VATICANO - Las Dominicas Misioneras del Rosario

jueves, 12 mayo 2005

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - La Congregación de las Dominicanas Misioneras del Rosario nació para dar una respuesta misionera a la urgencia de cristianizar las poblaciones de la selva peruana. En 1900 la Santa Sede erigió la Prefectura Apostólica de Santo Domingo de Urubamba y Madre de Dios (actual Vicariato apostólico de Puerto Maldonado) confiándola a los Padres dominicos. Para proveer a la evangelización de aquel vasto territorio, erigido en 1913 en Vicariato Apostólico, el Vicario Apostólico Su Exc. Mons. Ramón Zubieta O.P, creyó oportuno pedir ayuda a una comunidad de religiosas. Durante un viaje a España contactó con las dominicanas del Convento de Santa Rosa en Huesca, que aceptaron colaborar en este empeño misionero.
Así el 30 de diciembre de 1913 desembarcó en Perú una pequeña expedición misionera: además del Vicario apostólico y algunos dominicos también había un grupo de religiosas dominicanas dirigidas por la Madre Ascensión Nicol. Después de un primer período transcurrido en Lima, iniciaron los primeros envíos misioneros a la selva, a pesar de que los habitantes de Lima querían que las religiosas se ocupasen de la educación de la juventud de la capital. A esta primera comunidad de religiosas siguieron otras, que iniciaron su obra misionera con la evangelización de los pobres.
De esta primera semilla nació una Congregación religiosa nueva, independiente de las comunidades de procedencia de las religiosas. Fundadores fueron Mons. Ramón Zubieta y M. Ascensión Nicol. El 5 de octubre de 1918 fue erigida en Lima la Congregación de las Hermanas Misioneras Dominicas del Santo Rosario, de las que fue nombrada como Superiora general la M. Ascensión. El objetivo del nuevo instituto era "Evangelizar a los pobres en las situaciones misioneras en las que la Iglesia tiene mayor necesidad."
Después de solo tres años, en 1921, murió de repente Mons. Zubieta y la M. Ascensión se encontró con que tenía que llevar sola el peso de la naciente institución, que se iba ampliando con nuevas fundaciones que crecieron prodigiosamente. En el mismo año de la muerte de la M. Ascensión, en 1940, Pío XII aprobó las Constituciones de la Congregación. En esta nueva etapa de su vida, la obra creció, se difundió por otras naciones y continentes, se multiplicaron las fundaciones, las vocaciones fueron abundantes y muchas joven locales fueron acogidas. El compromiso misionero de las monjas abrazó diversos campos y también se extendió a la pastoral sanitaria.
Hoy los compromisos misioneros asumidos por las Dominicas Misioneras del Rosario varían según las diversas realidades en que se encuentran: siempre en escucha del grito de los más débiles, en particular de la mujer, con una particular atención a las víctimas de la injusticia y de la marginación, en defensa de la vida en todas sus formas, por la justicia y la paz, la salvaguarda de la creación, en el campo de la educación, de la salud y de la promoción social.
Las Dominicas Misioneras del Rosario son 785 de 24 nacionalidades, presentes en 21 naciones con 144 comunidades. Están en África (Angola, Camerún, Mozambique, R.D del Congo) Asia (China continental, Filipinas, India, Taiwán, Timor Este) América (Bolivia, Chile, Ecuador, Guatemala, México, Nicaragua, Perú, Puerto Rico, Rep. Dominicana) Europa (España, Portugal) y Australia. (S.L) (Agencia Fides 12/5/2005, Líneas: 41 Palabras: 537)


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