AMERICA/BOLIVIA - La distinción necesaria entre trabajo infantil y explotación

sábado, 25 junio 2011

La Paz (Agencia Fides) - Las estadísticas muestran que más de 800.000 niños tienen un trabajo a tiempo completo en Bolivia, una quinta parte de la población en el grupo de edad entre los 5 y 14 años. Son niños/niñas que trabajan como limpiabotas en La Paz, que se ponen una máscara de esquí, en parte, para resistir la contaminación, en parte para ocultar su identidad y protegerse de la discriminación; son también los controladores de las tarifas en los buses de Cochabamba; son los trabajadores informales de los mercados Salar de Uyuni, donde venden botellas de agua a los turistas que visitan las llanuras de la sal; son los cultivadores de nueces de Brasil que durante muchos meses al año corren el riesgo de contagiarse de malaria en la selva cerca de Riberalta. El libro "Diversidad en movimiento", habla de todas estas cosas y ha sido escrito por Christian Morsolin, experto del Observatorio Selvas sobre América Latina, quien trabaja en la región andina desde el año 2001, auspiciado por Terre des Hommes TDH Italia y por la Organización Católica Internacional para los Derechos de los Niños (BICE).
Robin Cavagnoud, del Instituto Francés de Estudios Andinos IFEA de La Paz, con motivo de la presentación del libro ha subrayado que “en los países andinos, la mayoría de los niños, niñas y adolescentes trabajadores se encuentran en las zonas rurales donde su participación tiene una fuerte aceptación de parte de las familias y de la comunidad en el marco de su socialización y su desarrollo. La participación económica de los niños no es una imposición de los padres sino que su compromiso en los trabajos de la chacra o del pastoreo de animales es una actividad inherente a su pertenencia cultural”. Estos niños/as y adolescentes trabajan para ayudar a la familia, para sostener sus estudios, para poder proveer a sus gastos personales, para asegurarse un futuro mejor que el de sus padres y hermanos enterrados por la silicosis y los accidentes en las minas o en las plantaciones de caña de azúcar. Desde finales de los años 90, se han agrupado en una organización llamada NATs (Niños y Adolescentes Trabajadores) presentes en Bolivia, en Sudamérica y que se ha extendido a otras partes del mundo, para reclamar su derecho a un trabajo decente, con horarios y condiciones de salud adecuadas para los niños, pero también para defender sus posibilidades de estudiar y de jugar como los demás.
Hay que señalar la preocupación constante de la Iglesia católica hacia los niños que trabajan. El Cardenal Julio Terrazas Sandoval, Arzobispo de Santa Cruz de la Sierra, ha dicho que "el reino de Dios se expresa cuando sentimos afecto y amor por los miles de niños que trabajan en la calle o que van a trabajar como si fueran adultos, que han perdido el tiempo de su infancia, que están amenazados por muchas cosas. Pero no sólo tenemos que alegrarnos, porque estamos celebrando el Día del niño trabajador, sino que tenemos que pensar que en el plan de Dios, en el Reino de Dios no se prevé que unos niños tan pequeños no tengan la posibilidad de ser libres y que su dignidad no sea reconocida”.
En 2009, se aprobó la nueva Constitución Bolivia: en el artículo 61 reconoce que "el Estado prohíbe el trabajo forzoso y la explotación infantil. Las actividades que hacen los niños, niñas y adolescentes en el ámbito familiar y social están orientadas a su educación integral, como ciudadanos y ciudadanas, y deben tener una función formativa. Sus derechos, garantías y mecanismos institucionales de protección serán objeto de una reglamentación especial".
Este reconocimiento histórico de los Movimientos Sociales NATs es el resultado de una gran movilización de los niños trabajadores. Es la primera vez en la historia moderna de la humanidad que una constitución (y no sólo el código del Niño), reconoce el trabajo infantil en condiciones de dignidad. Lo que quieren los movimientos sociales NATs es que se distinga entre trabajo infantil - que para ellos es una necesidad económica, a causa de la pobreza - y explotación, que es el trabajo de los niños en situaciones de gran peligro, como el trabajo en las minas o en el cultivo de la nuez o la caña de azúcar en Brasil. (SL) (Agencia Fides 25/06/2011)


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