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Dossier

2004-07-24

La cuestión de las arma en África

El drama de Darfur plantea de nuevo la cuestión de la difusión de las armas en África. Por este motivo hemos decidido adelantar la parte relativa a Africa de un dossier dedicado al tráfico de armas en el mundo.
En Darfur, como en tantas otras guerras africanas, son las armas ligeras las verdaderas armas de destrucción de masa. En esta pobre región del Sudán occidental, hombres a caballo, descendientes de salteadores de otros tiempos, arrecian armados de Kalaschnikov, matando a la población y quemando sus pobres viviendas. Son las celebres milicias filo-gubernativos Janjaweed, cuya brutalidad ha empujado al Congreso estadounidense a aprobar una resolución en la que se declara que en Darfur está en curso un genocidio. Desde el cielo la aviación de Jartum les allana el camino con bombardeos indiscriminados a base de bombas de fragmentación y de Napalm.
La comunidad internacional está discutiendo la aprobación de un embargo internacional de las armas de los Janjaweed, pero curiosamente no al gobierno sudanés, que arma y dirige estas milicias. ¿Quizás por qué algunos miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas han firmado, o están a punto de hacerlo, lucrosos contratos de armamento con Sudán? ¿No es quizás cierto que algunos países se prestan a vender decenas de aviones de combate, centenares de tanques y vehículos acorazados al ejército sudanés?
África sigue siendo un mercado, aun cuando sea pobre y aparentemente marginal, del mercado global de armas. Como se dice en el dossier de Fides, en el continente se reciclan a menudo armas viejas, procedentes de los arsenales en curso de renovación de los ejércitos occidentales y de Europa del Este, o de los ex combatientes de los conflictos africanos recientemente concluidos. Sin embargo, hay quien no desdeña de colocar en el mercado africano sistemas de nueva producción.
Víctimas de este comercio son en particular los civiles, mujeres y niños. Entre estos están también los misioneros, religiosos y laicos. Fieles al Evangelio, los misioneros permanecen junto a los más pobres y sobre todo en los momentos más dramáticos, representando, a menudo, el único punto de referencia y consuelo para personas privadas de todo, incluso la esperanza. Precisamente por esto, los misioneros son un blanco privilegiado cuando se quiere destruir una población. Estos operadores de paz, mujeres y hombres, armados sólo de la fe, continúan denunciando, desde la olvidada Africa, los males del tráfico de armas.
Las razones de este dossier aparecen en el último capítulo: "Un desarme posible". África, un continente donde la paz podría convertirse en una realidad.

El cuadro de referencia geopolítica

El fin de la guerra fría no ha visto el fin de la conflictividad en el mundo. A las guerras ideológicas, alimentadas por el enfrentamiento entre los dos bloques, han seguido las étnicas y para el control de los recursos vitales.
En África las alianzas de la guerra fría no llevaron a las constitución de organizaciones multilaterales como la OTAN. Los aparatos militares africanos, por lo tanto, han sido constituidos y alimentados en base bilateral, a cargo, en primer lugar, de las ex potencias colonizadoras y de modo subordinada de EE.UU. y URSS. La promoción del enfrentamiento entre los dos bloques a partir de la segunda mitad de los años 70 ha visto atribuir al África subsahariana un papel central. Las dos superpotencias aumentaron pues directamente su implicación en los hechos africanos directamente o más a menudo a través de aliados (Cuba para la URSS, Sudáfrica, Marruecos e Israel por parte de EE.UU). La potencia ex colonial más presente en el continente era Francia, que incluso en el contexto de la política occidental de contención de la Unión Soviética, persiguió objetivos autónomos, de tipo neocolonial. La política francesa se apoyaba en una presencia militar dirigida, con bases y tropas desplazadas en Senegal, a Djibouti, Chad, Gabón y República Centroafricana. Una de las consecuencias de este escenario es el imponente arsenal que los dos bloques han vertido en África y que se ha quedado en el puesto. Arsenal constituido sobre todo por armas ligeras que ha alimentado las nuevas guerras y una situación de criminalidad difusa.
Superada la guerra fría, los factores que determinan los conflictos africanos son los siguientes: el estado de incertidumbre en los procesos de transición incluso dentro de países que aspiran a una guía regional como Nigeria, Sudáfrica, República Democrática del Congo, Angola y Etiopía; la falta de una estrategia precisa por parte de las organizaciones continentales y sub-regionales. Además, la reducción de los recursos a disposición de los Estados africanos engendra fenómenos de erosión del consentimiento, a menudo conseguido con procedimientos redistributivos de clientela. Los conflictos por encima de las motivaciones personales, étnicas, o de rivalidad política, tienen por objeto la ocupación del Estado y, por lo tanto, el control de la renta y las ayudas financieras externas.
En este contexto, los Estados Unidos y las instituciones financieras internacionales han apoyado los procesos de cambio de liderazgo ocurridos en los años 90. Los nuevos jefes bien dispuestos hacia el "mercado" y los procesos de globalización, han reemplazado la vieja guardia: personajes como Mobutu, útiles en los tiempos de la guerra fría, pero vistos como un obstáculo en el nuevo orden económico. La ascensión de este nuevo liderato ha ocurrido, a menudo, manu militari (Uganda Rwanda, Etiopía, Eritrea, Congo) y sus principales representantes provienen de los rangos del ejército. La nueva estrategia convergente y al mismo tiempo competitiva americana y francesa es apoyarse en esta nueva clase dirigente para el control del área.
A nivel militar, la rivalidad franco-americana ha dado vida a la instalación, por caminos separados, de fuerzas armadas y de intervención adaptadas a la geopolítica africana. En la segunda mitad de los años 90 del siglo pasado, los Estados Unidos patrocinaron el African Crisis Response Iniziative (ACRI) con el objetivo de crear una fuerza inter-africana de 10.000 hombres. El objetivo de ACRI es el mantenimiento de la paz bajo la égida de la Unión Africana, pero el armamento y el adiestramiento serán provistos por EE.UU. y algunos países europeos. A pesar de las desconfianzas de Sudáfrica, Kenia y Egipto, el programa ha hecho progresos. Uganda y Etiopía se han declarado disponibles a participar, y dos países del área francófona (Malí y Senegal) más un anglófilo del África occidental (Ghana) ha expresado interés en la iniciativa EE.UU. Los países clave alrededor de los cuales gira la estrategia de Washington son Sudáfrica, Nigeria, Kenia y, una vez alcanzada la paz con Eritrea, Etiopía, mientras en el Norte de África se mira con vivo interés Argelia. Después de los atentados del 11 de septiembre, los Estados Unidos miran con cada vez mayor preocupación el arraigamiento de organizaciones extremista islámicas en África. Por este motivo, Washington ha decidido promover nuevas iniciativas para reforzar la capacidad antiterrorista de diversos ejércitos africanos. El Pan-Sahel Iniciativess, apunta, en particular, a incrementar la colaboración de los militares americanos con un serie de países de la franja del Sahel (Malí, Mauritania, Argelia, Chad, Níger, Senegal).
Francia prefiere hablar de Capacidad africana de reaccionar a las crisis (CARC) o de Consolidación de la capacidad africana de mantenimiento de la paz (RECAMP). Los planes de París confían en mayor medida con respecto a los de Washington sobre la intervención de la ONU, de la Unión Africana y de las organizaciones regionales. La fuerza africana patrocinada por Francia no debería ser autorreferencial como la querida por Washington. Y en lugar de una única fuerza como la americana, los planes franceses se están orientando hacia la formación de centros sub-regionales complementarios - con la instalación de ejercicios conjuntos y preposicionamiento de materiales - que serían llamados a colaborar en casos de urgencia. La estrategia francesa se apoya en un dispositivo militar reducido con respecto al de tiempo atrás, así repartido: Djibouti (3300 hombres), Senegal (1300), Chad (850), Costa de Marfil, 4000 y Gabón (600)(1).
La rivalidad entre París y Washington, contribuye así, al aumento del comercio de armas en África. Si por una parte ambas potencias tienen interés en circunscribir las áreas de inestabilidad para no poner en peligro sus posiciones, por otra están tentados de adquirir nuevos clientes con la donación de armas y asistencia militar a gobiernos, aparatos paralelos y a grupos rebeldes(2).
Los datos del anuario 2000 del Instituto Internacional de Estocolmo para la búsqueda de la paz (Sipri Yearbook 2000) confirman esta tendencia. Según el Sipri los gastos militares africanos están en ascensión a partir de 1997. En 1999 el gasto militar aumentó en un 22% respecto a 1996, año de máxima contracción de las salidas militares. Estas cifras son solo indicativas puesto que no están disponibles los datos de algunos países como Angola.
En una situación de ausencia o fuerte debilitamiento del estado, los actores (públicos y privados) presentes en los teatros bélicos africanos son diversos: tropas regulares, grupos de guerrilla o paramilitares, unidad de autodefensa, mercenarios extranjeros y tropas regulares extranjeras. La financiación del esfuerzo bélico es atribuible a las siguientes fuentes (3) : traslado de bienes a favor de las unidades combatientes (robos, saqueos, toma de rehenes y control de los mercados); impuestos o tangentes sobre la producción de bienes primarios y varias formas de comercio ilegal (como son los tráficos clandestinos de diamantes o de droga que también están tomando fuerza en África); asistencia externa como remesas de refugiados al extranjero, asistencia dirigida desde la diáspora que vive en el extranjero o ayudas de gobiernos o multinacionales extranjeros; desviación de la asistencia humanitaria a favor de las unidades combatientes (ejercito o guerrilla).
La disponibilidad de armamentos está asegurada por al menos tres factores:
1- El desarme de los arsenales de los países OTAN y del Pacto de Varsovia, a causa del fin de la guerra fría. Los enormes stock de armas así creados, dado el alto coste de su destrucción, a menudo son introducidos en el mercado a través de operadores comerciales sin escrúpulos. En particular los países del ex Pacto de Varsovia, en la búsqueda desesperada de divisa valiosa, están entre los más activos en proveer los flujos directos hacia África. Desde el punto de vista técnico, las armas de tipo soviético son bien conocidas por los africanos, dado que guerrillas filo-occidentales como la Unidad angoleña fueron armadas, por canales paralelos, con sistemas orientales.
2 - El desarme de aparatos bélicos al final de guerras locales, no ha visto la destrucción de los arsenales existentes sino que han ido al mercado favoreciendo nuevas guerras o grupos criminales. Esto ha ocurrido en África (por ejemplo el ya recordado Mozambique) y en Asia (por ejemplo en Camboya).
3 - Nuevas producciones tanto por parte de las mayores potencias (entre ellas Israel colocado injustamente por algunos autores entre los productores del tercer mundo) que han reestructurado y modernizado la propia industria militar en los años 90, como por parte de productores del tercer mundo (Brasil, Egipto, las dos Corea, China, Irán, Chile). En el África subsahariana el mayor productor de armas es Sudáfrica que cuenta con una industria diferenciada y sofisticada, en cuyo capital han entrado en fuerza los colosos de los armamentos franco-alemanes (EADS) e ingleses (BAE). Pequeñas producciones de armas ligeras y municiones están presentes en Zimbabwe, Uganda y Nigeria.
Junto al comercio de armas están las actividades púdicamente definidas "de consultoría militar". Adiestramiento, formación, suministro de servicios logísticos a las diversas formaciones presente en los teatros bélicos africanos son las "especialidades" ofrecidas por agencias internacionales especializadas. La figura del mercenario ha evolucionado. Junto al "viejo mercenario", miembro de bandas colecticias constituidas según la necesidad, se ha afirmado la figura del contratado por verdaderas y propias multinacionales de la "seguridad" (4), entre ellas incluso la ONU está decidida a recurrir. En la rama están presentes también estados de economía socialista como Cuba y Corea del Norte, que a finales de los años 90 ha provisto tropas mercenarias el primero en Angola y Congo Brazzaville y el segundo en la República Democrática del Congo
Están presentes en África al menos 90 fuerzas de seguridad privadas de varios tipos (5). Sólo en Angola hay 80 porque el gobierno angoleño solicita a las compañías mineras y petrolíferas que provean a la propia seguridad. Una de las más famosas era el Executive Outcomes (EO) surafricano, que prestó asistencia bajo forma de consejeros militares, estrategias de batalla, adiestramiento de personal de tierra y aéreo, intervención directa en los conflictos y protección de los intereses mineros y petrolíferos presentes en el teatro bélico. La sociedad habría dejado las propias actividades a finales del 1999(6). El caso de EO continua siendo, en todo caso, emblemático ya que formaban parte del mismo grupo algunas sociedades mineras que se aseguraban los derechos de la explotación de las riquezas de los países que solicitaban su intervención. Uno de estos, Branch Energy, ha sido señalada por Diamondworks, una compañía asociada a Sandline, como una sociedad de mercenarios británicos. Esto como demostración del fuerte enredo de intereses entre actividades de extracción, comercio de armas y empleo de los mercenarios en África.
Estados Unidos, pero también Gran Bretaña y, quizás en menor medida, Francia(7), han integrado en su estrategia militar el empleo de las sociedades de mercenarios. La Defence Intelligence Agency (DIA) el servicio secreto del Pentágono, ha iniciado contactos con las principales agencias del sector para estudiar su empleo en el ámbito de la geopolítica africana de EE.UU.
Esto en una lógica que ve como el occidente confía la gestión de las propias actividades militares en África (pero también en América latina) a actores locales (armados y adiestrados por programas como Acri o Recami) y a sociedades privadas, para evitar riesgos para el propio personal militar(8).
Por tanto, junto al armamento y adiestramiento ofrecido de Estado a Estado, se hacen cada vez más importantes los suministros bélicos entre entidades privadas. Y las consideraciones de orden geopolítico a menudo llevan a un segundo plano las de carácter estrictamente comercial. Ocurre así que la compañía petrolífera ELF financia ambas partes del conflicto del Congo Brazzaville con tal de mantener las concesiones petrolíferas en el País(9).
La privatización de la guerra también tiene aspectos paradójicos en África, como evidencia el progresivo vaciamiento de las capacidades militares de los ejércitos regulares africanos. Temiendo golpes de estado y revueltas militares, muchos Presidentes africanos (que en muchos casos han subido al poder gracias a golpes militares) han transformado las unidades regulares en "ejércitos de parada", creando al mismo tiempo, guardias pretorianas bien armadas y milicias privadas para la propia seguridad. Estos cuerpos están formados por hombres fieles pertenecientes a la misma etnia del hombre fuerte del país. Es por lo tanto claro, que de este modo se minan los fundamentos del estado a favor de entidades sub-estatales (etnia, tribu, etc..) o extra-estatales, (network criminales, multinacionales mineras y agrícolas, etc…).
El tráfico de diamantes es otro ejemplo de este tipo. La constitución de una network para la comercialización de diamantes producidos en las zonas controladas por los rebeldes en Sierra Leona, ve junto a la red de traficantes de diamantes, los centros de compraventa de los mismos (en Bélgica, Gran Bretaña, Suiza, Sudáfrica, India, EE.UU. e Israel) los países cercanos (como Liberia) que alimentan la guerrilla para lucrar con este tráfico, los proveedores de armas (a menudo con bases en paraísos fiscales como las islas Caimán o los Emiratos Arabes Unidos), compañías aéreas complacientes que las transportan a destinos y países como Burkina Faso, que permiten el tránsito en sus puertos y aeropuertos o proveen los end user certificate(10).
En los tráficos de diamantes africanos a menudo están implicados personajes del Medio Oriente y junto a las motivaciones comerciales algunas zonas de África se han convertido en zonas de enfrentamiento "por el poder" entre las potencias medio orientales. El gobierno de Sudán, por ejemplo es apoyado por Irán, mientras que la guerrilla del SPLA (Ejercito de Liberación del Pueblo sudanés), recibe ayudas de Eritrea y Uganda(11).
Sudán recibe además, ayudas y financiaciones para su esfuerzo bélico de compañías petrolíferas asiáticas: la competición por los recursos vitales implica no sólo a los occidentales sino también las economías asiáticas. África subsahariana corre el riesgo por lo tanto, de convertirse, cada vez más, en terreno de conquista de las economías más fuertes.
Los intereses de la llamada new economy se entrelazan con la del old economy. El Coltan, mineral estratégico para la industria de los móviles, es extraído en una zona del Congo bajo el control de los rebeldes apoyado por Uganda y Rwanda. Los compradores son algunas de las más importantes multinacionales occidentales que adquieren el mineral a través de sociedades situadas en Uganda y en Kazakistán(12).


La producción militar en África

En África, la difusión de armas ligeras es una plaga bien conocida, que contribuye a la inestabilidad de amplias zonas del continente. Además de las armas procedentes de otras partes del mundo (sobre todo, pero no exclusivamente, de Europa del Este) se está afirmando una producción local que podría tener en el tiempo desarrollos inquietantes. Entre los países africanos productores de armas están Sudáfrica, Zimbabwe, Nigeria, Namibia, Uganda, Kenia y Tanzania, a los que se suma Egipto.
El mayor productor es Sudáfrica, que ha heredado del régimen del apartheid una industria militar sofisticada y diversificada. Actualmente, en Sudáfrica hay unas 700 empresas que trabajan en el sector militar y que emplean a 22.500 personas (a finales de los años 80 eran 160.000). La mayor parte son pequeñas y medianas industrias, mientras que el coloso estatal Denel controla las empresas más significativas. Por lo que concierne a las armas ligeras, los mayores productores son: Vektor (pistolas, fusiles de asalto, ametralladoras, morteros, cañones automáticos de 20 mm); MGL Milkor Marketing (Pty) Ltd (lanzagranadas automáticos); Mechem (fusiles antimateriales de 12,7 y 20 mm); ARAM (Pty) Ltd (ametralladoras pesadas de 12,7 mm); New Generation Ammunition (munición de pequeño y grande calibre), LIW (cañones de 30 y 35 mm); Truvelo Armoury Division (pistolas, fusiles y partes de armas ligeras); Pretorio Metal Pressings (PMP) (munición 12.7 x 99mm; 12.7 x 76mm; 9 x 19mm; 7.62 x 51mm; 5.56 x 45mm).
Según los datos oficiales, el país exporta productos bélicos en 61 países diferentes, aunque las áreas privilegiadas son el Medio Oriente y África. El mayor cliente es Argelia, a pesar de que este país es presa de una guerra civil en la que las fuerzas de seguridad son acusadas de atrocidades y matanzas contra los civiles. Los clientes más importantes son: Argelia, India, República Popular China, Emiratos Arabes Unidos, Taiwán, Singapur, Tailandia, Camerún, Chile, Colombia, Kuwait, Omán, Perú, Swazilandia, Congo Brazzaville, Botswana, Uganda, Rwanda, Túnez, Costa de Marfil, Kenia, Zambia, Mozambique y México.
En el 2001, el 32% de las exportaciones surafricanas fueron absorbidas por África. Solo Argelia representa el 28% del total de ventas en África. Se han vendido al país norteafricano entre otras cosas, UAV (aviones sin piloto) de reconocimiento y un paquete de puesta al día de la flota de helicópteros cañonera Mil Mi24 Hind de origen soviético. El resto de las exportaciones están así subdivididas: 15% Medio Oriente; 16% Asia del Sur; 15% resto de Asia; 16% Europa; 5% América y 1% Naciones Unidas (equipamiento para los Cascos Azules).
No todos los países pueden recibir los mismos sistemas producidos por las industrias surafricanas. La ley sobre exportación de armamentos ha localizado 4 categorías de medios que están sometidos a un diferente grado de control para su exportación:
-Category A: Sensitive Major Significant Equipment (SMSE) - es decir, toda arma que puede provocar un alto número de víctimas y altos daños a las estructuras.
-Category B: Médium Significant Equipment (SSE) - armas ligeras.
-Category C: No-sensitive equipment (NSE) - sistemas usados en apoyo de operaciones de combate sin una especifica capacidad letal (por ejemplo sistemas logísticos y de telecomunicaciones)
-Category D: No-lethal equipment (NLE) - medios defensivos como los sistemas de eliminación de minas. Luego algunos países sólo pueden adquirir sistemas de las últimas dos categorías (no letales) como Zimbabwe en el que el último suministro se remonta al 2000 y sólo concernió a sistemas de la categoría D.
También Zimbabwe ha heredado una embrionaria industria bélica del anterior régimen, (cuando el país todavía se llamaba Rhodesia). Partiendo de esta base en 1984 se fundó la Zimbabwe Defence Industries (ZDI). Esta empresa produce armas ligeras, munición y minas. El Know how para la producción de explosivos y morteros ha sido provisto por Francia, mientras que China ha construido una fábrica de munición para armas de infantería. Entre los clientes del ZDI están Angola (el ejército gubernativo y los rebeldes de la UNITA), los rebeldes sudaneses y la República Democrática del Congo. En el Congo, donde las tropas de Mugabe apoyan al Presidente Kabila, a cambio de los suministros del ZDI, Harare ha logrado obtener la concesión del 37,5% de las acciones de Gecamines, la empresa minera de estado del Congo. Zimbabwe, por último, busca nuevos partner para la producción de armamentos. Antes del fin de la guerra en Angola, se realizaron coloquios entre Luanda y Harare para la fundación en Angola de un establecimiento común para la realización de armamentos. Con el fin de la guerra, en cambio, el gobierno angoleño parece haber perdido interés en la empresa.
El ZDI produce armas ligeras (en particular copias de la metralleta israelí UZI y de la checa CZ25) y sobre todo, munición (del 9 mm al 20 mm) proyectiles de mortero (60, 81 y 120 mm) granadas antipersonales y antitanques. Entre los clientes oficiales de Zimbabwe están Sudáfrica, Malawi, Botswana, Tanzania y Zambia
También África oriental y Uganda cuentan con una pequeña industria bélica. En este país hay al menos tres fábricas de armas. La más grande, Nakasongola Arms Factory, es de propiedad china (una unión entre el gobierno de Pekín y algunos técnicos y empresarios de origen chino, norcoreanos y surafricanos). Este establecimiento se encuentra en la región de Gulu (donde arrecia desde hace años el Lord Resistance Liberation Army-LRA), y produce armas ligeras y minas, ofrecidas al ejército de Burundi y a la UNITA angoleña. Está luego el Saracen que abastece al ejército ugandés, y cuyo propietario es el Strategic Resources Corporation, una sigla tras la que se esconde el famoso Executive Outcomes (EO), la Compañía Militar Privada (PMC) surafricana, que cesó oficialmente las actividades a finales del 1999, pero que se sospecha actúe tras siglas más discretas. Por último, está el Ottoman Engineering LTD, especializado en la armas ligeras. Uno de los clientes de la industria ugandesa es la República Democrática del Congo.
En Kenia, la Kenia Ordnance Factories Corporation produce munición para pistolas y fusiles de asalto (20-60.000 al día). La fabrica fue construida con el concurso del FN belga y fue inaugurada en el 2000. El gobierno de Kenia afirma que su producción sólo se destina a las fuerzas armadas locales y que no quiere conceder licencias de exportación.
El único productor bélico del África occidental es Nigeria. La Defence Industries Corporation of Nigeria (DICON) fue creada en 1964, con una adecuada ley, el Defence Industries Corporation of Nigeria Act. Esta industria tuvo un papel importante durante la guerra de secesión del Biafra (1968-70). Confiada a managers extranjeros, la empresa fue declarada fracasada en 1972 y su director general, un alemán, fue expulsado del país. La sociedad ha seguido funcionando de modo alternativo durante unos 30 años, bajo el régimen de los militares. A finales de los años 90, el nuevo gobierno civil decidió reenvidar la producción militar. A tal fin, se nombró una nueva junta de administradores del DICON y se establecieron contactos con Rusia para el traslado de tecnologías.
La empresa nigeriana emplea actualmente unas 700 personas en el establecimiento de Kaduna dónde se producen armas ligeras y munición, mientras en la fábrica de Bauchi se realizan vehículos acorazados ligeros. Oficialmente las armas producidas se destinan exclusivamente a las necesidades de las fuerzas armadas y policía nigerianas. Entre los materiales producidos se encuentran: Nigerian Rifle 1 Model 7.62 mm(NR 1 - 7.62 sobre licencia británica-belga,; Nigerian Pistol 1 - Model 9MM (NPI - 9mm); Sub-Machine Gun (PM 12S Calibre 9MM a licencia de la Beretta italiana, DICON SG 1 - 86 Single Barrel Shot Gun; DICON M 36 Hand-Grenade; 7.62mm x 51 soft core (Ball) Cartridge 7.62mm X 51 Soft core (Ball); 7.62mm x 51 Blank Bulleted 9 x 19MM Parabellum Cartridge;9MM Blank Star; 12 Bore Shot - Gun Cartridge.
En el Norte de África, el mayor productor de armamentos es Egipto. Este país también exporta en África sub-sahariana. En el 1992, 2 años antes del genocidio rwandés de 1994, se firmó un contrato de adquisición de armas egipcias a favor del ejército rwandés. El contrato, garantizado económicamente por un banco francés, comprendía morteros de 60 y 82 mm; 16.000 proyectiles de mortero; algunos obuses de 122 mm con 3.000 golpes; lanzacohetes; explosivos; minas antipersonales y 3 millones de proyectiles de pequeño calibre(13).
Entre los productores egipcios de armas ligeras están: Abu Kir Engineering Industries / Factory 10 (munición de pequeño calibre); Al-Ma'asara Company for Engineering Industries (MF 45) (munición de pequeño y grande calibre); Arab Internacional Optronic (AIO) S.A.E (sistemas de puntería); Helwan Machine Tools Company / Factory 999 (morteros); Kaha Company for Chemical Industries (MF 270) (granadas de fusil, bombas de mano); Maadi Company for Engineering Industries (pistolas, fusiles, ametralladoras ligeras y pesadas, lanzagranadas); Sakr Factory for Developed Industries (cohetes antitanque); Shoubra Company for Engineering Industries (MF 27) (munición).


La herencia de muerte de los conflictos finalizados

Cuando una guerra termina, uno de los problemas a afrontar es el desarme de los ex combatientes. Desgraciadamente, a pesar de los esfuerzos realizados por las Naciones Unidas y otras organizaciones, en muchas ocasiones no se ha logrado conseguir un desarme total. Uno de los más recientes ejemplos es el programa de Desarme y Desmovilizaciones en Liberia. La guerra civil entre los combatiente fieles al depuesto Presidente Charles Taylor y los guerrilleros del LURD, (Liberianos Unidos por la Reconciliación y la Democracia) y del MODEL (Movimiento por la Democracia en Liberia) concluyó en agosto del 2003. El país se encuentra frente al problema de desarmar a más de 85.000 combatientes, 20.000 de ellos niños soldado (algunos menores de 9 años).
Después de una falsa salida en diciembre del 2003 (ver Fides 9 de diciembre del 2003) el programa de desarme administrado por la ONU se inició el 15 de abril del 2004. A cambio de la participación en el programa de desmovilización, los combatientes recibieron 300 dólares (en dos partes, 150 dólares enseguida, y el resto 3 meses después de haber participado en el programa de reintegración en la sociedad civil). Hay que destacar que los ex guerrilleros no tienen la obligación de presentarse con el arma propia para entregarla a los Cascos Azules de la ONU. Se ha creado así una situación paradójica con la confinante Costa de Marfil. También en este país, en efecto, se ha iniciado un proceso de recuperación de las armas de los guerrilleros de las "Fuerzas Nuevas", que controlan las regiones del Noroeste. En Costa de Marfil, los ex guerrilleros tienen que entregar las propias armas, pero a cambio reciben una suma más alta (900 dólares). Se ha creado así un tráfico de armas de Liberia a Costa de Marfil, como también denunció la Iglesia Católica liberiana (ver Fides 3 de mayo del 2004). La guerrilla liberiana en efecto trata de ganar dos veces, participando en el programa de desarme en el propio país y en el de la Costa de Marfil. En este último caso, los liberianos actúan vendiéndose como combatientes marfileños o bien vendiendo las arma a los guerrilleros de Costa de Marfil a cambio de un porcentaje de los 900 dólares de pago por la entrega del arma.
El hecho de que los guerrilleros liberianos pueden participar en el programa de desarme sin entregar las arma está teniendo consecuencias negativas en la propia Liberia. Además los guerrilleros tienden a entregar armamentos viejos o inutilizables, escondiendo los equipos mejores. Así, de 11.000 combatientes registrados en la primera semana del programa de desmovilización, sólo se recobraron 8.500 armas. Teniendo en cuenta que los combatientes pudieran poseer más de un arma se trata de un resultado bastante desilusionante y preocupante (ver Fides 10 de julio del 2004). Pero incluso donde el programa de desarme ha conseguido buenos resultados, hay motivos de preocupación. En Congo Brazzaville, por ejemplo, el programa promovido por IOM y UNDP iniciados en julio del 2000 ha permitido recobrar en menos de un año cerca del 28% de las 57.000 armas ligeras en circulación en el país.
Las armas en circulación van así a alimentar circuitos ilegales que abastecen la delincuencia y guerrillas de países cercanos. La herencia de muerte constituida por estas armas continua pues representando una fuente de desestabilización para regiones enteras de África. Así, el arma preferida por el bandolerismo africano no es la pistola sino el Kalaschnikov (AK47), reciclado de ex combatientes. Los cazadores furtivos que arrecian en el Parque Nacional Kafue en Zambia septentrional, por ejemplo, utilizan Kalaschnikov importados al país por prófugos angoleños. En el Norte de Camerún, más de la mitad de los bandoleros de la calle son ex combatiente procedentes de la República Centroafricana, Chad y Nigeria.
A causa de la relativa difusión de armas ligeras en el continente, el 18% de los homicidios y suicidios con armas de fuego registrados en un año en todo el mundo, han ocurrido en África. En el continente, las armas de guerra son usadas en el 35% de los homicidios, en el 13% de los atracos, y en el 2% de las violaciones. El país más afectado por la violencia armada es Sudáfrica, dónde cada año ocurren 30 homicidios con armas de fuego por cada 100.000 habitantes, un dato que sitúa el país en el segundo puesto a nivel mundial, después de Colombia.

Un desarme posible

Sin embargo, según algunos expertos, la situación africana es trágica pero no desesperada. Las consideraciones sobre el número de armas ligeras en circulación en África sub-sahariana han sido revisadas recientemente con una disminución: de una consideración inicial de 100 millones de piezas se ha pasado a 30 millones (el 5% de todas las armas ligeras en circulación en el mundo). Se trata de una cifra todavía consistente pero que no hace imposible la realización de programas de desarme. Es de señalar que cerca del 80% de estas armas están en manos de civiles, contribuyendo a la inestabilidad de muchas zonas de África.
Por otro lado, este dato es preocupante porque significa que un número reducido de combatientes, con relativamente poco armas, es capaz de comprometer la vida de países enteros.
Esta situación se puede hallar en el África occidental, dónde las guerras civiles en Liberia y Sierra Leona han doblegado al estado y destruido el tejido económico y social de ambas naciones. Se calcula que en los años 90 del siglo pasado, en el ápice de la violencia en la región, el total de los insurrectos era de 47.000 combatientes con cerca de 60-80.000 armas. Teniendo en cuenta las armas adquiridas para reemplazar las destrozadas, perdidas o robadas, en 10 años, la región ha absorbido no más de 250.000 armas.
La presencia de armas en la región también ha determinado flujos ilegales dirigidos hacia países considerados relativamente estables como Ghana dónde, según datos oficiales, hay más de 40.000 armas fuera del control del Estado. En Nigeria, país atravesado por tensiones étnico-religiosas que a menudo desembocan en actos violento, habría al menos un millón de armas detenidas ilegalmente.
Hay que tener en cuenta que cuando se está ante intereses económicos y estratégicos como es el control de recursos como el petróleo, no hay problemas para los contendientes locales para hallar armamentos. Es el caso de las tres guerras civiles que han afectado al Congo Brazzaville en 1993, 1997 y 1998-99. Las diversas milicias que se han combatido han recibido un flujo constante de suministros bélicos. De las 74.000 armas ligeras distribuidas a las fuerzas combatientes congoleñas, 24.500 provienen de los arsenales de las fuerzas de seguridad, y 49.500 ha sido importadas. Entre los países que han vendido armas a los diversas milicias congoleñas están Israel, Sudáfrica, China, Bulgaria, Rusia. Otros suministros han pasado a través de Angola, República Democrática del Congo, Gabón y Zimbabwe. Congo Brazzaville tiene la triste primacía de ser el primer país en el que un actor no estatal, la milicia Cobra, ha entrado en posesión de los mortales cohetes termobaricos rusos RPO-A. Shmel. Se trata de cohetes empleados por las fuerzas soviéticas en Afganistán y de la rusas en Chechenia que utilizan una mezcla de aire-combustible para crear un estallido que quema el oxígeno en el área alrededor del blanco. Se produce entonces una fuerte y repentina descompresión que arrasa los edificios circunstantes y aplasta los pulmones en la caja torácica.
Los circuitos criminales internacionales son capaces de abastecer los arsenales de la guerrilla y por tanto, también del terrorismo, de sofisticados instrumentos de muerte. (L.M) (Agencia Fides 24/7/2004 Líneas: 411 Palabras: 5.480)



(1)Emmanuel Ela Ela, La nouvelle politique de coopération militaire de la France en Afrique, “Défense nationale”, p.94.
(2)Cfr. Giampaolo Calchi Novati, op.cit., p.11.
(3)Cfr. Mary Kaldor, Le nuove guerre, Carocci, Roma, 1999, p.119.
(4)Cfr. Jacques Chateau, La fin de l’ordre militare et le retour des mercenaires, 1991-2001, Université de Marseille-Aix, année 2001-2002. Este autor distingue entre mercenario tradicionales, milicia y grupos armados privados incluso de carácter extremista religioso (el grupo de Bin Laden), Compañías de seguridad privada, empeladas con frecuencia en la protección de recursos estratégicos (minas, pozos di petróleo) y las Compañías militares privadas o empresas trasnacionales de seguridad, en grado di realizar acciones militares complejas.
(5)Cfr. David Isenberg, Soldiers of fortune Ltd, A profile of today’s sector private corporate mercenary firms, Center for Defence Information Monograph, Washington DC, Novembre 1997.
(6)EO fue cerrada oficialmente en 1999, a causa de una nueva ley sudafricana que limita las actividades de los mercenarios. Diversos comentadores retienen que el personal y el capital di EO haya confluido en otras sociedades que actúan en Africa come Lifeguard y Saracen, de las que el ministro de defensa ugandés detiene el 45% del capital (Cfr. Jacques Chateau, op.cit.)
(7)En Francia se va con retraso con respecto al mundo anglosajón en el desarrollo de autenticas Compañías militares privadas (cfr. Jacques Chateau, op.cit.)
(8)Mariano Aguirre, L’occident en quệte de supplétifs, “Le Monde Diplomatique” marzo 2001.
(9)Rapport d’information de la Commission des Affaires étrangères sur le rôle des compagnies pétrolières dans la
politique internationale et son impact social et environnemental # 1859, présenté par les députés Aubert, Brana et
Blum, enregistré le 13 octobre 1999, citato da Jacques Château, op.cit.
(10)Cfr. Report of the panel of experts appointed pursuant to Un resolution 1306 (2000), paragraph 19 in relation to Sierra Leone.
(11)Cfr. Human Right Watch Sudan, Global trade, local impact. Arms transfers to all sides in the civil war in Sudan, Agosto 1998. No olvidar además el interés de Egipto en preservar su recurso vital: el Nilo.
(12)Massimo A. Alberizzi, La guerra del minerale misterioso. Migliaia di morti in Congo per il Coltan, la sabbia nera ‹‹ più preziosa dell’oro››, Il Corriere della Sera 26 aprile 2001.
(13)Stephen D. Goose and Frank Smyth; “Arming Genocide in Rwanda” in Foreign Affairs, Settembre/Ottobre 1994, se puede consultar en las siguiente dirección Web: http://www.franksmyth.com/clients/FrankSmyth/frankS.nsf/0/6c451d09f1540d7585256b7b00790668?OpenDocument. Según el estudio citado, en el mismo periodo, Rwanda adquirió de Sudáfrica armas por un valor de 5,9 millones de dólares. El abastecimiento comprendía fusiles R4 (copia sudafricana del Galil israelita), metralletas Browning de 12,7 mm, 100 morteros de 60 mm, 70 lanzagranadas de 40 mm con 10.000 colpi, 20.000 bombas de fusil, 10.000 bombas de mano, 1 millón y medio de cartuchos para fusiles R4 y más de un millón de proyectiles para ametralladoras Browning.

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