|
Mensaje de la Conferencia Episcopal de
Nicaragua en ocasión de la Cuaresma
Managua, 25 de Febrero de 2004
LA CUARESMA, TIEMPO DE CONVERSIÓN Y DE RECONCILIACION
|
 |
La Iglesia nos invita en este tiempo a recorrer el
camino de la Cuaresma con un corazón abierto a la gracia,
que nos haga dóciles a las inspiraciones del Espíritu
y nos prepare para vivir el misterio central de nuestra fe cristiana:
la pasión, muerte y resurrección de Cristo. La Cuaresma
es un tiempo de conversión; es tiempo de ofrecer el perdón,
como una iniciativa sincera de querer reconciliación con
el hermano que tiene “algo contra nosotros”. Solamente
entonces podremos presentar una ofrenda agradable a Dios (cf. Mt
5, 23-24).
Cuando Cristo no reina en el hombre, fuerzas hostiles y toda clase
maldades dominan el corazón humano. Sin el perdón
las heridas sufridas continuarán abiertas de generación
en generación, alimentando deseos de venganza y graves resentimientos
que fácilmente se transformarán en odios, y el odio
es una barrera infranqueable para la paz y la reconciliación.
Cuando la persona hace la experiencia de la reconciliación
como fruto del amor, aunque sea en una mínima parte; cuando
experimenta la hermosura del amor de Dios que le perdona, caen todos
los prejuicios y soberbias y entra en ella la paz que tanto deseamos.
Por ello, pensamos que para que en Nicaragua se pueda emprender
un verdadero proceso de paz, es necesario una actitud de perdón
sincero entre los hombres y mujeres nicaragüenses. Perdonamos
para hacer vida la palabra aprendida del Maestro: “Si tu hermano
peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo”
(Lc. 17. 3b). Y como rezamos en el Padre Nuestro: “perdónanos
nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.
Cuaresma es tiempo propicio de volver al sacramento de la Reconciliación,
“Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos: todo
lo que ates en la tierra será atado en el Cielo y lo que
desates en la tierra quedará desatado en el Cielo”
(Mt 16,.19).-
SI NO HAY CONVERSIÓN, HAY FALTAS CONTRA LA CARIDAD
SOCIAL
Si no hay una sincera conversión a Dios, el corazón
humano se vuelve insensible ante el dolor y el sufrimiento. En este
sentido las palabras de Jesús son muy claras: «Si alguno
que posee bienes de la tierra y ve a su hermano padecer necesidad
y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer
en él el amor de Dios?» (1 Jn 3, 17). El pecado de
la insensibilidad social es un pecado grave, en tanto nos alejamos
de Dios por nuestras faltas de caridad y por nuestra indiferencia
con el prójimo. La insensibilidad social es origen de las
graves injusticias sociales como la guerra, el apego desproporcionado
a las riquezas y al poder, el uso mal intencionado de la justicia
como instrumento de venganza política, el odio de clases,
las exclusiones sociales, etc.
¿Cómo no preocuparnos cuando se ajustan medidas económicas
estrechas para el pueblo?. Esto es particularmente más grave
en un país empobrecido como el nuestro que se está
preparando para entrar en un proceso de integración económica
en la región, pero con una economía atrasada y destruida.
A ello se suma la aplicación de políticas neoliberales
que llevan a concentrar el capital en un pequeño grupo, formando
una elite opulenta y exclusiva, mientras por otra parte hay “una
multitud ingente de hombres y mujeres: niños, adultos y ancianos,
en una palabra, de personas humanas concretas e irrepetibles, que
sufren el peso intolerable de la miseria” (Juan Pablo II,
SRS 13). No podemos negar esta realidad. Existen situaciones de
miseria que tienen que conmover la conciencia personal y pública,
para que los recursos disponibles lleguen a todos.
En efecto, nos alarma la dolorosa situación del desempleo,
del que suplica alguna jornada de trabajo para sostener el día
de comida para su familia, de los altos costos de la canasta básica;
del difícil acceso a la salud, de los altos costos de la
medicinas y de las consultas medicas onerosas; de niños que
se desmayan en las filas escolares a causa del hambre y de la profunda
desnutrición que padecen; de niños que deambulan por
las calles, victimas de las drogas y de los abusos deshonestos.
Otra situación que nos causa dolor es el éxodo de
nuestro pueblo hacia países vecinos. Los bajos salarios,
la falta de empleo y la carestía de la vida está forzando
a nuestro población principalmente campesina a dejar sus
tierras en busca de mejorar su nivel de vida, a pesar de que algunas
veces, el migrante nicaragüense es tratado de manera indigna
en otros países, en donde se han comprobado abusos a los
Derechos Humanos de parte de agentes del Estado, o son víctimas
del maltrato y la discriminación por parte de las instancias
laborales. Nos entristece la situación que viven las comunidades
indígenas: años de abandono y falta de cumplimiento
a las promesas recibidas están llevando a un conflicto armado
que tiende a enfrentar a hermanos nicaragüenses.
Es necesario asumir con responsabilidad el compromiso con los pobres,
compromiso que significa reconocer en la solidaridad social de la
familia humana, la responsabilidad de construir sobre aquello que
nos une. En este sentido, creemos que es justo valorar y agradecer
a los países hermanos y sus gobiernos la ayuda y solidaridad
para con Nicaragua, pero también es necesario que dichos
países y sus gobiernos respeten y tengan en cuenta las instituciones
del país, dejando a los nicaragüenses buscar, encontrar
y transitar los caminos más adecuados, acordes a nuestra
idiosincrasia y leyes para solucionar nuestros problemas (cf. Magisterio
del Episcopado Nicaragüense sobre la Reconciliación,
1984; sobre la Eucaristía, 1986, respectivamente).
CONVERSIÓN ES ACOGER CON AMOR A LOS MAS PEQUEÑOS
En tal situación, quien más sufre es el pequeño
y el débil, el pobre y el que no tiene voz. Todos estos hechos
nos deben mover a una profunda reflexión de fe y de conversión.
El Papa Juan Pablo II en el tema de este año sobre la Cuaresma,
“El que reciba a un niño como éste en mi nombre,
a mí me recibe” (Mt 18:15), nos ofrece la oportunidad
de reflexionar sobre la condición de los niños, quienes
sufren las secuelas del pecado de los adultos: la sexualidad desenfrenada,
la marginación, el abandono, la ignorancia. Su Santidad añade
que, “junto a los niños”, el Señor sitúa
a los hermanos más pequeños, esto es, los pobres,
los necesitados, los hambrientos y sedientos, los forasteros, los
desnudos, los enfermos y los encarcelados (cf. Mensaje para la Cuaresma,
n 1, 2004). Precisamente uno de los sectores más débiles
de la sociedad, son los niños abandonados y recibir estos
niños, significa preocuparnos por ellos. Por ello la Iglesia
de Nicaragua, designará la colecta de la Caridad a favor
de los niños abandonados, para el Tercer Domingo de Cuaresma.
EXHORTACIÓN FINAL
Que las prácticas cuaresmales: la Limosna, el Ayuno, la
Penitencia y la Oración nos ayude a comprometernos a una
conversión de santidad y a compadecernos del dolor ajeno
mediante la solidaridad y el gesto generoso de la limosna y la comunicación
cristiana de bienes. Que el Cristo resucitado nos colme de gracia,
fe esperanza y caridad, y que por intercesión de María,
Madre de Misericordia y Reina de la Paz, nos acompañe y anime
en este peregrinar hacia el Padre. El Papa nos pide que durante
esta Cuaresma recemos muchas veces el P a d re n u e s t ro, porque
así sentiremos con fuerza que Dios es nuestro Padre y todos
los hombres somos hermanos.
A esta petición se une la Conferencia Episcopal de Nicaragua,
exhortando a nuestro pueblo a permanecer en Adoración ante
el Santísimo, implorando por la paz en Nuestra Patria, particularmente
en este próximo período de elecciones. Para concluir,
queremos recordar las palabras del Santo Padre: «No confiéis
en la violencia. No apoyéis la violencia. No es éste
el camino cristiano. No es éste el camino de la Iglesia católica.
Creed en la paz, en el perdón y en el amor» (Juan Pablo
II, Jornada de la Paz 1980, n 10).
Dado en Managua, el día 25 de febrero del año del
Señor 2004, Miércoles de Ceniza.
Doy Fe
+ Mons. Juan Abelardo MATA GUEVARA
Obispo de Estelí,
Secretario General |