En Barcelona, León XIV sigue las huellas de Gaudí, arquitecto misionero

martes, 9 junio 2026

Por Marie-Lucile Kubacki

Barcelona (Agencia Fides) – «La nueva torre hace realidad el proyecto de Gaudí, su arquitecto, profundamente inspirado por la fe. Él fue el primero en entender el arte como forma de anuncio evangélico y lenguaje privilegiado de la misión cristiana», ha declarado el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado de la Santa Sede, en una entrevista concedida a los medios vaticanos con motivo del viaje apostólico del Santo Padre a España, del 6 al 12 de junio de 2026.

En la basílica de la Sagrada Familia, el Papa presidirá una concelebración eucarística el 10 de junio y participará en la inauguración de la torre de Jesucristo.

Al presentar esta torre como un «faro de redención y esperanza» y una «obra de evangelización», el secretario de Estado ha situado la Sagrada Familia más allá de su dimensión artística y cultural. Para la Santa Sede, el edificio manifiesta una Iglesia que es «una obra en construcción de piedras vivas, en continuo crecimiento a lo largo de la historia», llamada a elevar la mirada de los hombres hacia Dios.

Este enfoque arroja una luz particular sobre la figura del venerable Antoni Gaudí y sobre su contribución a una arquitectura misionera, que no es simplemente fruto de su genio estético, sino el resultado de un camino de conversión.

Nacido en 1852 en una familia católica, el arquitecto catalán en sus primeros años fue un cristiano más bien tibio. Sin embargo, las pruebas de la vida -la enfermedad y las pérdidas familiares- fueron abriendo en él un espacio cada vez más profundo para su relación con Dios. Cuando aceptó dirigir las obras de la Basílica de la Sagrada Familia, también le atraían las perspectivas profesionales que aquel proyecto le ofrecía. Pero aquel joven Gaudí se transformó poco a poco en un «arquitecto monje», según la conocida expresión de Patrick Sbalchiero en su ensayo ‘Antoni Gaudí. L’architecte de Dieu’, en referencia a la pobreza y la austeridad que marcaron los últimos años de su vida.

La Sagrada Familia fue modelando el corazón del hombre al mismo tiempo que él trabajaba la piedra. La obra transformó al artista en la medida en que este la encomendó a Dios. La construcción, que es una basílica expiatoria -su nombre completo en catalán es Basílica i Temple Expiatori de la Sagrada Família- financiada exclusivamente mediante limosnas, es decir, gracias a las aportaciones de fieles y visitantes, ha sufrido numerosas interrupciones, sobre todo por dificultades económicas hasta el punto que todavía hoy sigue siendo una obra inacabada. Pero precisamente por esta historia singular, es una iglesia hecha de piedras vivas, edificada con fe y oración.

Durante la dedicación de la iglesia y de su altar, en 2010, Benedicto XVI recordó que Gaudí, ante las innumerables dificultades que encontraba, exclamó un día, «lleno de confianza en la divina Providencia»: «San José terminará la iglesia».

Por ello, no es solo al «gran arquitecto» a quien el Papa León XIV rinde homenaje con su presencia, sino también a una determinada concepción del arte y de la vocación del artista misionero. «Con su obra, Gaudí nos muestra que Dios es la verdadera medida del hombre; que el secreto de la auténtica originalidad consiste, como él mismo decía, en volver al origen, que es Dios. Al abrir así su espíritu a Dios, fue capaz de crear en esta ciudad un espacio de belleza, fe y esperanza que conduce al hombre al encuentro con Aquel que es la verdad y la belleza mismas», afirmaba Benedicto XVI en 2010.

Un siglo después de la muerte del arquitecto, la basílica sigue interpelando, con su singular belleza de inspiración vegetal, a los cerca de 4,8 millones de visitantes que recibe cada año.
(Agencia Fides 9/6/2026)


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