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Cristianos y musulmanes en los caminos
de la paz
Mensaje para el final del Ramadán 'ID AL-FITR 1423
A.H./2002 A.D.
CONSEJO PONTIFICIO PARA EL DIÁLOGO INTERRELIGIOSO
S.E. MONS. MICHAEL L. FITZGERALD Presidente
Ciudad del Vaticano
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Queridos amigos musulmanes:
1. Tengo el gusto de dirigirme a vosotros con
motivo del "Id al-Fitr", con el que se concluye el mes
del Ramadán para presentaros, en nombre del Consejo Pontificio
para el Diálogo Interreligioso y de toda la Iglesia católica,
mis más cordiales felicitaciones.
Nos alegra recibir respuestas cada vez más numerosas a
nuestro mensaje, así como felicitaciones en ocasión
de nuestras fiestas, sobre todo en Navidad. Al mismo tiempo, es
motivo de alegría constatar que, en muchos lugares, se
intensifican en el ámbito local las relaciones entre cristianos
y musulmanes.
2. Vosotros sabéis, queridos amigos musulmanes,
con qué urgencia, del todo particular, aparece la cuestión
de la paz hoy en nuestro mundo.
Las situaciones de guerra constituyen una llaga abierta en el
corazón de la humanidad, sobretodo aquellos conflictos
que duran bastante tiempo ya sea en Oriente Medio, en África
o en Asia. En muchos países, los conflictos causan numerosas
víctimas inocentes, al tiempo que las poblaciones pierden
la esperanza de que, en un futuro cercano, pueda alcanzarse la
paz en sus tierras.
3. A menudo, las causas de los conflictos tienen
su origen en el corazón de hombres que rechazan abrirse
a Dios. Tales corazones están habitados por el egoísmo,
por el deseo desenfrenado de poder, de dominio y de riqueza y
todo esto en detrimento del otro y sin atención alguna
al grito de los hambrientos y sedientos de justicia y de solidaridad.
Si es cierto que conocemos bien las causas profundas de las guerras,
es sobretodo necesario tratar de explorar juntos los caminos de
la paz.
4. Como creyentes en el Dios Único, nosotros
entendemos nuestro deber de tratar de instaurar la paz. Cristianos
y musulmanes, creemos que la paz es, ante todo, un don de Dios
y es éste el motivo por el que nuestras dos respectivas
comunidades rezan por la paz y están llamadas a hacerlo
siempre. Como sabéis, el Papa Juan Pablo II invitó
el 24 de enero de 2002 a representantes de las distintas religiones
a Asís, la ciudad de San Francisco, para rezar y comprometerse
a favor de la paz en el mundo. Numerosos musulmanes procedentes
de distintos países contribuyeron al éxito de dicha
jornada. Se ha pedido que no se deje apagar la llama de la esperanza,
simbolizada por la lámpara. Nuestro Consejo, por su parte,
está buscando la mejor forma de llevar a cabo tal compromiso.
5. Con el fin de conseguir la paz y de conservarla,
las religiones pueden desarrollar un importante papel, el cual,
hoy más que nunca, les es reconocido por la sociedad civil
y por los gobiernos de los Estados. A este respecto, la educación
es un campo en el que las religiones pueden ofrecer una aportación
particular. De hecho, estamos convencidos de que los caminos de
la paz pasan por la educación. Gracias a ella, la persona
es capaz de reconocer su propia identidad y también la
del otro. Por lo tanto, nuestra identidad será más
clara cuando no se enfrente a la de nuestros hermanos, como si
la humanidad pudiera estar constituida por grupos antagonistas.
De hecho, la paz es inseparable de una mirada sobre el hombre,
en la verdad y en la justicia. La educación a la paz también
comporta el conocimiento y la aceptación de la diversidad.
Aprender a gestionar las crisis para no dejar que éstas
degeneren en conflictos, forma parte también de dicha educación
a la paz. Nos alegra ver cómo crece en muchos países
la colaboración entre musulmanes y cristianos en este campo,
sobretodo en lo que se refiere a una revisión equitativa
de los textos escolares.
6. Es en este tiempo tan particular para vosotros,
este tiempo del Ramadán, en el que el ayuno, la oración
y la solidaridad os donan paz interior, en el que yo comparto
con vosotros estas reflexiones sobre los caminos de la paz.
Os deseo, por lo tanto, esa paz en vuestros corazones, en vuestras
familias y en vuestras patrias e invoco sobre vosotros la Bendición
del Dios de la paz.
Mons. Michael L. Fitzgerald
Presidente
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