|
MENSAJE DE LA ASAMBLEA PLENARIA
EN EL CL ANIVERSARIO DE LA DEFINICIÓN DEL DOGMA
DE LA CONCEPCIÓN INMACULADA DE LA VIRGEN MARÍA
|
LXXXIII ASAMBLEA PLENARIA DE LA CONFERENCIA
EPISCOPAL ESPAÑOLA
Madrid, 25 de noviembre de 2004
1. Al cumplirse el CL Aniversario de la proclamación
del dogma de la Concepción Inmaculada de la Santísima
Virgen María, los obispos españoles queremos hacer
llegar a nuestros hermanos, los hijos de la Iglesia en España,
unas palabras sobre el sentido de este dogma para nuestra vida de
fe y una invitación a renovar nuestra consagración,
personal y comunitaria, a nuestra Madre, la Virgen Inmaculada. De
este modo, convocamos a todos a la celebración de un Año
de la Inmaculada, que comenzará el próximo día
8 de diciembre y concluirá el 8 de diciembre de 2005.
I. Sentido del dogma mariano
2. El dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado el
8 de diciembre de 1854 por el Papa Pío IX, confiesa: «...la
bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda
mancha de pecado original en el primer instante de su concepción
por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención
a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano»
. Con la definición de este dogma culminó un largo
proceso de reflexión eclesial, bajo el impulso del Espíritu
Santo, sobre la figura de la Virgen María, que permitió
conocer, de modo más profundo, las inmensas riquezas con
las que fue adornada para que pudiera ser digna Madre del Hijo eterno
de Dios.
Tres aspectos de nuestra fe han sido subrayados de modo singular
con la proclamación del dogma de la Inmaculada: la estrecha
relación que existe entre la Virgen María y el misterio
de Cristo y de la Iglesia, la plenitud de la obra redentora cumplida
en María, y la absoluta enemistad entre María y el
pecado.
María Inmaculada en el misterio de Cristo y de la
Iglesia
3. Elegida para ser la Madre del Salvador, María ha sido
“dotada por Dios con dones a la medida de una misión
tan importante” . En el momento de la Anunciación,
el ángel Gabriel la saluda como llena de gracia (Lc 1, 28)
y ella responde: He aquí la esclava del Señor, hágase
en mí según tu palabra (Lc 1, 38). Para poder dar
el asentimiento libre de su fe al anuncio de su vocación
era preciso que ella estuviese totalmente conducida por la gracia
de Dios . Preservada inmune de toda mancha de pecado original en
el primer instante de su concepción, María es la «digna
morada» escogida por el Señor para ser la Madre de
Dios.
4. Abrazando la voluntad salvadora de Dios con toda su vida, María
«colaboró de manera totalmente singular a la obra del
Salvador por su fe, esperanza y ardiente amor, para restablecer
la vida sobrenatural de los hombres. Por esta razón es nuestra
madre en el orden de la gracia» . Madre de Dios y Madre nuestra,
María ha sido asociada para siempre a la obra de la redención,
de modo que «continúa procurándonos con su múltiple
intercesión los dones de la salvación eterna»
. En ella la Iglesia ha llegado ya a la perfección, sin mancha
ni arruga (cf. Ef 5, 27), por eso acude a ella como “modelo
perenne” , en quien se realiza ya la esperanza escatológica
.
María Inmaculada, la perfecta redimida
5. La santidad del todo singular con la que María ha sido
enriquecida le viene toda entera de Cristo: “redimida de la
manera más sublime en atención a los méritos
de su Hijo” , ha sido bendecida por el Padre más que
ninguna otra persona creada (cf. Ef 1, 3) y ha sido elegida antes
de la creación del mundo para ser santa e inmaculada en su
presencia, en el amor (Ef 1, 4). Confesar que María, Nuestra
Madre, es “la Toda Santa” -como la proclama la tradición
oriental- implica acoger con todas sus consecuencias el compromiso
que ha de dirigir toda la vida cristiana: «Todos los cristianos,
de cualquier clase o condición, están llamados a la
plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor»
. El amor filial a la “Llena de gracia” nos impulsa
a «trabajar con mayor confianza en una pastoral que dé
prioridad a la oración, personal y comunitaria», respetando
«un principio esencial de la visión cristiana de la
vida: la primacía de la gracia» .
María Inmaculada y la victoria sobre el pecado
6. María Inmaculada está situada en el centro mismo
de aquella “enemistad” (cf. Gn 3, 15; Ap 12, 1) que
acompaña la historia de la humanidad en la tierra y la historia
misma de la salvación. «Por su pecado, Adán,
en cuanto primer hombre, perdió la santidad y la justicia
originales que había recibido de Dios no solamente para él,
sino para todos los seres humanos» . Sabemos por la Revelación
que el pecado personal de nuestros primeros padres ha afectado a
toda la naturaleza humana: todo hombre, en efecto, está afectado
en su naturaleza humana por el pecado original.
El pecado original, que consiste en la privación de la
santidad y la justicia que Dios había otorgado al hombre
en el origen, «es llamado “pecado” de manera análoga:
es un pecado “contraído”, “no cometido”,
un estado y no un acto» . Y aun cuando «la transmisión
del pecado original es un misterio que no podemos comprender plenamente»
, comprobamos cómo «lo que la Revelación divina
nos enseña coincide con la misma experiencia, pues el hombre,
al examinar su corazón, se descubre también inclinado
al mal e inmerso en muchos males» .
La Purísima Concepción -tal como llamamos con fe
sencilla y certera a la bienaventurada Virgen María-, al
haber sido preservada inmune de toda mancha de pecado original,
permanece ante Dios, y también ante la humanidad entera,
como el signo inmutable e inviolable de la elección por parte
de Dios. Esta elección es más fuerte que toda la fuerza
del mal y del pecado que ha marcado la historia del hombre. Una
historia en la que María es “señal de esperanza
segura” .
En María contemplamos la belleza de una vida sin mancha
entregada al Señor. En ella resplandece la santidad de la
Iglesia que Dios quiere para todos sus hijos. En ella recuperamos
el ánimo cuando la fealdad del pecado nos introduce en la
tristeza de una vida que se proyecta al margen de Dios. En ella
reconocemos que es Dios quien nos salva, inspirando, sosteniendo
y acompañando nuestras buenas obras. En ella encuentra el
niño la protección materna que le acompaña
y guía para crecer como su Hijo, en sabiduría, en
estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres (Lc 2, 52). En
ella encuentra el joven el modelo de una pureza que abre al amor
verdadero. En ella encuentran los esposos refugio y modelo para
hacer de su unión una comunidad de vida y amor. En ella encuentran
las vírgenes y los consagrados la señal cierta del
ciento por uno prometido ya en esta vida a todo el que se entrega
con corazón indiviso al Señor (cf. Mt 19, 29; Mc 10,
30). En ella encuentra todo cristiano y toda persona de buena voluntad
el signo luminoso de la esperanza. En particular, «desde que
Dios la mirara con amor, María se ha vuelto signo de esperanza
para la muchedumbre de los pobres, de los últimos de la tierra
que han de ser los primeros en el Reino de Dios» .
II. El testimonio mariano de la Iglesia en España
7. La evangelización y la transmisión de la fe en
tierras de España han ido siempre unidas a un amor singular
a la Virgen María. No hay un rincón de la geografía
española que no se encuentre coronado por una advocación
de nuestra Madre. Así lo recordó Juan Pablo II en
los comienzos mismos de su pontificado: «Desde los primeros
siglos del cristianismo aparece en España el culto a la Virgen.
Esta devoción mariana no ha decaído a lo largo de
los siglos en España, que se reconoce como “tierra
de María”» . Y así lo ha venido reiterando
desde su primer viaje apostólico a nuestra patria: «El
amor mariano ha sido en vuestra historia fermento de catolicidad.
Impulsó a las gentes de España a una devoción
firme y a la defensa intrépida de las grandezas de María,
sobre todo en su Inmaculada Concepción» .
La peculiar devoción a María Inmaculada en
España
8. El amor sincero a la Virgen María en España se
ha traducido desde antiguo en una “defensa intrépida”
y del todo singular de la Concepción Inmaculada de María;
defensa que, sin duda, preparó la definición dogmática.
Si España es “tierra de María”, lo es
en gran medida por su devoción a la Inmaculada.
¿Cómo no recordar en este punto el extraordinario
patrimonio literario, artístico y cultural que la fe en el
Dogma de la Inmaculada ha producido en nuestra patria? A la protección
de la Inmaculada se han acogido desde época inmemorial Órdenes
religiosas y militares, Cofradías y Hermandades, Institutos
de Vida Consagrada y de Apostolado Seglar, Asociaciones civiles,
Instituciones académicas y Seminarios para formación
sacerdotal. Numerosos pueblos hicieron y renovaron repetidas veces
el voto de defender la Concepción Inmaculada de María.
Propio de nuestras Universidades era el juramento que, desde el
siglo XVI, profesores y alumnos hacían en favor de la doctrina
de la Inmaculada. Como propio también de nuestra tradición
cristiana es el saludo plurisecular del “Ave María
Purísima...” Siguiendo una antiquísima tradición
el nombre de la Inmaculada Concepción ha ido acompañando
generación tras generación a los miembros de nuestras
familias. A cantar sus alabanzas se han consagrado nuestros mejores
músicos, poetas y dramaturgos. Y a plasmar en pintura y escultura
las verdades de la fe contenidas en este dogma mariano se han entregado
nuestros mejores pintores y escultores. Una muestra selecta de estos
tesoros artísticos podrá contemplarse en la exposición
que bajo el título Inmaculada tendrá lugar, D.m.,
en la Catedral de la Almudena de Madrid, del 1 de mayo al 12 de
octubre de 2005. Con esta exposición la Conferencia Episcopal
Española en cuanto tal desea unirse a las iniciativas semejantes
que las mayorías de las diócesis ya están realizando
o realizarán a lo largo del próximo año.
Fuerte arraigo popular de la fiesta de la Inmaculada
9. En la solemnidad litúrgica del 8 de diciembre «se
celebran conjuntamente la Inmaculada Concepción de María,
la preparación primigenia a la venida del Salvador (cf. Is
11, 1. 10) y el feliz exordio de la iglesia sin mancha ni arruga»
. Al inicio del Año litúrgico, en el tiempo de Adviento,
la celebración de la Inmaculada nos permite entrar con María
en la celebración de los Misterios de la Vida de Cristo,
recordándonos la poderosa intercesión de Nuestra Madre
para obtener del Espíritu la capacidad de engendrar a Cristo
en nuestra propia alma, como pidiera ya en el siglo VII San Ildefonso
de Toledo en una oración de gran hondura interior : «Te
pido, oh Virgen Santa, obtener a Jesús por mediación
del mismo Espíritu, por el que tú has engendrado a
Jesús. Reciba mi alma a Jesús por obra del Espíritu,
por el cual tu carne ha concebido al mismo Jesús (...). Que
yo ame a Jesús en el mismo Espíritu, en el cual tú
lo adoras como Señor y lo contemplas como Hijo» .
10. Conscientes de esta riqueza, expresión de una fe que
genera cultura, en diversas ocasiones la Conferencia Episcopal Española
ha llamado la atención sobre el fuerte arraigo popular que
la Fiesta de la Inmaculada tiene en España, considerada de
«decisiva importancia para la vida de fe del pueblo cristiano»
. Al hacerlo hemos recordado que «la fiesta del 8 de diciembre
viene celebrándose en España ya desde el siglo XI,
distinguiéndose los diversos reinos de la Península
en el fervor religioso ante esta verdad mariana por encima de las
controversias teológicas y mucho antes de su proclamación
como dogma de fe. Tras la definición dogmática realizada
por el Papa Pío IX en el año 1854, la celebración
litúrgica de la Inmaculada Concepción ha crecido constantemente
hasta nuestros días en piedad y esplendor» , tal como
demuestra, entre otros actos, la cada vez más arraigada “Vigilia
de la Inmaculada”. Con la Vigilia y la Fiesta de la Inmaculada
de este año, se abrirá el mencionado Año de
la Inmaculada, que concluirá también con la Vigilia
y la Fiesta del año 2005.
En el año de la Eucaristía
11. La conmemoración del CL Aniversario del dogma de la
Inmaculada coincide con el Año de la Eucaristía proclamado
para toda la Iglesia por el Papa Juan Pablo II. «María
guía a los fieles a la eucaristía» . «María
es mujer eucarística con toda su vida» , por ello,
creceremos en amor a la Eucaristía y aprenderemos a hacer
de ella la fuente y el culmen de nuestra vida cristiana , si no
abandonamos nunca la escuela de María: Ave verum Corpus natum
de Maria Virgine!
III. Consagración a María Inmaculada
12. Al cumplirse el primer centenario de la proclamación
del dogma de la Inmaculada, el papa Pío XII declaró
el año 1954 como Año Mariano, de esa manera se pretendía
resaltar la santidad excepcional de la Madre de Cristo, expresada
en los misterios de su Concepción Inmaculada y de su Asunción
a los cielos . En España aquel Año Mariano tuvo hitos
memorables, como el magno Congreso celebrado en Zaragoza del 7 al
11 de octubre de 1954, en conexión con el cual, el 12 de
octubre, se hizo la solemne consagración de España
al Corazón Inmaculado de María.
13. Estamos convencidos de que los nuevos retos que se nos presentan
como cristianos en un mundo siempre necesitado de la luz del Evangelio
no podrán ser afrontados sin la experiencia de la protección
cercana de nuestra Madre la Virgen Inmaculada. Como centro de la
celebración del Año de la Inmaculada, las iglesias
diocesanas de España, pastores, consagrados y laicos, adultos,
jóvenes y niños, peregrinaremos a la Basílica
del Pilar, en Zaragoza, los días 21 y 22 de mayo de 2005
para honrar a Nuestra Madre y consagrarnos de nuevo solemnemente
a su Corazón Inmaculado.
Somos conscientes de que «la forma más genuina de
devoción a la Virgen Santísima... es la consagración
a su Corazón Inmaculado. De esta forma toma vida en el corazón
una creciente comunión y familiaridad con la Virgen Santa,
como nueva forma de vivir para Dios y de proseguir aquí en
la tierra el amor de Hijo Jesús a su Madre María»
.
Rezamos con las palabras que el Papa Juan Pablo II dirigió
a la Virgen María para consagrar el mundo a su Corazón
Inmaculado, durante el Año Santo de la Redención :
ACTO DE CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN INMACULADO
DE MARÍA
Madre de Cristo y Madre Nuestra,
al conmemorar el Aniversario de la proclamación
de tu Inmaculada Concepción,
deseamos unirnos a la consagración que tu Hijo hizo de sí
mismo:
Yo por ellos me consagro, para que ellos sean consagrados en la
verdad (Jn 17, 19),
y renovar nuestra consagración, personal y comunitaria,
a tu Corazón Inmaculado.
Te saludamos a ti, Virgen Inmaculada,
que estás totalmente unida a la consagración redentora
de tu Hijo.
Madre de la Iglesia: ilumina a todos los fieles cristianos de España
en los caminos de la fe, de la esperanza y de la caridad;
protege con tu amparo materno a todos los hombres y mujeres
de nuestra patria en los caminos de la paz, el respeto y la prosperidad.
¡Corazón Inmaculado!
Ayúdanos a vencer la amenaza del mal
que atenaza los corazones de las personas e impide vivir en concordia:
¡De toda clase de terrorismo y de violencia, líbranos!
¡De todo atentado contra la vida humana,
desde el primer instante de su existencia hasta su último
aliento natural, líbranos!
¡De los ataques a la libertad religiosa y a la libertad de
conciencia, líbranos!
¡De toda clase de injusticias en la vida social, líbranos!
¡De la facilidad de pisotear los mandamientos de Dios, líbranos!
¡De las ofensas y desprecios a la dignidad del matrimonio
y de la familia, líbranos!
¡De la propagación de la mentira y del odio, líbranos!
¡Del extravío de la conciencia del bien y del mal,
líbranos!
¡De los pecados contra el Espíritu Santo, líbranos!
Acoge, oh Madre Inmaculada,
esta súplica llena de confianza y agradecimiento.
Protege a España entera y a sus pueblos,
a sus hombres y mujeres.
Que en tu Corazón Inmaculado se abra a todos
la luz de la esperanza.
Amén.
|