Abril del 2006: "Para que en China la Iglesia pueda cumplir con serenidad y plena libertad su misión evangelizadora " Comentario a la intención Misionera indicada por el Santo Padre a cargo de Mons. Ambrosio Spreafico, Rector Magnífico de la Pontificia Universidad Urbaniana

lunes, 27 marzo 2006

Roma (Agencia Fides) - "Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura". Así habló Jesús a los discípulos después de la resurrección. Es el mandato misionero que ha animado la vida de la Iglesia desde los principios. Por ello, el Decreto Conciliar "Ad Gentes" dice en el número 2: "La Iglesia peregrinante es misionera por su naturaleza, puesto que procede de la misión del Hijo y de la misión del Espíritu Santo según el designio de Dios Padre”.
Sin embargo la misión de la Iglesia no rechaza lo que hay de bueno y auténtico en las culturas de los pueblos, hacia las que nutre un gran respeto. El mismo Decreto Conciliar afirma en el número 8: "La actividad misionera también tiene una conexión íntima con la misma naturaleza humana y con sus aspiraciones… Cristo y la Iglesia, que da testimonio de El por la proclamación evangélica, trascienden toda particularidad de estirpe y de nación, y, por ende, por nadie y en ninguna parte puedan ser tenidos como extraños”.
La historia de la evangelización en China muestra esta grande atención de la Iglesia hacia la cultura china. Basta pensar en Matteo Ricci y al gran respeto que tuvo por aquel país que se le presentaba como enorme y tan lejano de la cultura occidental de la que el provenía. Consiguió mostrar precisamente lo que el anuncio del Evangelio de Cristo quiere significar para toda condición humana y por cada pueblo: una palabra que ayuda al desarrollo integral del hombre, que no se puede prescindir en ningún modo de su necesidad de trascendencia, de búsqueda de Dios. El Decreto "Ad Gentes" dice: "(Los cristianos) para que puedan dar fructuosamente este testimonio de Cristo, únanse con aquellos hombres con el aprecio y la caridad, reconózcanse como miembros del grupo de hombres entre los que viven y tomen parte en la vida cultural y social por las diversas relaciones y negocios de la vida humana; estén familiarizados con sus tradiciones nacionales y religiosas; descubran con gozo y respeto, las semillas de la Palabra que en ella se contienen” (n. 11). El Papa Benedicto XVI habla en su encíclica "Deus Caritas est" de "humanismo cristiano". Con el anuncio del Evangelio de Cristo muerto y resucitado, la Iglesia no sólo no contradice las aspiraciones más profundas del ser humano, sino que las lleva a cabo en ese intercambio profundo que se establece entre Dios y el hombre nuevo, Jesucristo, a través del Espíritu Santo.
La exigencia de poder "desarrollar con serenidad y plena libertad su misión", por la que toda la Iglesia se une en la oración no es sino la respuesta al mandato del Señor, que constituye una exigencia irrenunciable para la Iglesia. Por otra parte, la Iglesia se presenta hoy al mundo sin condicionamientos políticos, que el pasado pudieron convertir su acción evangelizadora problemática a los ojos de los pueblos. Su presencia tiene una única pretensión de comunicar lo que ella considera que contiene el bien verdadero del hombre, el mensaje de Jesucristo. Y, si la Iglesia pide libertad, es también consciente deque la palabra que comunica es un don que viene de Dios y no podrá ser nunca impuesto. La conversión en efecto, es una respuesta libre a la llamada del Señor.
En Roma se encuentran en la actualidad varios sacerdotes chinos estudiando. Son la respuesta a aquella preocupación que el Dicasterio de Propaganda Fide tenía ya desde el inicio, cuando en la instrucción de 1659 insistió sobre la necesidad de tener un clero autóctono. Es este clero quien, precisamente su cultura de origen, interpretará mejor que cualquier otro dentro de China el mandato misionero que Jesús confió a la Iglesia de todos los tiempos. Pedimos pues, para que la iglesia pueda en la grande China, desarrollar cada vez más libremente su misión y para que cesen las hostilidades contra Obispos y sacerdotes. Esta mayor libertad no podrá sino favorecer al bien mismo de China y a su crecimiento humano y espiritual, que todo hombre necesita. La Iglesia nutre un sincero amor hacia todos los pueblos y por tanto, también hacia el gran pueblo chino. Es este amor el que la empuja hacia el mismo para que continúe recibiendo ese Evangelio que tan sólo ha llegado a unos pocos. (Mons. Ambrosio Spreafico) (Agencia Fides 27/3/2006; Líneas: 50 Palabras: 753)


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