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Intención Misionera

2010-02-26

“Para que las Iglesias en África sean signo e instrumento de reconciliación y de justicia en todas las regiones del Continente” - Comentario a la Intención Misionera de marzo de 2010

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – África es un continente lleno de esperanza y de vitalidad en la fe, pero tiene igualmente algunas situaciones que debe resolver en orden a poder desarrollar plenamente toda su potencialidad para el bien y la extensión del Evangelio. No podemos olvidar que muchas de las carencias actuales son fruto de los abusos que se han cometido sobre África en el pasado. En la clausura del último Sínodo para África, afirmaba Benedicto XVI: “Pensamos en particular en los hermanos y hermanas que en África sufren pobreza, enfermedades, injusticias, guerras y violencias, y emigraciones forzadas” (25-10-09).
Nuestros hermanos africanos deben sufrir una serie de limitaciones que el egoísmo de otros les ha impuesto. Se ha puesto de relieve que dentro de las fronteras heredadas de las potencias coloniales, la coexistencia de grupos étnicos, tradiciones, lenguas e incluso religiones diversas, a menudo encuentra obstáculos debido a graves hostilidades recíprocas (cfr. Ecclesia in Africa, 49).
Benedicto XVI ha señalado que “la Iglesia reconciliada es una poderosa levadura de reconciliación en cada país y en todo el continente africano” (25-10-09). A pesar de las guerras y las divisiones étnicas, la Iglesia quiere realizar esa misión de unidad, para hacer de África una imagen de la humanidad nueva reconciliada en el amor. Es cierto que esta reconciliación se realiza solamente en el perdón, a veces heroico, de las ofensas. “La fe en Jesucristo –afirma el Papa-cuando se entiende bien y se practica, guía a los hombres y a los pueblos a la libertad en la verdad o, por usar las tres palabras del tema sinodal, a la reconciliación, a la justicia y a la paz” (Ibid.).
Para conseguir la unidad y mantener la paz, Juan Pablo II invitaba a mantener dentro de la Iglesia, como Familia de Dios, un constante diálogo, porque “la actitud de diálogo es el modo de ser del cristiano tanto dentro de su comunidad, como en relación con los demás creyentes y con los hombres y mujeres de buena voluntad” (Ecclesia in Africa, 65). Este diálogo debe extenderse en un sentido ecuménico con todos los hermanos bautizados de las demás confesiones cristianas, a fin de lograr la unidad por la que Cristo oró, y hacer de este modo el Evangelio más creíble a los ojos de aquellos que buscan sinceramente a Dios.
La Iglesia, en su servicio al hombre, quiere recorrer el camino de la justicia. Por eso transmite el mensaje de la salvación conjugando la evangelización y la promoción humana. Este desarrollo integral es el único camino para salir de la esclavitud de la enfermedad y del hambre. “Esto significa –afirma el Papa- transmitir el anuncio de esperanza según una "forma sacerdotal", es decir, viviendo en primera persona el Evangelio, intentando traducirlo en proyectos y realizaciones coherentes con el principio dinámico fundamental, que es el amor “ (Ibid.).
No podemos terminar sin recordar una verdad fundamental: Cristo es el único Salvador de los hombres. No son la técnica y el desarrollo humano, en sí mismos, quienes salvan al hombre. Siendo una condición necesaria, el desarrollo no lo es todo. La Iglesia, como Pueblo sacerdotal está llamada a llevar a los hombres al encuentro con Cristo para que puedan participar de su vida. Por eso, a través de los sacramentos, los pone en contacto con el Médico divino, que ha venido, no a buscar a los sanos, sino a los enfermos. “Así la comunidad eclesial, siguiendo las huellas de su Maestro y Señor, está llamada a recorrer decididamente el camino del servicio, a compartir hasta el fondo la condición de los hombres y las mujeres de su tiempo, para testimoniar a todos el amor de Dios y así sembrar esperanza” (Benedicto XVI, 25-10-09) (Agencia Fides 26/02/2010; líneas 40 palabras 616)

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