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Africa

2003-09-02

ÁFRICA/CONGO R.D. - LOS CASCOS AZULES REEMPLAZAN AL CONTINGENTE EUROPEO EN BUNIA, PERO ES PRECISO TAMBIÉN DETENER LA GUERRA SILENCIOSA EN LAS ALDEAS LIMÍTROFES

Bunia – (Agencia fides) - Se ha llevado a término sin dificultades la consigna de órdenes entre las fuerzas de paz de la Unión Europea en Ituri (nordeste de la República Democrática del Congo) y los cascos azules de la ONU, pertenecientes a la MONUC (Misión de Observación de las Naciones Unidas en el Congo). Ayer, 1 de septiembre, finalizaba, de hecho, el mandato de la misión Artemis; la fuerza multinacional guiada por Francia, que había sido enviada a Ituri para detener la violencia provocada por diversos grupos armados que actúan en la zona. ”La situación en la ciudad es tranquila; los soldados de la ONU han tomado las posiciones ocupadas por los militares de Artemis y la gente continúa con sus propias actividades”, declara una fuente de la Iglesia local contactada por la Agencia Fides en Bunia, capital de Ituri. “La población ha acogido bien a las fuerzas de las Naciones Unidas, por que las retiene menos comprometidas con algunos grupos armados locales respecto a los militares franceses que constituían el contingente más importante de Artemis”.
El despliegue de nuevas fuerzas de la ONU en Bunia es, seguramente, importante - continúa explicando la fuente de la Agencia Fides- pero es preciso que los soldados de paz intervengan para proteger a las poblaciones de las aldeas de la región, donde la violencia prosigue ininterrumpidamente. Se trata de una auténtica guerra silenciosa contra civiles inermes, que se conduce fuera de los reflectores de la gran prensa internacional. Ya es hora de que el mundo se dé cuenta de lo que está sucediendo aquí”.
“Al lado de estas poblaciones permanecen únicamente algunos valerosos sacerdotes que comparten con sus propios feligreses el sufrimiento que les infligen bandas sin escrúpulos” –afirma la fuente de Fides.
Ituri es, desde hace años, víctima de una guerra civil en la que están implicados diversos grupos armados locales, apoyados por algunos países limítrofes, que están interesados en la explotación de las riquezas naturales de la región. De hecho, Ituri es rico en oro, coltan (columbite-tantalio indispensable en la industria electrónica, como la de los teléfonos móviles), uranio y petróleo (aún por explotar).
El conflicto ha provocado, desde 1999 hasta hoy, más de cincuenta mil víctimas, entre las cuales algunos sacerdotes. El pasado 7 de mayo fue asesinado en su domicilio el padre Ráphaël Ngona, y el 11 de mayo los guerrilleros asesinaron a dos sacerdotes congoleños, cuyos cuerpos mutilados fueron hallados en los locales de la parroquia de Nyakasanza. Se trataba de los padres François Xavier Mateso y Aimé Ndjabu. En los locales de la Iglesia se habían refugiado, además, numerosas personas, de las cuales, al menos 48 fueron también asesinadas.
En Bunia se encontraban desplegados 700 cascos azules que, no obstante, no tenían ni la orden ni los medios para interrumpir los combates. A finales de mayo, gracias al apremio del Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annán, la Unión Europea decidió el envío de la fuerza Artemis, que debía permanecer en Bunia tres meses para permitir a la Onu reforzar sus propias tropas. El contingente de la ONU que ha reemplazado a los soldados europeos, está, ahora, autorizado al uso de la fuerza para defender a la población civil
(L.M) (Agencia Fides 2/09/03)

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