“Esta enfermedad no es de muerte, es para
la gloria de Dios”
Reunidos en la LXXVI Asamblea Plenaria, los Obispos de México
saludamos con afecto y respeto a los católicos y a todos
los mexicanos que reciban este mensaje de esperanza.
Al revisarnos como institución eclesial, nos hemos replanteado
nuestra identidad y misión, y hemos evaluado los programas
de acción de las Comisiones Episcopales del trienio que
termina. El periodo 2004-2006, con nuevos directivos y proyectos,
pretende seguir ofreciendo un faro de luz y responder así
a las expectativas que el pueblo mexicano, en general, tiene
en la Iglesia Católica.
En esta ocasión, queremos compartir nuestra reflexión,
inspirados en el relato evangélico en que Jesús
manifiesta su amor y su poder, devolviendo la vida a su amigo
Lázaro, que había muerto (Jn 11, 1-45).
“Nuestro amigo Lázaro duerme, pero voy a despertarlo”
.
Nuestro querido pueblo de México, que aspira a vivir
y crecer, está en constante riesgo de caer en la confusión
y la dispersión, consecuencia del cambio de época
que nos toca vivir. En la carta pastoral colectiva del año
2000 “Del Encuentro con Jesucristo a la Solidaridad con
todos”, al analizar la transición que vivimos,
constatábamos el rompimiento cultural y sus efectos,
muchos de ellos negativos y dolorosos. La Iglesia Católica
se identifica con Jesús al preguntar por su amigo Lázaro:
“¿Dónde lo han puesto?”, pues quiere
solidarizarse con los hermanos que sufren, sumidos en medio
de crisis y muchas veces desconsolados. Como Jesús que
constata la muerte de su amigo Lázaro y llora emotivamente,
los Obispos de México nos compadecemos de tantas situaciones
de muerte que vive el pueblo.
La imagen de un Lázaro que duerme en la muerte nos recuerda
a muchos hermanos nuestros, y nos apremia a despertarlos para
que marchen por el camino de la vida. El principio fundamental
de la dignidad de la persona humana nos urge a trabajar por
el respeto y la promoción de los derechos humanos; entre
otros: el derecho a la vida, al trabajo, a la familia, a la
vivienda, a la educación, a la salud, a una comunicación
veraz y a la plena libertad religiosa. La pérdida progresiva
de los valores evangélicos socava los cimientos de la
convivencia social.
La Iglesia continúa la misión de Cristo, trae
luz y alegría, orientación y consuelo; en una
palabra: esperanza. Ella se siente con el ánimo y entusiasmo
de Jesús y, en su nombre, dice también: “Voy
a despertarlo”.
La fuerza del Evangelio, la Buena Nueva, es una comunicación,
fruto del amor de Dios a la humanidad. El camino de esta vida
terrena, tantas veces regado de penalidades, injusticias, atropellos
y, sobre todo, de desencantos, es un difícil reto que
la fe nos pide convertir en ocasión de crecimiento en
fortaleza espiritual, en fraternidad y solidaridad.
En nuestra cotidiana labor, constatamos muchos signos de vida
y de compromiso por redoblar esfuerzos, para lograr un país
en el que se viva el Estado de Derecho y en el que los ciudadanos
se habitúen a conducirse con espíritu de participación
y colaboración.
“Lázaro, sal fuera”.
El Señor Jesús no se queda en una compasión
estéril, sino que se enfrenta a la muerte y dice: “Lázaro,
sal fuera”. Su presencia y su palabra son eficaces: el
difunto vuelve a la vida. Y Jesús agrega: “Desátenlo
y déjenlo andar”. Es decir, ayúdenle a quitarse
las vendas y cuanto le impide caminar, para que se reintegre
a su familia y a la comunidad.
Los obispos, ¿qué ofrecemos a México, para
que se levante y pueda caminar? ¿Qué podemos y
nos proponemos hacer, para que se desaten las cadenas y el país
avance en la justicia, la paz y la fraternidad?
Al término de esta Asamblea Episcopal, nos comprometemos,
entre otras cosas, a:
* Reflejar más fielmente el rostro de Jesucristo, Buen
Pastor, para animar la vida cristiana de cuantos formamos la
Iglesia y dar respuesta a los problemas actuales.
* Leer, a la luz de la fe, los acontecimientos del México
de hoy y proponer respuestas pastorales, en orden a transformar
la realidad con la fuerza del Evangelio.
* Ser fermento de unidad y reconciliación de nuestros
pueblos.
* Continuar un proceso de reorganización interna de la
Conferencia Episcopal y de sus Comisiones, para promover y coordinar
la pastoral orgánica, en servicio de la nueva evangelización
en el país.
* Animar y apoyar en forma subsidiaria y solidaria a las diócesis,
para implantar el Reino de Dios, ayudándonos mutuamente
los Obispos en la realización de nuestra vocación
y misión.
* Promover una mayor conciencia de los fieles laicos sobre la
necesidad de un encuentro personal con Jesucristo, que los lleve
a una conversión efectiva y a vivir su lugar en la Iglesia
y en el mundo, pues sin la acción de los laicos el país
no se puede levantar ni caminar.
* Insistir en la necesidad de un marco jurídico claro
en las relaciones Iglesia-Estado, respetuoso de la libertad
religiosa para todos los credos, conforme a los derechos humanos
reconocidos en los acuerdos internacionales.
* Alentar, desde la fe en Jesucristo vencedor de la muerte y
del pecado, la esperanza de los mexicanos ante la lentitud de
los cambios deseados, sin esperar todo del Gobierno, sino propiciando
que todos seamos agentes de nuestro propio desarrollo.
* Capacitarnos para una presencia más significativa y
cualificada en los medios informativos, valorando su importancia
para crear una cultura en la que no falte la levadura del Evangelio.
* Dialogar con líderes de la sociedad y de diferentes
confesiones religiosas, para colaborar juntos en la promoción
de la justicia y de la paz.
* Defender la sacralidad de la vida, desde su inicio en el seno
materno hasta su término natural, y el plan de Dios sobre
el matrimonio y la familia, en diálogo también
con los legisladores.
* Acompañar evangélicamente a sectores sociales
en situaciones de injusticia, en particular a los niños,
las mujeres, los campesinos, los subempleados y los migrantes,
para ayudarles a quitarse las vendas y las cadenas, y así
puedan caminar por sí mismos.
* Seguir alentando el proceso de dignificación de los
indígenas, anunciándoles el Evangelio en forma
inculturada, luchando contra el racismo y animando el avance
en la reforma constitucional sobre derechos y culturas indígenas.
“Viendo lo que había hecho, muchos creyeron en
El”.
Animados por la Exhortación Apostólica “Los
Pastores de la Grey”, que el Papa Juan Pablo II entregó
a los Obispos del mundo en el marco de los veinticinco años
de su Pontificado, queremos vivir en plenitud el ideal que él
nos propone: “¡En tu nombre, oh Cristo, queremos
servir a tu Evangelio para la esperanza del mundo! Viviendo
como hombres de esperanza y reflejando en el propio ministerio
la eclesiología de comunión y misión, los
Obispos deben ser verdaderamente motivo de esperanza para su
grey. Sabemos que el mundo necesita de la ‘esperanza que
no defrauda’ (Rom 5,5). Sabemos que esta esperanza es
Cristo. Lo sabemos y por eso predicamos la esperanza que brota
de la Cruz. La Cruz se ha convertido para la Iglesia en ‘árbol
de la vida’. Por eso anunciamos que la Vida ha vencido
a la muerte” (No. 5).
En camino al XLVIII Congreso Eucarístico Internacional,
que tendrá lugar en Guadalajara, en octubre próximo,
con el lema: “La Eucaristía, Luz y Vida del nuevo
milenio”, hagamos de todo el trabajo evangelizador una
ofrenda que, por la virtud del Espíritu, se transforme
en signo de Cristo muerto y resucitado, alimento y vínculo
de caridad, prenda de vida eterna. Por ello, con gozo e ilusión,
les anunciamos la decisión que aprobamos de declarar
2004 como “Año de la Eucaristía”.
Encomendamos nuestros propósitos e ideales a Santa María
de Guadalupe, confiando en el amor que Ella ha manifestado hacia
este pueblo mexicano que tanto la quiere. Que Ella nos ayude
a poner en práctica las enseñanzas de su hijo
Jesucristo.
Lago de Guadalupe, Cuautitlán Izcalli, 13 de noviembre
de 2003
Por los Obispos de México,
+ Luis Morales Reyes
Arzobispo de San Luis Potosí
Presidente de la CEM
+ Abelardo Alvarado Alcántara
Obispo Auxiliar de México
Secretario General de la CEM