VATICANO/URBI ET ORBI - El Papa Francisco: Cuánta voluntad de muerte en el mundo, pero el mal ya no tiene poder sobre quien acoge la Pascua de Cristo

domingo, 20 abril 2025

Fabio Beretta/Agenzia Fides

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – “Cuánta voluntad de muerte vemos cada día en los numerosos conflictos que afectan a diferentes partes del mundo. Cuánta violencia percibimos a menudo también en las familias, contra las mujeres o los niños. Cuánto desprecio se tiene a veces hacia los más débiles, los marginados y los migrantes… El mal no ha desaparecido de nuestra historia, permanecerá hasta el final, pero ya no tiene dominio, ya no tiene poder sobre quien acoge la gracia de este día” en el que Cristo ha resucitado.

Así lo ha escrito el Papa Francisco en su mensaje Urbi et Orbi con motivo de la Pascua. El Pontífice, convaleciente de una hospitalización por neumonía bilateral, no ha participado físicamente en la celebración de la Misa, que ha tenido lugar en una Plaza de San Pedro bañada por el sol y el viento. La Misa de Pascua ha sido presidida por el cardenal Angelo Comastri, vicario general emérito de Su Santidad para la Ciudad del Vaticano y las villas pontificias de Castel Gandolfo, arcipreste emérito de la basílica de San Pedro del Vaticano y presidente emérito de la Fábrica de San Pedro.

Pero el Papa Francisco, que había “expresado su deseo de estar presente en la plaza”, según ha informado en las últimas horas la Oficina de Prensa del Vaticano, se ha asomado desde la logia central de la Basílica de San Pedro a mediodía en punto. “¡Feliz Pascua!”, las palabras pronunciadas por el Pontífice ante el micrófono con voz cansada. Aplausos y gritos de alegría han sido la respuesta de los más de 40.000 fieles presentes. A continuación, el Obispo de Roma ha confiado la lectura del mensaje “a la Ciudad y al Mundo” al Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, el Arzobispo Diego Ravelli.

El primer pensamiento del Papa ha sido para los que viven “en el dolor y la angustia”. La Pascua, ha comentado el Pontífice, “es la fiesta de la vida! ¡Dios nos ha creado para la vida y quiere que la humanidad resucite! A sus ojos toda vida es preciosa, tanto la del niño en el vientre de su madre, como la del anciano o la del enfermo, considerados en un número creciente de países como personas a descartar”.

En este día, ha añadido el Pontífice, “quisiera que volviéramos a esperar en que la paz es posible. Que desde el Santo Sepulcro -Iglesia de la Resurrección-, donde este año la Pascua será celebrada el mismo día por los católicos y los ortodoxos, se irradie la luz de la paz sobre toda Tierra Santa y sobre el mundo entero”. El Papa ha declarado su cercanía “al sufrimiento de los cristianos en Palestina y en Israel, así como a todo el pueblo israelí y a todo el pueblo palestino”. Y su preocupación por “el creciente clima de antisemitismo que se está difundiendo por todo el mundo”, al mismo tiempo que ha extendido su oración “a la comunidad cristiana de Gaza, donde el terrible conflicto sigue llevando muerte y destrucción, y provocando una dramática e indigna crisis humanitaria. Apelo a las partes beligerantes: que cese el fuego, que se liberen los rehenes y se preste ayuda a la gente, que tiene hambre y que aspira a un futuro de paz”. Además ha lanzado una invitación a rezar “por las comunidades cristianas del Líbano y de Siria, que ansían la estabilidad y la participación en el destino de sus respectivas naciones. Exhorto a toda la Iglesia a acompañar con atención y con la oración a los cristianos del amado Oriente Medio”.

Un recuerdo especial del Papa se ha dirigido “al pueblo de Yemen, que está viviendo una de las peores crisis humanitarias ‘prolongadas’ del mundo a causa de la guerra, e invito a todos a buscar soluciones por medio de un diálogo constructivo”, y a la “martirizada Ucrania”, por la que el Obispo de Roma desea nuevamente “una paz justa y duradera”.

El otro llamamiento a la paz lanzado por el Papa ha sido en favor de “los pueblos africanos víctimas de agresiones y conflictos, sobre todo en la República Democrática del Congo, en Sudán y Sudán del Sur, y sostenga a cuantos sufren a causa de las tensiones en el Sahel, en el Cuerno de África y en la Región de los Grandes Lagos”.

“Allí donde no hay libertad religiosa o libertad de pensamiento y de palabra, ni respeto de las opiniones ajenas, la paz no es posible. La paz tampoco es posible sin un verdadero desarme. La exigencia que cada pueblo tiene de proveer a su propia defensa no puede transformarse en una carrera general al rearme”, ha añadido el Papa que ha recibido un largo aplauso de la multitud como respuesta.

El Pontífice no se ha olvidado del “pueblo birmano, atormentado desde hace años por conflictos armados, que afronta con valentía y paciencia las consecuencias del devastador terremoto en Sagaing, que ha causado la muerte de miles de personas y es motivo de sufrimiento para muchos sobrevivientes, entre los que se encuentran huérfanos y ancianos. Recemos por las víctimas y por sus seres queridos, y agradezcamos de corazón a todos los generosos voluntarios que están realizando actividades de socorro El anuncio del alto el fuego por parte de los actores implicados en ese país es un signo de esperanza para todo Myanmar”.

“Que nunca se debilite el principio de humanidad como eje de nuestro actuar cotidiano. Ante la crueldad de los conflictos que afectan a civiles desarmados, atacando escuelas, hospitales y operadores humanitarios, no podemos permitirnos olvidar que lo que está en la mira no es un mero objetivo, sino personas con un alma y una dignidad”, ha concluido el Obispo de Roma que, tras la bendición, ha subido por sorpresa al Papamóvil para saludar a los miles de fieles que le han recibido al grito de “¡Viva el Papa!”.

El mismo grito lo han lanzado los fieles durante la Misa, cuando el cardenal Comastri ha anunciado la lectura de la homilía escrita por el Pontífice para esta fiesta. Una fiesta, como ha afirmado Comastri, dando voz al Pontífice, que nos impulsa al movimiento, a buscar a Cristo resucitado “en la vida, buscarlo en el rostro de los hermanos, buscarlo en lo cotidiano, buscarlo en todas partes menos en aquel sepulcro. Buscarlo siempre. Porque si ha resucitado de entre los muertos, entonces Él está presente en todas partes, habita entre nosotros, se esconde y se revela también hoy en las hermanas y los hermanos que encontramos en el camino, en las situaciones más anónimas e imprevisibles de nuestra vida”. Con la Pascua, la fe “está lejos de ser una solución estática o un instalarse tranquilamente en alguna seguridad religiosa”.

“No podemos aparcar el corazón en las ilusiones de este mundo ni encerrarlo en la tristeza; debemos correr, llenos de alegría. Corramos al encuentro de Jesús, redescubramos la gracia inestimable de ser sus amigos”, ha añadido el Obispo de Roma, que para concluir ha citado al teólogo Henri de Lubac “«debe bastarnos con comprender esto: el cristianismo es Cristo. No es, en verdad, otra cosa. En Jesucristo lo tenemos todo» (Les responsabilités doctrinales des catholiques dans le monde d’aujourd’hui, Paris 2010, 276). Y este “todo”, que es Cristo resucitado, abre nuestra vida a la esperanza”.
(F.B.) (Agencia Fides 20/4/2025)

Fabio Beretta/Agenzia Fides

Fabio Beretta/Agenzia Fides

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