1. Nos disponemos a celebrar en el próximo
día 1 de junio, solemnidad de la Ascensión del
Señor, la XXXVII Jornada Mundial de las Comunicaciones
Sociales, cuando todavía tenemos muy vivo el grato recuerdo
de la V Visita Apostólica del Papa Juan Pablo II a nuestro
país, que ha constituido para la Iglesia en España
un gran acontecimiento de gracia y de cariño popular
en torno al Santo Padre, que nos ha animado de forma insistente
a llevar a cabo una más viva y eficaz acción evangelizadora.
"¡No rompáis -nos decía el Papa en
su homilía de la misa de canonización de cinco
nuevos santos españoles- con vuestras raíces cristianas!
Sólo así seréis capaces de aportar al mundo
y a Europa la riqueza cultural de vuestra historia".
Uno de los ámbitos más decisivo para la gestación
de la cultura contemporánea lo constituyen las comunicaciones
sociales y es en él donde, como ha advertido el propio
Juan Pablo II siguiendo a Pablo VI, se produce uno de los dramas
más dolorosos de nuestro tiempo: la fractura entre el
Evangelio y la cultura, situación que reclama, dada su
trascendencia en la vida de la humanidad, un esfuerzo pastoral
más decisivo sobre el que, cada año, pretende
concienciar a los fieles la celebración de la Jornada
Mundial de las Comunicaciones Sociales, instituida por el Concilio
Vaticano II (Cf. Inter mirifica, 18).
Inculturar el Evangelio en la comunicación
2. Por este motivo Juan Pablo II ha señalado que "el
trabajo en estos medios
no tiene solamente el objetivo
de multiplicar el anuncio. Se trata de un hecho más profundo,
porque la evangelización misma de la cultura moderna
depende en gran parte de su influjo. No basta, pues, usarlos
para difundir el mensaje cristiano y el Magisterio de la Iglesia,
sino que conviene integrar el mensaje mismo en esta "nueva
cultura" creada por la comunicación moderna"
(Redemptoris missio, 37).
Como reconoce el vigente Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal
Española, "a la vez se nos plantea el reto de inculturar
el Evangelio en esta nueva cultura mediática creada por
la comunicación moderna, con sus lenguajes y técnicas.
El fenómeno comunicativo mismo debe ser evangelizado,
lo cual lleva a afrontar una verdadera pastoral de la cultura...,
una pastoral integral en las comunicaciones sociales, realizada
de manera más coordinada y en diferentes ámbitos"
(n.44).
En este línea, y aunque todavía nos queda mucho
camino por recorrer, en España se han dado pasos importantes
en las delegaciones diocesanas de medios de comunicación
y contamos con un gran activo de presencia en las comunicaciones,
ya sea con las facultades o centros superiores de Ciencias de
la Información de titularidad eclesial, ya con las numerosas
iniciativas católicas que aparecen en Internet o bien
con medios propios, como pueden ser las grandes revistas religiosas
existentes y la multitud de publicaciones diocesanas, así
como la cadena radiofónica COPE y la nueva red de televisiones
locales diocesanas que, agrupadas en torno al proyecto denominado
"Popular TV", están convirtiéndose progresivamente
en una firme apuesta eclesial de futuro en el mundo audiovisual,
en el que desea manifestar con claridad su identidad cristiana
y dar así, a través de contenidos atractivos,
adecuada satisfacción a la demanda de quienes buscan
unas alternativas televisivas dignas de los valores trascendentes
y del sentido cristiano de la vida. Reciban nuestro más
firme apoyo quienes trabajan en estos medios para lograr estos
objetivos evangelizadores, los cuales justifican, por encima
de otras legítimas finalidades, la posesión por
parte de la Iglesia de medios de comunicación propios.
Pero todas estas iniciativas, especialmente el naciente proyecto
televisivo "Popular TV", necesitan para su afianzamiento
el apoyo moral de nuestra audiencia y la ayuda económica
de nuestras comunidades cristianas, a fin de que la Iglesia
pueda tener espacios desde los que hacer oír su propia
voz en el cada vez más complejo universo de las comunicaciones.
La misma estima y aliento antes expresados, tienen también
por nuestra parte como Pastores de la Iglesia, los comunicadores
que, fieles a sus convicciones cristianas y a su vocación
profesional, trabajan en los medios de comunicación civiles,
de titularidad pública y privada, sirviendo con su tarea
al bien común de la sociedad y a la causa de la dignidad
del ser humano, y por ello al Evangelio mismo.
Unos y otros, así como los empresarios cristianos de
la comunicación, están llamados a contribuir de
manera eficaz a superar la fractura existente, que antes señalábamos,
y a conciliar el mensaje del Evangelio con la cultura actual.
Así se generará una comunicación que haga
presente en la opinión pública española
la propuesta cristiana de sentido, connatural a la identidad
más genuina de nuestro pueblo, y que constituye nuestra
aportación más valiosa al plural mundo de la convivencia
social y democrática de la España de hoy y de
la Europa de la que formamos parte. Esta misión es una
de las tareas más importantes que en su reciente visita
el Papa Juan Pablo II nos ha encargado a la Iglesia en España
y que los católicos que trabajan en los medios han de
hacer propia.
Medios al servicio de la paz
3. Lugar central en la nueva cultura, que ha de generarse desde
el Evangelio aceptado y vivido, ocupa la paz. Podemos hablar
de la "cultura de la paz". De ahí que el Santo
Padre haya querido poner este acento en la Jornada Mundial de
las Comunicaciones Sociales de este año, tal como nos
lo muestra su mensaje para esta celebración. Viene sugerido
además por la conmemoración del 40º aniversario
de la Encíclica "Pacem in terris", del Beato
Juan XXIII. El Papa hace una llamada a los medios de comunicación
a fin de que estos contribuyan a la consecución de la
auténtica paz en el mundo, basándose para lograrlo
en los tres pilares que proponía el venerado Papa Roncalli:
la verdad, la justicia, la caridad y la libertad.
Sin la totalidad de estos ingredientes no es posible lograr
y sostener la paz, tan amenazada hoy como recordaba también
el Papa a nuestros jóvenes en la Vigilia en Cuatro Vientos
cuando les decía que "la espiral de la violencia,
el terrorismo y la guerra provocan, todavía en nuestros
días, odio y muerte. La paz -lo sabemos- es ante todo
un don de lo Alto, que debemos pedir con insistencia y que,
además, debemos construir entre todos mediante una profunda
conversión interior. Por eso, hoy quiero comprometeros
a ser operadores y artífices de la paz
testimoniad
con vuestra vida que las ideas no se imponen, sino que se proponen.
¡Nunca os dejéis desalentar por el mal!".
Estos mismo deseos queremos transmitir los obispos a quienes
en nuestro país trabajan en los medios de comunicación,
ofreciéndoles, ante todo nuestra oración, cercanía
y solidaridad a ellos y a sus familias que, amenazados, a veces,
por la violencia terrorista de quienes, por la fuerza inmoral
del terror y del miedo, pretenden hacer callar las voces de
la más noble e invencible de las causas: la de la defensa
de la vida y la libertad personal y colectiva de los ciudadanos.
Animamos al mismo tiempo a las comunidades cristianas que muestren
su solicitud y cercanía para con estos periodistas amenazados
y con todas las víctimas de la violencia, a la vez que
suplicamos a nuestros fieles una oración más intensa
y constante al Señor por aquellos profesionales de los
medios que son víctimas de las guerras.
La construcción de la paz a la que invita Juan Pablo
II no sólo lleva consigo una tarea defensiva o preventiva
frente a la violencia y el terror, sino que exige, especialmente
a los comunicadores, un empeño activo para construir
a través de los medios una cultura integral de la paz
y de la defensa de la vida humana, de toda vida humana; sólo
así tendremos, frente al irracional poder de la fuerza
de los violentos el argumento irrefutable de la bondad moral
y de la recta razón humana, y estaremos, además,
contribuyendo a que en la sociedad se instaure una nueva sensibilidad
que haga duradera toda convivencia en paz y en libertad.
Por la dignidad de la persona humana y el bien común
4. Por el contrario, es imposible sostener en determinadas circunstancias
un talante informativo ético y moral adecuado respecto
al terrorismo, a los malos tratos, o a cualquier clase de violencia
a la que somos más sensibles hoy en día, si la
actitud de fondo, en otros muchas ocasiones, ha sido reflejar
una imagen reduccionista de la persona humana, sin horizonte
ni destino. Sólo desde la aceptación de la verdad
del hombre, de todo hombre, de la grandeza de su dignidad inalienable
y de sus derechos, que para la visión cristiana es además
la de hijo de Dios con un destino transcendente, se le puede
defender de manera plena. En esto mismo ha insistido Juan Pablo
II en Cuatro Vientos cuando señalaba que "sin interioridad
la cultura carece de entrañas
Cuando falta el espíritu
contemplativo no se defiende la vida y se degenera todo lo humano.
Sin interioridad el hombre moderno pone en peligro su misma
integridad".
Estos juicios son aplicables no sólo a la comunicación
en escenarios físicos de violencia, sino que ponen también
en cuestión, desde el punto de vista ético y hasta
estético, muchos de los contenidos que de manera frecuente
están llenos de violencia física y verbal en programas
del ámbito televisivo e incluso en el de los videojuegos.
Por desgracia, estos espacios son, por lo general, tolerados
y hasta fomentados por su lucrativa rentabilidad económica
que adormece cualquier reacción ética en sus responsables.
Con contenidos así se amenaza seriamente todo intento
de una educación para la paz y la convivencia que armonice,
especialmente con los más pequeños y jóvenes,
el trabajo formativo que con ellos ha de realizar complementariamente
la familia, la escuela y los medios. La violencia doméstica,
el clima de crispación social y político no son,
por desgracia, patologías ajenas a frívolos o
interesados tratamientos informativos, ayunos de un mínimo
sentido moral.
Como puede percibirse, es mucha la responsabilidad ética
de los comunicadores y de los empresarios de la información
y ha de ser reclamada tanto por el público como por las
instancias públicas y sociales competentes. No es menor
el deber de los padres y educadores de fomentar un sano sentido
crítico que ayude al discernimiento de los más
pequeños y de los jóvenes a la hora del uso de
los medios. La educación en comunicación es una
tarea urgente en la sociedad de la información en que
vivimos. Por ello, la Iglesia como la escuela pueden y deben
prestar un gran servicio y destinar a él medios y personas.
La comunicación, servicio social
5. Entre las exigencias éticas que han de ser preservadas
en las comunicaciones sociales, si se quiere contribuir a crear
la cultura de la paz que todos necesitamos, está también
la del propio sentido social de la comunicación. La prosecución
del bien común, del interés general, es competencia
o tarea no sólo de los medios de titularidad pública,
sino de cualquier medio que quiera ser tal. Este objetivo irrenunciable
es compatible con la búsqueda de una rentabilidad económica;
pero no lo es con la mera consideración de la comunicación
como una industria o mercado y del público como simples
consumidores. De ser así, la comunicación entraría
por derroteros en que sólo podrían ejercer de
forma real la libertad informativa quienes más poder
adquisitivo tuvieran, lo que originaría claras injusticias
por las que perdería espacio la causa de la paz y la
estabilidad social.
Además, nada ayuda tanto a la función pacificadora
de los medios como su opción por la solidaridad. Ella
los reconcilia con las grandes causas del hombre y los pone
a su servicio. "Cada día los medios de comunicación
social -escribía Juan Pablo II en el Mensaje para la
Cuaresma de 1986- llegan a nuestros ojos y a nuestro corazón,
haciéndonos comprender las llamadas angustiosas y urgentes
de millones de hermanos nuestros menos afortunados, perjudicados
por algún desastre, natural o de origen humano; son hermanos
que están hambrientos, heridos en su cuerpo o en su espíritu,
enfermos, desposeídos, refugiados, marginados, desprovistos
de toda ayuda; ellos levantan los brazos hacia nosotros, cristianos
que queremos vivir el Evangelio y el grande y único mandamiento
del amor".
Agradecimientos
6. Al haberse cumplido en este curso el XX Aniversario de la
programación religiosa católica en TVE no queremos
terminar nuestro mensaje sin expresar nuestra gratitud por el
trabajo evangelizador desarrollado a lo largo de todo este tiempo
por estos programas, por sus directores y por cuantos, con verdadero
sentido eclesial y competencia profesional, han prestado y continúan
prestándolo este gran servicio a la Iglesia y a la sociedad
española.
Vaya también nuestra gratitud a los medios de comunicación
social por la magnífica labor realizada durante la reciente
Visita Apostólica del Papa Juan Pablo II a España,
que ha servido para que millones de personas, de dentro y fuera
de nuestras fronteras, hayan seguido puntualmente y pudieran
aprovecharse de los frutos espirituales de la presencia del
Santo Padre entre nosotros.
Madrid, 20 de mayo de 2003
COMISIÓN EPISCOPAL
DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL