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Para los más pequeños
No matarás: Dios habla claro

Los mandamientos de la Ley de Dios no requieren de grandes códigos. Son claros y sencillos para todos los hombres. El quinto mandamiento es rotundo: no matarás. Y esa ley divina igual va dirigida a los sabios como a los analfabetos, a los dictadores como a los demócratas, a los dirigentes del mundo como a los terroristas.
Entre todos los atentados contra la vida humana, el terrorismo resulta especialmente cruel. Algunos han intentado justificar que existen casos excepcionales que podrían legitimar el terrorismo, como medio de defensa ante una injusta opresión sistemática y prolongada. Pero olvidan que el terrorismo siempre derrama la sangre de otros inocentes.
La descalificación moral del terrorismo afecta no sólo a los que matan, sino también a todos los que hacen posibles los actos terroristas sin intervenir directamente en ellos. Entre estos últimos se encuentran, como señala la Instrucción de la Conferencia Episcopal, los que forman parte de sus comandos informativos y de su organización; los que encubren a los terroristas; los que colaboran con los terroristas; los que justifican teóricamente sus acciones o verbalmente las aprueban.
También merece un juicio moral negativo el terrorismo de baja intensidad, o "kale borroka". Comparte las mismas intenciones totalitarias del terrorismo; prepara sus futuros agentes; destruye el patrimonio común de los ciudadanos; y, finalmente, amenaza la seguridad y la paz de la vida social.
En ocasiones los intentos de justificar el terrorismo pueden ser más sutiles aludiendo a las razones políticas. Con ello se pretende olvidar la dimensión moral del problema, como si la política estuviese al margen de la ética. Las pretendidas o reales razones políticas del terrorismo nunca le eximen de responsabilidad ética y moral, porque el fin nunca justifica los medios ni en el terrorismo ni en la política.
También es un modo de justificar el terrorismo la actitud de guardar silencio ante él, de mirar hacia otro lado, de rebajar su gravedad moral. La Instrucción de la Conferencia Episcopal señala con contundencia que no es admisible el silencio sistemático ante el terrorismo ni la neutralidad ante él. Al contrario, los cristianos y todo hombre de buena voluntad tienen la grave obligación moral de expresar, no sólo el rechazo y la condena del terrorismo, sino también de toda forma de colaboración o de justificación del mismo. La condena el terrorismo no se hace por motivos de eficacia, sino por dignidad personal y por responsabilidad ante una sociedad agredida y humillada.
El terrorismo nunca tiene razón. Con esta advertencia se orienta una convivencia que no pacta con la lógica homicida y prepotente. Sólo desde unos firmes principios de respeto a la vida se garantiza la paz. El testimonio de la fe cristiana coincide con todos aquellos que aman la vida y la libertad humana y se unen para protegerlas.
En estos momentos en que la guerra azota a Iraq, los cristianos no podemos olvidar a quienes sufren allí, y en todas las guerras olvidadas por la opinión pública de los países ricos. Tampoco, so pretexto de la actualidad, podemos dejar de condenar las matanzas de esa guerra sin cuartel ni trincheras que es el terrorismo, y que atenta contra la dignidad del hombre en nuestro país y en muchas otras naciones del mundo.
Con mi bendición y afecto,
+ Agustin, arzobispo de Valencia

Publicada en "Paraula-Iglesia en Valencia" el 30 de marzo de 2003


 
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