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MENSAJE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL PARAGUAYA
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1. Los Obispos del Paraguay nos hemos reunido para
celebrar la 168a. Asamblea Plenaria Ordinaria. Hemos estudiado
y reflexionado sobre los diversos aspectos de la acción
evangelizadora de la Iglesia en nuestro país y al mismo
tiempo sobre la situación por la que atraviesa nuestro
pueblo
2. Al concluir las deliberaciones de esta ultima asamblea del
año, querernos ofrecer a nuestros conciudadanos una parte
del fruto de nuestro trabajo. Así pues, movidos por nuestra
profunda fe en Dios y llevados por el sincere amor a todos los
que habitamos este suelo, animamos particularmente a los fieles
cristianos, a empeñarse en los cambios radicales que necesita
con urgencia nuestra sociedad paraguaya.
GRAVE CRISIS MORAL
3. Nos lastima y preocupa la acentuada gravedad de la crisis de
la moral pública y privada, de la vida política
y de la administración judicial, de la situación
de injusticia social y económica de la población.
Es evidente el malestar generalizado, el descontento de grandes
sectores ante la conducta de dirigentes y autoridades, que parecen
ignorar esta realidad.
4. La actuación de las autoridades del Estado y de los
dirigentes políticos, al carecer de programas bien pensados
y de un comportamiento austero como lo reclama hoy nuestro país,
sigue creando el malestar y el descontento de grandes sectores
de nuestra patria. La existencia de formulas violentas o mesiánicas
no solamente siembran semillas de irritado dolor sino que sumen
a la población en un estado de inseguridad que crece y
se extiende a los ámbitos más insospechados. Esto
nos lleva a decir: ¡Basta ya! a la escandalosa corrupción,
a la grosera impunidad que lleva a la aplicación de la
justicia por cuenta propia, a la ingerencia política en
el poder judicial, a apelar a torpes medidas para subsanar el
déficit económico, en detrimento de la salud, la
educación, las necesidades básicas de la sociedad
y la guarda del medio ambiente.
5. Otra causa de la grave crisis es cuando los medios de comunicaci6n
nos transmiten y publican con gran desenfado y ligereza detalles
crueles y brutales de los hechos. Entonces se llega a dudar del
derecho a la libertad de información. iLo que importa es
lo que se puede vender! Ante esto notamos una suerte de impotencia
por parte de la gente para reaccionar en la búsqueda de
la verdad. También son causas de esta crisis, la violencia,
la pornografía, los robos y homicidios, los secuestros
que últimamente han causado pánico en la población;
el cultivo cada vez más creciente de drogas y su tráfico
impune, y el consumo desmedido de bebidas alcohólicas.
UNA NUEVA SOCIEDAD
6. Es urgente que construyamos un país nuevo. Pedimos vehementemente
a las
autoridades gobernar, legislar e impartir la justicia con responsabilidad
y con
honestidad. No podemos hablar de los defectos de los demás
y callar los
nuestros. Lo que debemos asumir todos como una responsabilidad
del bien
común no puede ser reclamado solamente a algunos y a los
pastores de la
Iglesia en particular. Seguimos creyendo que la institucionalidad
es un bien para
el país y por eso la defendemos, pero no como una institucionalidad
para salvar
las apariencias. Sabemos de la honestidad de muchos compatriotas
y conocemos
la capacidad que tenemos de construir el Paraguay Jaipotava. Consideramos
apremiante formar ciudadanos honestos, responsables y comprometidos
con el
presente y el futuro de nuestro país.
7. Todos, gobernantes y gobernados, debemos trabajar con honestidad
y transparencia, con decisión y alegría. Es el momento
de organizarnos para exigir que se respeten los derechos de todos
y que los elegidos por el pueblo cumplan con los programas y proyectos
por los cuales fueron electos.
8. Es impensable que una nueva sociedad se construya sin la positiva
colaboración de los medios modernos de comunicación
social, especialmente en la investigación y clarificación
de hechos delictivos. A los propietarios y a cuantos trabajan
en ellos les pedimos: no pretendan solo el rédito político
o la ganancia material. Les recordamos que son servidores y formadores
de la conciencia del pueblo como lo son las autoridades, los dirigentes
políticos, sindicales y empresariales, como lo somos nosotros
miembros directivos de la Iglesia. Todos debemos servir con la
verdad y la justicia, con la información veraz y formando
la opinión publica basada en una ética del bien
común, con el respeto a las personas e instituciones.
9. Ante las próximas elecciones, recordamos a cuantos están
empeñados en la vida política y en la campana electoral
que busquen el bien común, que no se realicen componendas
políticas desechando principios morales y éticos.
No prometan lo que no podrán cumplir. No pretendan el triunfo
a base de mentiras y engaños que ensombrecen cada vez más
el futuro político de nuestro país. Denunciamos
la inmoralidad que supone comprar los votos aprovechándose
de la ignorancia y angustiosa situación económica
de los ciudadanos. Estos medios solamente sirven para degradar
a quienes venden su propia conciencia y a quienes se aprovechan
de su conciudadano. Instamos al pueblo y le alentamos a redoblar
su esfuerzo en una educación y formación cívica
liberadora. Recuerden lo que ya hemos repetido en el pasado, los
candidatos sean hombres honestos; eficaces en su gestión
publica, que no tengan antecedentes negativos, y que lleven una
familia bien constituida. Ahora mas que nunca, el pueblo ha de
sentirse acompañado, orientado y animado a asumir su compromiso
cívico, con libertad, dignidad y responsabilidad; todos
hemos de saber elegir las nuevas autoridades de acuerdo a los
criterios recién mencionados.
CONCLUSION
10. Nos preparamos ya para celebrar el gran encuentro del 8 de
diciembre, en Caacupé, cuyo lema para este ano es: "Dios
es nuestro Padre - nosotros somos hermanos". Con San Pablo
(Rom 8, 14 y 15) les invitamos a dejarse conducir por el Espíritu,
como hijos e hijas de Dios. No tengan miedo porque ya no son esclavos;
se les ha dado el espíritu propio de los hijos, y eso nos
permite gritar: ¡Padre!
11. Exhortamos a los miembros de la Iglesia a perseverar en la
oración diaria por la Patria, y t Con humilde confianza
en Dios, convocamos a todos los creyentes, pertenezcan o no a
la Iglesia Católica, a renovar la oración perseverante
al Señor de las naciones. Recemos por la paz, la concordia,
la justicia y el bienestar de todos los habitantes de la patria.
12. Que esta exhortación nos impulse a realizar nuevos
esfuerzos para conseguir
la convivencia justa, pacifica y fraterna, para que, con la participación
generosa
de todos, sigamos caminando en la búsqueda de días
mejores.
A la Virgen María de Caacupé le rogamos su protección
maternal. A San Roque
González de Santa Cruz, de corazón incorrupto, pedimos
su bendición paternal
De corazón bendecimos a todos.
Asunción, 8 de noviembre del 2002
Mons. Ricardo Valenzuela
Secretario General de la CEP
Mons. Claudio Giménez
Presidente de la CEP
Firman todos los obispos del Paraguay
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