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El sarampión es una enfermedad infecciosa viral
difundida en todo el mundo. Afecta a los niños en edad escolar
y preescolar, tiene una evolución benigna pero puede presentar
complicaciones incluso graves. La enfermedad es muy contagiosa y se transmite
del enfermo al sano con gotitas infectadas difundidas por la tos y estornudos;
no se transmite por medio de los animales y no existen portadores sanos.
La enfermedad tiene la máxima incidencia a finales de invierno
y durante la primavera. Además de la forma clásica son posibles
también otras formas atenuadas, atípicas o de extrema gravedad,
en función del estado inmunitario del sujeto. El diagnóstico
del sarampión puede ser confirmado por la búsqueda del virus
en las secreciones nasales, en la sangre o en la orina, o bien por la
dosificación de los anticuerpos repetido durante la convalecencia.
El sarampión puede traer complicaciones respiratorias, neurológicas
y otras complicaciones raras como cardiacas u oculares. La terapia es
sintomática con antifebriles y sedantes de la tos. La cortisona
y los antibióticos son usados en las complicaciones. La OMS y la
UNICEF recomiendan la administración de vitamina A en pacientes
de edad entre 6 meses y 2 años hospitalizados por sarampión
o por sus complicaciones sobre todo en los que hay factores de riesgo.
La vacuna es muy eficaz y determina una inmunidad permanente. No provoca
daños si es administrada a niños ya vacunados o que ha pasado
la enfermedad. La protección se obtiene 7 días después
de la inoculación. La vacuna es muy sensible a la luz y al calor
y pierde su eficacia si no se conserva en las debidas condiciones. Es
necesario recurrir a esta profilaxis en los niños con infección
de HIV aunque estén vacunados. (Agencia Fides 23/5/2003) |
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