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LA INDEFENSIÓN ACLAMADA

Mayo de 2005

Existen muchos tipos de injusticias en esta vida, pero una de las más dolorosas es aquella que legitima en nombre de la sociedad una propuesta que contradice los derechos inalienables de la persona. Toda ley que actuando supuestamente en nombre de la razón vaya en contra del bien, la verdad y la belleza de la persona agrede frontalmente la inteligencia de la evolución humana. Por ello, toda injusticia legitimada genera una sensación de impotencia e indefensión proporcional al tamaño de la misma, que se transmite de generación en generación. Si la sociedad entera propone, apoya y reclama una injusticia, incluso presuntamente avalada por estudios científicos, estamos entonces ante un caso patente de Indefensión Aclamada.

Así sucede en estos momentos con la legitimación social de la adopción legal y/o procreación de hijos a través de la reproducción asistida en el caso de personas o parejas homosexuales. La injusticia ontológica, psicológica y social que se genera en estos niños al negarles el derecho de tener un padre y una madre, les provoca una indefensión radical.

No voy a entrar en la consabida argumentación que constatan numerosos expertos de que es el hijo el que tiene derecho a ser adoptado y no los padres a adoptar un hijo. ¡Desde luego es así!. Pero este argumento no basta para justificar la tristeza que llegarán a sentir los niños, a los que voluntaria y deliberadamente, se les haya negado el derecho a configurar su identidad sexual al amparo de la imagen del amor conyugal de sus padres desde donde debieran haber sido concebidos. Centraremos la cuestión en abordar como afectaría al hijo la negación del derecho a tener padre y madre en la configuración de su identidad.

En la dinámica integrativa de la personalidad humana un factor muy importante es el de la identidad. La persona adquiere progresivamente durante la infancia y la adolescencia conciencia de ser «sí mismo», adquiere conciencia de su identidad. Esta conciencia de la propia identidad se integra en un proceso de reconocimiento del propio ser y, consiguientemente, de la dimensión sexual del propio ser. Es, por tanto, conciencia de identidad y diferencia. Los expertos suelen distinguir entre identidad sexual (es decir, conciencia de identidad psico-biológica del propio sexo, y de diferencia respecto al otro sexo) e identidad genérica (es decir, conciencia de identidad psico-social y cultural del papel que las personas de un determinado sexo desempeñan en la sociedad). En un correcto y armónico proceso de integración, la identidad sexual y genérica se complementan, puesto que las personas viven en sociedad de acuerdo con los aspectos culturales correspondientes a su propio sexo.”

La sexualidad humana, que es una facultad constitutiva de la persona que atraviesa todo el ser, “concierne particularmente a la afectividad, a la capacidad de amar y de procrear y de manera más general, a la aptitud para establecer vínculos de comunión con el otro ”. La sexualidad humana no se ejerce únicamente practicando la genitalidad, la sexualidad modelizada en el varón y en la mujer se ejerce a través de cada actuación que realizamos, desde el pensamiento, la expresión del lenguaje, el movimiento, las habilidades, etc. El varón o mujer que tiene integrada adecuadamente su identidad sexual reconoce y valora la diferencia con el otro sexo.

¿Qué génesis y síntomas observamos en la persona con inclinación homosexual que le impiden ser feliz en el encuentro heterosexual?.
“La teoría más en boga es que la homosexualidad se basa en una perturbación del llamado «sentido de identidad sexual». Existe un amplio consenso entre los actuales estudiosos de la psicogénesis de la homosexualidad, en que es inherente al desarrollo homosexual una auto-actitud de masculinidad/feminidad frustrada, es decir, un complejo de inferioridad en cuanto a la propia masculidad/feminidad, una identidad sexual deficiente. En segundo lugar, existe amplio consenso en que el impulso homosexual se originó como compensación ante esta escasa identificación masculina/femenina. Es fundamentalmente un ansia de afecto y reconocimiento por parte de aquellas personas del mismo sexo a quienes se admira e idolatra. De ahí que buena parte de los hombres con inclinación homosexual busquen ante todo modelos de masculinidad y que, en sus contactos deseen obtener el amor varonil que no encontraron, fundamentalmente de la figura paterna. La realidad demuestra que las personas con inclinación homosexual están afectadas no sólo en su faceta sexual, sino en todo su mundo emotivo” .
“En suma, la homosexualidad resultaría, según el biólogo Vincent “de un déficit de la función de alteridad. En el reconocimiento del otro, función primordial del amor, el homosexual elegiría lo mismo, sin querer afrontar la diferencia”.
Por ello, aunque en la actualidad la homosexualidad no esté definida como un trastorno de identidad sexual , sino de orientación sexual, parece claro que en toda persona con inclinación homosexual subyace un trastorno de identidad sexual más o menos consciente. Un trastorno de identidad sexual, puede dar lugar o no a una orientación homosexual, pero toda orientación homosexual conlleva un conflicto de identidad sexual.
Por lo tanto, el trastorno de identidad sexual emerge desde lo más íntimo del ser como un doloroso conflicto que desintegra poco a poco a la persona, disociándola entre lo que es como un don y lo que desea ser como negación a ese don. El no reconocimiento del “yo”, al identificase con el sexo contrario, sumerge a la persona en la inseguridad del desconocimiento de uno mismo y en la soledad originaria del hombre.

¿Quiere decir esto que una persona con inclinación homosexual no puede ofrecer un adecuado desarrollo de la identidad del niño adoptado o engendrado a través de técnicas de reproducción asistida?
La respuesta aparece por si misma en el diferente ejercicio de la paternidad y maternidad educativa que desarrollan ambos padres en el proceso de acompañamiento en la maduración de la identidad del hijo.
¿Dónde han quedado tantos años de investigaciones psicopedagógicas sobre la importancia de la configuración de la identidad sexual del hijo/a a través del adecuado desarrollo afectivo del apego entre el bebé y la madre, y su posterior contacto con el mundo que le rodea a través de la intervención pedagógica del padre? ¿Qué sucede cuando el maternaje se realiza de manera absoluta y totalitaria, no porque haya desaparecido la figura biológica del padre, sino porque nunca se ha pretendido que existiera? ¿Qué sucede cuando sistemáticamente se promueve una indiferenciación en el rol educativo de los padres?.
Sobre este último punto la sociedad presenta y valoriza cada vez más las imágenes de la relación madre/hijo, olvidando la función fundamental de la figura del padre en la tarea educativa y de transmisión de valores. El aumento de divorcios, la relación monoparental y los adelantos técnicos de la procreación asistida, favorecen también la cultura del hijo sin padre (no eres necesario para engendrar un hijo, no eres necesario como compañero, no eres necesario porque lo que tu transmites como varón en tu identidad sexual, no es indispensable para la realización del hijo) . El padre, en resumen es desposeído de su hijo y de su propia función.
Sin embargo, las influencias paternas en el crecimiento y maduración del niño son muy importantes porque son influencias que no llegan de la madre. El padre equilibra el poderoso arrastre del niño hacia la madre reforzando su autonomía. Esta mera diferencia de la madre como ente físico, sus olores, texturas, voz, ritmos, promueven en el hijo la conciencia de que está bien ser diferente y desear y amar lo diferente, es decir, las entidades del mundo que no son la madre . Algunas investigaciones revisadas por el profesor de psiquiatría americano Kyle Pruett confirman el interés del niño en el padre desde las primeras semanas y meses de vida. A partir de las seis semanas de edad el bebé es capaz de distinguir la voz del padre de la de su madre. Mientras que un bebé silencioso y alerta responderá más fácilmente a la voz de su madre, un bebé molesto o asustado se calmará más rápidamente al oír la voz del padre. A las ocho semanas las investigaciones pediátricas del hospital de Boston demostraban que cuando se acercaba la madre el ritmo del corazón del bebé se volvía más lento y regulado y bajaban los párpados. Cuando se acercaba el padre el ritmo cardiaco y respiratorio del bebé se aceleraba y los ojos se abrían y se volvían más brillantes. Poco a poco, los padres van ofreciendo oportunidades de interacción social con el mundo distintas de la madre, especialmente a través del juego. En la adolescencia el varón buscará refrendar su identidad en relación con el modelo de su padre y la hija refrendará su identidad valorando la diferencia con su padre.
En el caso de la ausencia de la madre, con la complicidad parental de dos padres aparecen graves carencias afectivas que favorecen multitud de trastornos emocionales en entre los que se encuentran el rechazo del propio cuerpo y de la maternidad.

¿Cómo se ha ido aceptando socialmente la cultura de la homosexualidad?
Desde que en 1948, el zoólogo norteamericano Alfred C. Kinsey conmoviera al mundo con la publicación de su tratado “El comportamiento sexual en hombres varones”, colocando a todos los actos sexuales al mismo nivel moral, social y biológico, ya sea dentro o fuera del matrimonio , parece que se haya reinventado la naturaleza del hombre. Todo ello ha provocado una debilitación progresiva en la sociedad de la figura del varón especialmente y también de la mujer, desdibujándose su identidad masculina y femenina respectivamente, favoreciendo una cultura unisex que ha promovido la ambigüedad de la orientación sexual, dando lugar a una “ecología homosexual y feminista”. El reduccionismo biologicista que subyace en nuestra cultura occidental niega precisamente que la conducta sexual humana se diferencie de la de los animales irracionales. La zoología, pues, parece que sea fundamento último de la conciencia humana.
Sin embargo, la conducta sexual humana es mucho más compleja que la animal; aunque ésta nos puede instruir acerca de algunos aspectos presentes en el hombre, en éste hay elementos propios, inexistentes en los animales. El principal es que la conducta sexual humana (al igual que cualquier otra conducta humana) puede ser objeto de decisión, puede ponerse o no por obra. Por esta razón, la conducta humana está en una permanente tensión entre las tendencias y las decisiones .
El moldeamiento de la conducta sexual, el modo en que esta se configura, no depende solo de factores biológicos, sino también de factores psicológicos y socioculturales. Precisamente por ello, es conveniente admitir la necesidad de una verdadera educación afectivo-sexual que hagan posible el recto y libre uso de esa función.
En cuanto a la existencia de estudios rigurosos que demuestren como afectaría a los hijos ser adoptados por personas con inclinación homosexual debemos precisar que el alcance ético de los mismos es muy discutible, ya que es el mismo sujeto humano en su desarrollo psicológico el que está siendo objeto de experimentación.
Cualquier ideología cientifista que utilice a la persona en beneficio propio ataca directamente el principio antrópico que revela al ser humano como el máximo bien de la Creación.

Belén Vendrell

 
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