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| Declaración de la COMECE ante las elecciones
al Parlamento Europeo del 10-13 de junio de 2004 |
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Entre los días
10 y 13 [en España el domingo día 13] de junio de
2004, los votantes de los 25 Estados miembros de la Unión
Europea – ahora con 450 millones de habitantes - elegirán
a 732 diputados para que los representen en el Parlamento Europeo
durante los próximos cinco años. Nunca antes tantas
personas habían sido llamadas al voto en una misma elección
en el mundo occidental.
Vale la pena recordar que el acceso de 10 nuevos Estados miembros
el 1 de mayo significa que nuestro continente finalmente ha superado
la división heredada de los acuerdos de Yalta. Tanto en el
este como en el oeste, este proyecto de integración europea
es una respuesta a la guerra y al totalitarismo que han lacerado
a Europa en su historia reciente. Votando en estas elecciones, cada
uno de nosotros se beneficiará del privilegio de paz y democracia
que le fue negado a nuestros antepasados. Este es un privilegio
que todavía le es negado a millones de personas en el mundo.
¿Por
qué votar en las elecciones europeas?
El Parlamento europeo es una de las tres instituciones principales
de la Unión europea. Desde la primera elección directa
hace 25 años, sus poderes han crecido considerablemente.
Con el Consejo de Ministros, que representa a los gobiernos nacionales,
aprueba leyes que afectan a numerosos aspectos de nuestra vida cotidiana.
Como expresión directa de la voluntad de los ciudadanos de
la Unión Europea, el Parlamento contribuye a orientar la
acción política a nivel europeo. La Comisión
Europea y otros organismos de la Unión responden de sus acciones
ante el Parlamento, que tiene la última palabra sobre cómo
se gestiona el presupuesto de la Unión Europea. Quienes dicen
que su actividad es un mero “parloteo”, olvidan una
parte significativa del proceso democrático europeo de toma
de decisiones.
La legitimidad y autoridad con las que los miembros del próximo
Parlamento Europeo representarán los valores y los intereses
de los ciudadanos de la Unión Europea dependerán del
compromiso de los ciudadanos de ir a votar entre el 10 y el 13 de
junio de este año. Por esta razón, todos debemos participar
en las elecciones, tanto por interés como por obligación
moral.
¿Qué está en juego?
El próximo Parlamento europeo afrontará problemas
que nos conciernen a todos y que tendrán un impacto sobre
las futuras generaciones. Las elecciones europeas, por lo tanto,
no deberían ser consideradas como una prueba de popularidad
para nuestros gobiernos nacionales. Animamos a los católicos
y a los votantes de todas las confesiones a que se informen sobre
los candidatos y los programas de los partidos políticos,
y a que decidan según lo que prometen cumplir como diputados
europeos durante los próximos cinco años.
Como cristianos, podemos clarificar nuestra decisión a la
luz del Evangelio y de la rica herencia de la Doctrina Social de
la Iglesia. Sobre esta base, podemos identificar las siguientes
cuestiones que se abordan en estas elecciones y las preguntas que
deberíamos plantear a los candidatos:
Respeto a la vida: Como cristianos, consideramos la vida humana
sagrada e inviolable desde su concepción hasta la muerte
natural. Aunque el Parlamento europeo no tenga ninguna capacidad
de legislar sobre cuestiones como el aborto o la eutanasia, ¿promoverá
el respeto a la vida humana en todas sus etapas y lo garantizará
en el marco de la financiación de la investigación
científica?
Salvaguarda de la Creación: El Parlamento europeo tiene una
influencia decisiva sobre la legislación para proteger nuestro
medio ambiente, prevenir la contaminación y salvaguardar
la salud pública. Los futuros diputados europeos ¿velarán
para que la legislación conserve lo que Dios ha creado para
nosotros y para las futuras generaciones en vez de favorecer objetivos
a corto plazo?
El bien común: Frente a una estructura demográfica
cambiante y a las presiones de la globalización, nuestro
modelo de sociedad basada en el crecimiento económico sostenible
y la solidaridad con los más pobres y débiles es más
válido que nunca. ¿Cómo logrará el próximo
Parlamento el equilibrio entre las reformas necesarias y estos valores
esenciales?
Apoyo a la familia: La legislación de la Unión Europea
tiene un impacto indirecto pero significativo sobre muchos aspectos
de la vida de familia. Para la mayor parte de los europeos, la familia
es la principal fuente de seguridad, estabilidad, cuidado de la
salud, educación y bienestar. ¿De qué manera
los diputados buscarán el equilibrio entre el respeto a la
diversidad y el apoyo a la familia fundada sobre el matrimonio como
componente básico de la sociedad?
Educación, cultura y juventud: El desarrollo económico
y social se basará cada vez más sobre el conocimiento.
Por este motivo, es fundamental que la Unión Europea reconozca
a la persona como el centro de los sistemas educativos y formativos.
¿Promoverán los futuros diputados el derecho de los
padres a elegir libremente la educación de sus hijos, sin
discriminación económica y de acuerdo con sus convicciones,
apoyando la acción de los Estados miembros?
Acogida a los extranjeros: Jesucristo nos pone el ejemplo de como
acoger a los extranjeros en nuestra sociedad. La Unión Europea
está desarrollando una política común sobre
asilo e inmigración. ¿Continuará el nuevo Parlamento
el compromiso del precedente, asegurando un tratamiento justo y
humano a los refugiados y a los inmigrantes?
Paz, seguridad y libertad: En un mundo atenazado por el miedo al
terrorismo, ¿promoverán los diputados políticas
que equilibren la necesidad de la seguridad y el respeto a la dignidad
humana y a los derechos humanos? ¿Garantizarán acciones
que ataquen las causas del terrorismo y favorecerán la resolución
pacífica de conflictos y el respeto a la ley internacional?
Justicia para los pobres de todo el mundo: Las políticas
de la Unión Europea sobre desarrollo y comercio afectan directamente
a las condiciones de vida de las personas más pobres del
planeta. ¿De qué manera el próximo Parlamento
asegurará que la Unión Europea cumplirá con
lo que la Iglesia llama “opción preferencial por los
pobres” y respetará la dignidad de las personas en
los países en desarrollo?
Honradez en la vida pública: Una de las funciones más
importantes del Parlamento Europeo es el control presupuestario
de la Comisión Europea y de otros organismos de la Unión.
¿Qué esfuerzos desarrollarán los futuros diputados
con el fin de respetar un código de conducta ética
que garantice la honradez, la transparencia y la probidad tanto
personalmente como en el conjunto del sistema comunitario?
Unidad en la diversidad por medio de la subsidiariedad: El Parlamento
Europeo es una expresión tanto de la unidad como de la diversidad
de la Unión Europea. ¿Cómo promoverán
sus miembros el desarrollo de una verdadera democracia europea respetando
al mismo tiempo la diversidad social, cultural y política
de la Unión así como el principio de subsidiariedad?
Diálogo con las religiones: La necesidad de diálogo
entre las religiones, las instituciones políticas y la sociedad
civil se hace más evidente que nunca. ¿Que hará
el nuevo Parlamento para entablar un diálogo que reconozca
la identidad específica y la contribución de las comunidades
religiosas a la sociedad en su conjunto?
Nuestra herencia cristiana: Una de las primeras tareas del nuevo
Parlamento será sin duda la adopción de una recomendación
sobre el nuevo Tratado Constitucional de la Unión Europea.
Aprovechamos esta ocasión para renovar nuestro compromiso
de promover los valores establecidos en la Constitución y
recordar la propuesta que hemos hecho junto con otras iglesias para
que haya una referencia expresa e inclusiva a la herencia cristiana
de Europa en el preámbulo del Tratado Constitucional.
En estas elecciones europeas por lo tanto, están en juego
valores fundamentales. Sólo a través del voto, los
católicos podrán contribuir a que se realice el sueño
del Papa Juan Pablo II de una Unión Europea hecha "de
hombres y mujeres que se empeñan en portar los frutos de
estos valores, poniéndolos al servicio de todos por una Europa
de la persona humana, en la cual se refleje el rostro de Dios"
(24 de marzo de 2004).
Bruselas, 10 de mayo de 2004
Jozef Homeyer, Obispo de Hildesheim (Alemania), Presidente
Adrianus van Luyn, Obispo de Rotterdam (Holanda), Vicepresidente
Hyppolite Simon, Arzobispo de Clermont (Francia), Vicepresidente
John Crowley, Obispo de Middlesbrough (Inglaterra y Gales)
Josef De Kesel, Obispo auxiliar de Bruselas-Malinas (Bélgica)
Teodoro de Faria, Obispo de Funchal (Portugal)
Joseph Duffy, Obispo de Clogher (Irlanda)
Fernand Franck, Arzobispo de Luxemburgo
Egon Kapellari, Obispo de Graz-Seckau (Austria)
William Kenney, Obispo auxiliar de Estocolmo (Suecia)
Vaclav Maly, Obispo auxiliar de Praga (República Checa)
Joseph Mercieca, Arzobispo de Malta
Giuseppe Merisi, Obispo auxiliar de Milán (Italia)
Peter Moran, Obispo de Aberdeen (Escocia)
Henryk Muszynski, Arzobispo de Gniezno (Polonia)
Frantisek Rabek, Obispo castrense (Eslovaquia)
Iones Spiteris, Arzobispo de Corfú (Grecia)
Anton Stres, Obispo auxiliar de Maribor (Eslovenia)
Andras Veres, Obispo auxiliar de Eger (Hungría)
Elías Yanes Álvarez, Arzobispo de Zaragoza (España)
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