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IX ASAMBLEA GENERAL DEL IEME
(12 –31 Mayo 2003)

Venidos de los catorce países en que se encuentran evangelizando y desde la casa central que el IEME tiene en España, se reunieron en Madrid 26 misioneros durante tres semanas en Asamblea quinquenal ordinaria para revisar su labor, otear el futuro y elegir nuevo equipo directivo para los próximos cinco años.

Fueron cinco los temas tratados en la Asamblea, después de una larga preparación durante la cual los Grupos misioneros de los diversos países se implicaron en presentar cuestiones y adelantar propuestas operativas: los retos que hoy presenta la misión ad gentes; la espiritualidad sacerdotal y misionera que la misión está exigiendo; los procesos de formación para la misión que reclaman una puesta a punto; una revisión de las estructuras para adaptarla a las nuevas situaciones misioneras; y, finalmente, un nuevo esfuerzo para que la economía esté siempre y aparezca al servicio de la misión. De cada uno de esos temas damos aquí un breve resumen.

1.- Retos de la misión ad gentes hoy.

Para nosotros, misioneros, la mirada a la realidad topa siempre con rostros y nombres concretos, con las cada vez más numerosas gentes se empobrecen progresivamente y cuya calidad de vida sufre un deterioro constante. Los mismos países en que nos movemos van perdiendo poder ante otros foros internacionales de decisión, quedan reducidos a ser instrumentos de sus intereses y se ven abocados a una economía informal de subsistencia y controlados desde el exterior. Son pueblos excluidos, ignorados en este nuestro mundo de economía única, con un sistema que utiliza y manipula las grandes instancias de poder y las pone al servicio de sus intereses.

Junto a esta “exclusión” inhumana, otro signo que leemos en los rostros sufrientes de nuestros pueblos es la “seducción”: a través de mil medios de comunicación social se hace apetecer a las gentes un modelo de vida hedonista, consumista, individualista, que resulta inaccesible para la gran mayoría y alienante para los pocos que lo consiguen. Se crea así un clima de frustración y malestar social que genera insolidaridad y violencia, y que a su vez busca válvulas de escape en sucedáneos (drogas, alcohol, etc..) que aumentan aún más los problemas.

El cambio cultural que se está generando en medio de esta situación es tan amplio y profundo que cuestiona todo nuestro horizonte cultural. Ahí entran el urbanismo creciente (con sus secuelas negativas de paro, subempleo, delincuencia común, desarraigo de vínculos familiares, etc..), la destrucción ecológica creciente y el pluralismo que invita a convivir cosmovisiones, religiones y culturas diferentes pero que, atravesado por una cultura naturalista cada vez más homogénea y dominante, lleva a unos al relativismo y a otros a la búsqueda de seguridad en nuevos fundamentalismos.

Pero nuestra mirada al pueblo pobre y sencillo con el que compartimos la vida topa también con signos esperanzadores: es la solidaridad como espontánea entre familias y grupos que les hace compartir desde la pobreza y afrontar juntos los problemas. Se buscan alternativas en una alimentación más autónoma, en la medicina natural, en el comercio de trueque, en ámbitos locales y comunitarios. Hay todo un despertar de movimientos sociales que van desde asociaciones de vecinos, de campesinos sin tierra o sin techo hasta aquellos que defienden diversos valores: derechos humanos, la paz, la justicia, la ecología, la igualdad de la mujer, la defensa de las minorías étnicas, etc. Sobre todo, advertimos que se está despertando un sentido de familia universal. Va creciendo la conciencia de que el mundo es uno y nadie puede apropiarse de su destino y que, por muchas contradicciones que surjan, sólo podremos convivir desde el respeto entre las personas y los pueblos. Es una época de transición que está pidiendo asumir los desafíos descubriendo en ellos las nuevas oportunidades que se nos abren, aprovechando las posibilidades y alentando la esperanza.

Desde nuestra mirada de misioneros observamos también cómo, en medio del materialismo reinante, bulle una fuerte ansia de lo espiritual, de lo religioso, por más que esta búsqueda sea a menudo ambigua o alienante. La proliferación de movimientos religiosos de tan diversos signos nos obliga al discernimiento y nos exige actitudes y espacios de dialogo. Nos hace interrogarnos también sobre las carencias de nuestra labor evangelizadora, sobre nuestra respuesta a las necesidades y expectativas de los pobres y sobre el tipo de ecumenismo y diálogo interreligioso que debemos realizar.

Miramos también con esperanza el aumento de vocaciones en muchas de nuestras Iglesias locales; la entrega de una Iglesia misionera que, hasta con su sangre, sigue sellando el compromiso con los que no cuentan; el caminar al lado del pueblo pobre y sufriente, en tantos países, de sacerdotes, religiosos y laicos. Y aunque también percibimos, en algunos sectores de la Iglesia, un volcarse más hacia el interior de sí mismos y una pérdida de empuje misionero, vemos que, en conjunto, aumenta la conciencia de la necesidad de una mayor colaboración intereclesial e interreligiosa por la paz y la vida para todos.

Al interior del IEME constatamos que, junto al propósito de vivir en situaciones auténticamente misioneras, seguimos a veces por mucho tiempo en unos mismos lugares o situaciones que ya no son tan misioneras; junto al ideal de una vida fraterna vivida en equipo y en grupo, nos encontramos con casos de grupos tan pequeños y dispersos que hacen difícil su realización; junto a las limitaciones de edad, vemos con ilusión que se incorporan nuevos compañeros y soñamos con un servicio generoso y evangélico.

Volviendo ahora los ojos a Jesús, aprendemos de nuevo a ver y juzgar la realidad desde la fe. Contemplamos así nuestra misión enraizada en el Dios Uno y Trino: el sueño de Dios Padre, su plan salvífico lo va realizando en nuestra historia por medio, también, de nuestra actividad misionera en busca de la armonía, felicidad y plenitud a que todas las personas están llamadas. En Cristo, Hijo de Dios hecho hombre, en su Pascua, aparece realizado y manifestado ese plan salvífico sin exclusión alguna. Cada uno de los momentos de su vida son luz para nuestro itinerario misionero. En la persona de Jesús el sueño del Padre se nos muestra como Reino de Dios, como horizonte y realización de la misión; se nos ofrece como don que obliga al compromiso por la liberación de todas las estructuras de pecado que amenazan desde dentro el plan salvífico de Dios. Al servicio de este Reino van nuestros esfuerzos y compromisos y toda la misión de la Iglesia.

También en la Pascua de Cristo se nos da el Espíritu sin ninguna discriminación. La comunidad cristiana es movida por el Espíritu a salir al encuentro de los otros. Pentecostés es una acción continua del Espíritu que nos permite vivir la comunión en medio de la diferencia de culturas y religiones. Así el Espíritu Santo es el protagonista de la misión, una misión que constituye a la iglesia como fermento de fraternidad en medio del mundo, a través de un diálogo en busca de comunión; una misión en fidelidad a Jesús y llena de creatividad según los diferentes contextos en que se realiza.

Nuestro aporte hoy a la misión ad gentes renueva el gozo y la urgencia de posibilitar a todos el encuentro con Jesucristo y formar comunidades evangelizadas y evangelizadoras. Nos preguntamos cual es hoy el clamor de los pobres, dónde se juegan las claves para un mundo más justo y más humano y de qué manera los cambios actuales nos están interpelando como misioneros. Ante tantos pueblos excluidos de la mesa común, necesitamos insistir en la formación y capacitación para el trabajo por la justicia, ayudando a descubrir la manipulación de las conciencias y despertando el sentido crítico respecto a los medios de comunicación y la cultura neoliberal actual. Ante el creciente pluralismo necesitamos formarnos más y mejor para el diálogo, para el aprecio y armonización de las diferencias, para la resolución pacifica de los conflictos. Ante la sed de transcendencia, necesitamos vivir y profundizar nuestra experiencia de Dios, revelado en Jesús, y así capacitarnos para acompañar a otros en su búsqueda religiosa. Ante un mundo violento, hemos de ser hombres de paz y reconciliación que luchan contra las injusticias y todas las causas de la violencia, haciendo de la paz y la reconciliación otros tantos nuevos nombres de la misión. Ante la destrucción de la creación, apostamos por la vida en todas sus formas, por la naturaleza y por los recursos que hacen posible la vida de los pobres. Ante la situación de miseria y abandono de tantos hermanos, queremos que nuestra presencia sea para ellos un signo de vida y amor, reconocer su capacidad para protagonizar su liberación y apostar por su formación, en especial de la mujer.

2.- Nuestra espiritualidad sacerdotal y misionera

Entendiendo por espiritualidad un vivir nuestra vida entera guiados por el Espíritu de Jesús, las tres características que componen nuestra identidad (sacerdotes diocesanos, asociados y misioneros) confluyen en marcar los acentos y configurar nuestro camino en seguimiento de Jesús.

Como sacerdotes diocesanos, la fuente básica de nuestra espiritualidad es la caridad apostólica en el ejercicio del mismo misterio, se sustenta en la Palabra de Dios y en la Eucaristía, y vive la relación con las Diócesis que nos envían y las que nos acogen invitando a ambas a vivir en radicalidad la dimensión misionera inherente a todo presbiterio. Como asociados que quieren vivir la misión en fraternidad, no como francotiradores, vemos necesario cultivar esa forma comunitaria y fraterna a la que tiende radicalmente el ministerio ordenado, concretándola en unas estructuras simples de grupos y equipos para ayudarnos mutuamente en la mejor realización de la misión y ser testigos de los valores del evangelio. Como misioneros ad gentes, es el seguimiento de Jesús, misionero del Padre, y la participación en su misión ad gentes la que nos configura. Sólo este sabernos llamados por El para anunciar su Evangelio a todos los pueblos, especialmente allí donde no es conocido, nos puede dar la fuerza y disponibilidad que necesitamos. Desde esa gracia de enviados por El, podemos abordar los retos de la inculturación, asumir con talante evangélico los conflictos, tensiones, rechazos y contrariedades, acoger lo bueno de otras culturas y religiones, y dejarnos evangelizar.

Constatamos que nuestra espiritualidad, como proceso de crecimiento inserto en la vida misma, ha de enfrentarse a actitudes de individualismo y activismo que pueden arruinar nuestra relación fraterna y apagar la fuente de nuestras opciones. Necesitamos cuidar siempre más los espacios y tiempos específicos que alimenten y fortalezcan nuestro ser. Nos sentimos llamados a cultivar en nuestra vida y trabajo las actitudes de contemplación, conversión, obediencia al Padre a ejemplo de Cristo, pobreza y celibato, humildad, esperanza y alegría, libertad y audacia, solidaridad, disponibilidad y entrega, diálogo, espíritu ecuménico, silencio e interioridad, celebración comunitaria, valoración del acompañamiento fraterno, coherencia de vida, discernimiento espiritual, vivencia de la vida ascendente con júbilo, creatividad y fraternidad, y contemplación en María de la síntesis de nuestra espiritualidad.

3.- Priorizar los procesos de formación.

El acento más fuerte de esta IX Asamblea recayó seguramente en la formación, entendida como un proceso permanente a lo largo de las diversas etapas y circunstancias de nuestra vida. Sin ese esfuerzo de formación, nuestra vida se empobrece y nuestra tarea evangelizadora pierde calidad y creatividad. Ahí entran los esfuerzos por animar y formar la conciencia misionera de la Iglesia española, que el IEME quiere seguir haciendo en comunión y colaboración con la Conferencia Episcopal de Misiones y con todos los organismos nacionales y diocesanos relacionados con la misión. Ahí entran también el acompañamiento y formación, en un curso especifico, de los jóvenes sacerdotes que quieren incorporarse al IEME como cauce para su vocación misionera. Ha de ser un curso de discernimiento y formación con vistas a un mutuo conocimiento e integración afectiva y al cultivo de conocimientos y actitudes fundamentales para la vida misionera, presentándoles la utopía y la realidad de los Grupos misioneros del IEME en su ideal y en su realización, en sus logros y en sus limitaciones. Un curso abierto también a la formación y acogida de sacerdotes que optan por otros cauces misioneros. En esa formación inicial entran también el tiempo de estudio de alguna lengua europea incentivando su motivación y acompañándolo suficientemente para aprovecharlo bien y no prolongarlo indebidamente. Y entra también el período de iniciación en el campo de la misión, período que ha de ser vivido y cuidado por todos con especial interés. Es un tiempo, no inferior a seis meses, para ir conociendo al Grupo y su lugar de trabajo, el país a través de su lengua, sus tradiciones y su historia, y la Iglesia local donde se va a trabajar.

Pero la tarea de formarnos no acaba nunca y es, ante todo, responsabilidad personal de cada uno, si quiere dar respuesta a los retos de la evangelización y a la llamada de Dios a la santidad. El inmediatismo, la rutina y la pereza son los enemigos de esa necesaria formación permanente. Necesitamos incentivarla continuamente para no quedarnos estancados. Ahí el Equipo y el Grupo, como plataformas de reflexión y revisión, juegan un papel decisivo a la hora de buscar y aprovechar los muchísimos medios que hoy están a nuestro alcance. Entre esos medios, queremos destacar (porque en aras del activismo pastoral los hemos quizás desatendido) los estudios especializados. Bien motivados y orientados, son una riqueza para quien los realiza, para el IEME y para el lugar de misión.

4.- Nuevas estructuras para nuevas situaciones misioneras

Consideramos que la estructuración que nos dimos en la VI Asamblea (1988) como Sociedad Misionera de Vida Apostólica fue un logro y no es caso de reconsiderarla. Pero con el paso del tiempo y al compás de nuevas situaciones eclesiales, sociales y misioneras afloran a otros niveles algunos desajustes que nos invitan a agilizar ciertas normativas para mejor adecuarlas a las exigencias de la misión y de las personas. Tal es el caso de nuestros Grupos y Equipos. Constatamos que, por lo general, los Grupos funcionan bien, pero la realidad de los Equipos es más compleja, choca con dificultades y tiene mucho que mejorar. A veces porque estamos dispersos y distantes, a veces por nuestro activismo o actitud individualista, el ideal de “equipo” como “comunidad de encuentro más personal y cercano donde se da la comunión, el discernimiento y la ayuda mutua” resulta difícil de cuajar. Pero hay que proponérselo con redoblado esfuerzo y buscar las condiciones y actitudes para hacerlos realidad.

A la estructura del IEME pertenece también una doble forma de incorporación: de por vida (miembros) o por un tiempo determinado y renovable (asociados). Esta doble forma ofrece al clero diocesano diversidad de oportunidades para vivir su vocación misionera ad gentes y queremos mantenerla. A la vez que reconocemos y valoramos el carácter paradigmático de la entrega a la misión para toda la vida, vamos progresando en la conciencia de las muchas posibilidades que la actual estructuración ofrece a los asociados para que puedan participar también en la vida ad intra de la institución.

Otra estructura básica del IEME la constituyen la Dirección General y los llamados Servicios Comunes (para la animación misionera y atención a enfermos y mayores). Nos urge comprometernos más y avivar nuestra disponibilidad para esta mediación que nos hemos dado y que hace posible, facilita y acompaña nuestra actividad misionera. Por muy valioso y de agradecer que sea el trabajo de voluntarios en estas tareas, no vemos la manera de reducir más el personal del IEME dedicado a estos servicios.

Es, finalmente, deseo del IEME seguir avanzando en la relación con nuestras diócesis de origen, así como mantener y, en lo posible, intensificar la vinculación con la Conferencia Episcopal Española, así como con los distintos organismos misioneros nacionales y diocesanos. Desde hace años se vienen haciendo convenios entre el IEME y distintas diócesis misioneras. Es un camino que se ha mostrado positivo y queremos seguir recorriéndolo.

5.- Una economía al servicio de la misión

El quinto y último tema que abordó la Asamblea fue el de nuestra economía, y la primera afirmación fue que nuestra economía, como nuestra vida, ha de estar al servicio de la misión. Ello nos obliga a una atención especial al uso evangélico de los bienes, tanto personales como institucionales, así como de los proyectos de desarrollo que podamos gestionar. Ello nos pide también una economía solidaria, fraterna y transparente, a nivel de la institución y a nivel, también, de cada Grupo misionero.

La Asamblea decidió que nuestro patrimonio inmobiliario (las dos casas que tenemos en Madrid) es suficiente y no debe aumentar. Decidió también que nuestro patrimonio financiero ha de ser fiel a un estilo de vida sencillo, austero y acogedor, sin intentar acumular más capital que el necesario para hacer frente a la asistencia de los misioneros jubilados y enfermos, al presupuesto de los Servicios Comunes y gastos de formación. Decidió también que, si algún año hay superávit, la Dirección General lo invierta a favor de otros más necesitados.

Distribución de los miembros del IEME por continentes y países.

A) CONTINENTES:

América Latina y el Caribe ___________ 72
África __________________________ 43
Asia ___________________________ 18
Europa (España) __________________ 45


B) PAÍSES:

América Latina y el Caribe

Brasil _____________________________ 14
Colombia __________________________ 03
Cuba _____________________________ 03
Guatemala _________________________ 07
Nicaragua __________________________ 10
Panamá ____________________________ 09
Perú ______________________________ 13
República Dominicana _________________ 12
Chile _______________________________ 01

África

Mozambique _______________________ 07
Togo-Benin _________________________ 08
Zambia ____________________________ 07
Zimbabwe __________________________ 21

Asia

Japón _____________________________ 14
Tailandia ___________________________ 04


Europa

España __________________________ 45


 
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