta enfermedad.
Más recientemente, durante el Año Nuevo lunar celebrado el 5 de febrero, la diócesis de Thai Binh organizó un encuentro y una fiesta con los enfermos de lepra en la capilla de Dong Tho, en la parroquia de Thai Sa. En esa ocasión, el obispo Dominic Dang Van Cau invitó a los fieles a acoger, amar y acompañar a quienes padecen la enfermedad.
“Este es un acto de misericordia y también una manera concreta de vivir el misterio de la comunión en la Iglesia”, afirmó el obispo, recordando que la diócesis está construyendo una nueva casa para los enfermos de lepra, destinada a ofrecerles un espacio de vida estable, seguro y acogedor y a convertirse en un refugio a largo plazo para quienes más lo necesitan.
(Agencia Fides 6/3/2026)


Compartir: