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Actividades y testimonios de algunos Institutos Religiosos
Citamos a continuación, algunos testimonios:
La Agencia Fides ha recogido los testimonios de algunas de las Órdenes religiosas esparcidas por todo el mundo, que están actualmente comprometidas en la lucha contra la lepra, en el cuidado de los enfermos y en su reinserción social. Muchos de los religiosos y religiosas con los que hemos hablado han referido que, por desgracia, no siempre los gobiernos autorizan la asistencia a los leprosos en sus países y, por tanto, es difícil establecer con exactitud el número y la localización de las leproserías o de los lugares en los que se apoyan para continuar su obra de asistencia.

Citamos a continuación, algunos testimonios:

LOS CAMILOS

Fieles al carisma de fundación transmitido por San Camilo, los Camilos desde siempre se han comprometido a “dar testimonio al mundo del amor siempre presente de Cristo hacia los enfermos” (Const. Nº 1). La fidelidad al carisma es el cadena que ha tenido unida la Orden en los momentos de mayor dificultad. En particular, la fidelidad al carisma se ha realizado en la decisión de vivir, hasta sus últimas consecuencias, la llamada de S. Camilo de Lelis a prestar todo cuidado al enfermo, incluso a costa de la propia vida.
Con el pasar del tiempo, el carisma se ha realizado con diversas modalidades, teniendo en cuenta los signos de los tiempos y a las necesidades de los que son últimos. Se puede decir que los cuatro siglos de historia camiliana se han caracterizado por la asistencia al enfermo, la razón de ser de la Orden, por la opción de servir a los más débiles, aquellos cuyas enfermedades son causadas por la pobreza y, a su vez, causa de posterior miseria; del compromiso en las emergencias sanitarias, allí donde la posibilidad de practicar el cuarto voto (servir a los enfermos, incluso con riesgo de la propia vida), es particularmente alta; por la atención a los signos de los tiempos, garantía de la evolución de las actividades, en respuesta a problemas nuevos e imprevistos.
San Camilo fue definido el iniciador de “una nueva escuela de caridad”. Tras sus huellas se han puesto muchos seguidores, extendiendo en los cuatro ángulos de la tierra y a las diversas necesidades del mundo, su inspiración. Al hacer esto, los Camilos continúan manteniendo unido el celo apostólico de la evangelización y el cuidado del enfermo. Como en Jesús, la proclamación de la Buena Nueva, pasa a través del testimonio de actos de curación. A través de la caridad, los religiosos camilos testimonian la presencia de los signos del Reino en el mundo y lo hacen con la competencia requerida del respeto debido a toda persona.
Aunque la primera misión extra-europea de los Camilos se remonta al siglo XVII, un notable desarrollo misionero se tuvo solamente, después de la segunda guerra mundial. La difusión en el mundo fue tal que, actualmente, los Camilos están presentes en treinta y seis países.
En todos los países el esfuerzo es doble: testimoniar lo específico de la propia vocación, a través de obras de asistencia socio-sanitaria y de formación del personal; crear las bases para la continuidad y el desarrollo de la presencia en el lugar, a través de religiosos locales.
Las reglas asistenciales están basadas en las condiciones presentes, en un particular territorio. Se da preferencia a aquellas patologías y a aquellos enfermos rechazados de todos o para los que no existen estructuras apropiadas.
Impelidos por estas motivaciones, los leprosos han tenido la prioridad en muchas de nuestras actividades. Muchas de ellas se han distinguido después por el celo de los religiosos y por la calidad de la asistencia ofrecida, tanto como para ser consideradas un modelo para toda la Nación en la que se encuentran.
La evolución de la medicina y el descubrimiento de curas médicas para vencer el bacilo; El mejoramiento de la obra de prevención, un mayor conocimiento y aceptación social han llevado a la reducción del número de enfermos de lepra en el mundo. Aunque no faltan zonas en que la lepra se ha arraigado como una enfermedad endémica, sin embargo no representa actualmente una emergencia sanitaria.
Esto ha determinado la conversión de algunas de nuestras actividades, destinadas a aquellas formas patológicas más virulentas y agudas. De modo particular, en muchas áreas del globo nuestra atención se ha transferido al fenómeno del SIDA.
Esto no impide que varios centros camilianos continúen dando asistencia y cuidado a los leprosos, sobre todo, donde les es negada la asistencia sanitaria y son objeto de discriminación.

Benin
Los Camilos están presentes en el País con cuatro comunidades
Los religiosos franceses, P. Moegle y P. Stenou, dirigen el Centre de Traitement Antilèpre et Dispensaire St. Camille di Davougon, en Abomey. Son ayudados por dos voluntarias laicas: Célinou e Célina. Es notable la presencia de voluntarios extranjeros que transcurren períodos de distinta duración, sosteniendo las actividades del Centro. Finalmente, los religiosos se valen de la colaboración de personal local, asumido para las tareas que requiere el Centro.
El Centre de Traitement Antilèpre et Dispensaire St. Camille ofrece asistencia institucional a treinta pacientes, mientras muchos recurren a las visitas en ambulatorio, para las curas médicas o la cirugía de las úlceras.
Este Centro, además del cuidado de la lepra, ofrece diversos servicios socio-sanitarios: estancia hospitalaria a enfermos de SIDA, de TBC, de úlcera de Buruli y de otras enfermedades graves, y una escuela artesanal femenina que prepara a chicas que no tienen medios, para un trabajo (corte, costura, economía doméstica, etc.).
Durante el último año se han efectuado controles diagnósticos sobre 752 casos. Se han hospitalizado 230 leprosos, de ellos los casos nuevos eran 32 (17 altamente infectivos), mientras el resto se refería a las secuelas de leprosos de infección antigua.

India
La delegación de los Camilos de la India desarrolla una actividad prevalente en el campo del SIDA. En el estado de Andrha Pradesh, donde vive un elevado número de leprosos, la delegación se ha hecho cargo de la gestión de un pequeño centro residencial para leprosos.
En este Centro viven leprosos ya negativos, pero con las señales irremediables de las lesiones de la enfermedad (deformidad, mutilaciones, amputaciones): son normalmente incapaces de proveer a sí mismos a causa de la edad y de las deformidades. A ellos se les asegura hospitalidad y curas en las recaídas. Se da preferencia a núcleos familiares, alojados en bifocales independientes. Cada casita tiene un pequeño huerto que sirve de terapia de rehabilitación.
El pequeño Centro, anexo al Seminario menor, hospeda unos veinte enfermos, al cuidado de un religioso.

China
Los Camilos no tienen una presencia estable en China, de donde fueron expulsados en 1952. Sin embargo, la tenacidad de algunos religiosos y el cambio político de los dirigentes, han permitido una vuelta parcial, para realizar obras socio-sanitarias.
Los Camilos se hacen cargo del mantenimiento de los Leproserías en Zhaotong y en Qiaojia, en la provincia de Yunnan. Sólo en esta provincia hay cerca de 25.000 leprosos; La tasa anual de progresión de la infección en la provincia es de cerca de 500 nuevos casos. En la zona de Qiaojia hay más de mil leprosos. La vieja leprosería se encuentra a cuarenta y cinco kilómetros fuera de la ciudad, sobre un relieve de montaña a 2.450 metros sobre el nivel del mar.
Los Camilos ofrecen asistencia a un millar de enfermos, hospitalizados y a domicilio.

Brasil
Los Camilos se instalaron en Macapà, porque Marcello Candia, que no podía ni quería llevar adelante él solo una institución llamada a “brasilianizarse” (según cuanto el amigo Pablo VI le había indicado), les dio el hospital.
La comunidad de los religiosos camilos en Macapà es reducida en número, pero muy activa, tanto en la gestión del hospital, como a domicilio. Ofrece una variedad de servicios. En el campo de la asistencia a los leprosos, Raul Matte, sacerdote y médico, extiende su obra a los habitantes de las aldeas que pueblan las islitas alrededor del Ilha do Marajò, a las que llega periódicamente con un barco (pequeño bote a motor), preparado como laboratorio. En las islitas viven muchas personas afectadas de lepra.

Tailandia
Desde el principio de la fundación, los misioneros Camilos se comprometieron en la asistencia a los enfermos de lepra: esta fue la opción preferencial de la Delegación, recientemente constituida en Vice-Provincia. Los enfermos de lepra, dispersos y escondidos en los campos y en los bosques, vivían marginados, olvidados conscientemente de toda la sociedad. Era difícil descubrirlos y alcanzarlos para visitas y curas. Nació entonces la idea de una “Aldea” adecuada que les pudiese hospedar y asistir, y consentirles establecer una vida socializada, dedicarse, según sus posibilidades, a un trabajo, proveer de alguna manera a su propia familia. El Padre Turcazo y el llorado padre Carli se pusieron al frente del fatigoso empeño, en la zona de Khokwat Prachimburi talando un bosque e incrementando después las estructuras del centro. La “Aldea San Camilo” se ha ido embelleciendo cada vez más, como un jardín y dotándose de diversas actividades: cultivo de fruta y verdura, cría de ganado, trabajos artesanos de madera y de tejido, instrucción de los niños. Actualmente la aldea S. Camilo es un símbolo de la misión tailandesa, y un estímulo a la sociedad del País, para que se preocupe de esta desafortunada categoría de enfermos.
De este centro dependen la Aldea de Precaiang, costruida para una decena de familias de leprosos, y la casa de Samliem, que acoge veinticinco hijos de leprosos que estudian en escuelas dispuestas a aceptarlos.
El haber vencido la lepra, no impide que el centro San Camilo continúe desarrollando una importante misión de acogida para enfermos crónicos y para los nuevos, raros, casos de infección. Actualmente un centenar de leprosos viven en el Centro San Camilo.

Madagascar
La Delegación de los Camilos en Madagascar, ofrece servicio de asistencia a los leprosos. La actividad es de tipo residencial realizada en la leprosería de Ilena, y de tipo domiciliario, a través de visitas en las casas donde viven los enfermos.
La leprosería está constituida por 47 casitas, donde están hospedados los leprosos y sus familias.
La asistencia la ofrece un equipo formado por personal sanitario laico y un religioso camilo.
Se ofrecen servicios de prevención en las aldeas, de curas en las formas agudas y de rehabilitación en los casos crónicos. El centro ofrece también servicio de pediatría.
Se sostiene a través de la aportación del ONG de la Orden, Salud y Desarrollo. Existen también otras formas de financiación.

Burkina Faso
En Burkina los Camilos están comprometidos en el cuidado de los enfermos afectados de lepra, a través del retiro en un centro residencial y de las curas a domicilio o en ambulatorio.
El Centro residencial se encuentra en los suburbios de la capital en Ouaga-Paspanga.
El número total de asistidos, en contacto con los religiosos Camilos es de cerca de 600.
La actividad está coordinada por un religioso hermano; además del personal encargado, el Hno. Vincenzo se sirve de la colaboración de unos cincuenta estudiantes universitarios, que ofrecen un servicio voluntario.
Se realizan servicios de prevención, cura y rehabilitación. Se ayuda también a los enfermos a convertirse en autosuficientes, sosteniendo sus pequeñas actividades agrícolas y de ganadería. Con este fin ha surgido una cooperativa.
Toda la actividad se financia con las donaciones de bienhechores.

Austria
La Provincia Austriaca se distingue de modo particular, por la propia atención al sostén de iniciativas misioneras en el campo de la lepra.
Además de tener un misionero propio, activamente comprometido en Madagascar en dirigir un centro de acogida para enfermos de lepra, la Provincia ofrece asistencia financiera a diversos centros esparcidos por el mundo. Con todo derecho la actividad de la Provincia se puede incluir en el campo de la asistencia a los leprosos.

La Provincia Austriaca sostiene financiariamente los siguientes proyectos (no siempre dirigidos por los Camilos) en:

-Thailandia:   Sri Vichien, Khokwat, Chombung.
-Laos:   Khud Sambad.
-South-Corea:   Sorokdo.
-China:   Leproseries in the Yunnan-Province.
-India:   Eluru (Andrha Pradesh)
-Benin:   Abomey.
-Madagascar:   Ilena, Isifotra.
-Brasilia:   Macapa.

Conclusión
La disminución de la patología de la lepra ha reducido el compromiso de los religiosos Camilos en esta actividad. Nuevas formas de lepra (SIDA) han vuelto a definir las prioridades ministeriales de los Camilos.
Sin embargo, continúa nuestra presencia en este sector, sobre todo, donde la enfermedad permanece como un signo de la pobreza y la marginación. A los leprosos se les ofrece una cura holística, que busca, no sólo reducir la enfermedad, sino también promover la dignidad de las personas. (Fr. Luca Perletti, Secretario general)

LOS MISIONEROS DE LA CONSOLATA
Desde los primeros años de su ida a África, el problema de la lepra se presenta como una de las enfermedades fáciles de distinguir, menos fáciles de diagnosticar y de curar; no era raro ver personas afectadas, permanecer fuera de vida de las aldeas a donde se les llevaba una escudilla de comida. Las misiones los acogían, los curaban en sus dispensarios, pero no conocían los tratamientos para curarlos. Esta situación duró largos años. Con la construcción de los hospitales se tuvo una particular atención a los afectados de lepra, asignándoles repartos convenientes y reservando horas particulares en los ambulatorios.
La lepra por su naturaleza es tal, que no consiente aventurar estadísticas. Los datos provenientes de los hospitales son indicativos y aproximativos. El hospital de Gambo, que surgió en 1973, en la misión de Gambo, vicariato apostólico de Meki, en la provincia Arsi (Etiopía), es el punto de referencia para el control y tratamiento hospedaliero de la lepra y de la hospitalización. El hospital reserva cuarenta y seis camas. En 1992 y 1993 los hospitalizados fueron 120 y 117 respectivamente; la duración media de la hospitalización 82 días en 1993 y 92, en 1994.
Los casos de muerte en el hospital fueron, dos en 1992 y dos en 1993. En años más recientes ha disminuido la hospitalización, pero se han intensificado las visitas a domicilio por parte del personal del hospital.
Otro hospital en el que trabajan los misioneros de la Consolata es Ikonda (diócesis de Njombe), construido en 1965. En la zona, la lepra no se podría considerar difundida por la falta de casos evidentes, pero se sabe, por indiscreciones, que existe encubierta. Permanece, sin embargo, una de las causas responsables de otras hospitalizaciones. Los registros del hospital no contienen datos significativos, pero se sabe que la lepra sobrevive en el País.
Una pequeña colonia de leprosos surgida con la misión de Nova Esperanza, diócesis de Vichinga en el norte de Mozambique, a mitad de los años 60, y confiada al misionero de la Consolata, P. Salvatore Corner, ha pasado, hace algún tiempo, a la iglesia local. Consiste en casitas de tamaño familiar, construidas para los leprosos y preparadas con las cosas necesarias a la vida, sobre todo, de la escuela elemental para los niños y del dispensario.
No menos comprometida y singular es la obra desarrollada por el misionero, ya difunto, P. Ludovico Crimella, originario de Como, que cambió la leprosería de Onze de Maio, en Amazzonia, en una Comunidad, comenzando por reunir pocas decenas de individuos. Hoy la comunidad está formada por cerca de cuarenta mil individuos, parte de ellos ex enfermos de lepra y otros necesitados de prevención y rehabilitación social. (P. Giovanni Tebaldi, IMC)


LAS MISIONERAS DE LA CONSOLATA
En nuestros días, si se interviene tempestivamente, siguiento con rigor un ciclo terapéutico, que dura muchos meses, la lepra es curable. En cambio, si la enfermedad de Hansen, come se llama también esta patología, se descuida, se tienen resultados irreversibles: pérdida de la sensibilidad en los miembros, ceguera, lesiones graves en las manos, en los pies y en la piel.
Por esta razón, en el Ganta Leprosy Rehabilitation Center (Ganta Rehab), donde trabajo desde hace varios años, muchos de los 320 pacientes son minusválidos. Muchos de ellos han sufrido la amputación de los miembros inferiores y se mueven sólo en silla de ruedas; otros caminan con el paso inseguro del ciego o de la persona que ha perdido la integridad de los miembros inferiores; muchísimos tienen las manos encogidas o muñones en lugar de brazos; Alguno tiene perennemente una parte del cuerpo protegida con bendas; todos, por la pérdida de la sensibilidad que altera la percepción del contacto físico con la materia, tienen muchas dificultades para desarrollar un trabajo.
Sin embargo, los leprosos de Ganta, a pesar de encontrarse en condiciones incómodas, son personas serenas y trabajadoras y, si se pregunta cómo están, sonriendo responden: «Well… I thank God» (Bien, gracias a Dios).
Todos los que viven en Ganta Rehaz, que tienen un mínimo de autonomía para utilizar los miembros, desarrollan con interés un trabajo retribuido que les hace sentirse útiles, capaces, apreciados por la colectividad y que les ofrece la posibilidad de disponer de lo que ganan, para hacer frente a los pequeños gastos personales y de la familia.
Las actividades desarrolladas por los leprosos son variadas, van desde la artesanía, a la limpieza de los ambientes, a los trabajos agrícolas, al voluntariado para servir a los que no pueden moverse de sus habitaciones.
Entre los artesanos, se encuentran talladores de madera, tejedores de rafia, trabajadores de cuero, especialistas en costura… En Ganta, para superar los límites impuestos por las limitaciones, se trabaja como en una cadena de montaje. Por ejemplo, la “escuadra” de los talladores de la madera está compuesta: de leñadores que procuran la materia prima tomada del bosque, artistas que dibujan los motivos decorativos sobre los objetos que hay que trabajar, los artesanos que tallan, ayudantes que pulen y dan brillo a los trozos, encargados de las ventas, de la contabilidad… Los primeros tienen piernas y brazos todavía buenos, los otros tienen una tasa creciente de disabilidad, pero el grupo, junto, produce objetos artísticos bastante hermosos que colocan incluso en algunos supermercados de Monrovia que solidarizan con los leprosos de Ganta.
Los tejedores de rafia son numerosos y producen – siempre con el sistema de trabajo en cadena que valora habilidad y posibilidad – cestos, bolsas, bandejas de diversas formas y tamaño, y bonitos abanicos, muy apreciados y útiles en Liberia donde siempre hace mucho calor.
Los trabajadores de cuero, son zapateros especializados, capaces de confeccionar sandalias y zapatos ortopédicos que se adaptan a los pies lesionados de sus clientes. Los sastres, no sólo son hábiles en coser los vestidos para pequeños y grandes, las camisas para médicos y enfermeros, la ropa para el hospital, sino que realizan también bolsas y bolsitas que venden en los pequeños mercados.
En Ganta, los herreros saben utilizar cualquier pedazo de hierro o de tubo, para conseguir objetos útiles para la casa y el hospital o para reparar utensilios.
El problema de los artesanos es encontrar el sistema para vender los productos, por eso, la Hna. Eugenia Paola Tappi, misionera de la Consolata, además de ser maestra en artesanado, busca negocios que acepten exponer y revender los objetos confeccionados en Ganta Rehaz. Además de los hansenianos artistas, están también los encargados de la limpieza del hospital y los agricultores: un pequeño ejército de minusválidos, un pequeño estipendio fijo, esperado cada mes como un maná del cielo.
La escuadra de la limpieza está muy orgullosa del orden que dejan en los distintos lugares, empezando por la habitación o la casita de los minusválidos: hacen las camas, barren, limpian los cristales y los suelos, quitan el polvo…
Algunos hacen la limpieza estando en la silla de ruedas o cogiendo la escoba entre los dos muñones o atando el estropajo a un brazo…
Los hansenianos con más fuerza se dedican a la agricultura. Cultivan el huerto y los campos, para producir verdura, fruta, legumbres y cereales. Son ayudados por los menos fuertes en la cría de cerdos, conejos y pescados. Los agricultores contribuyen a la autosuficiencia de alimentos de la comunidad de Ganta Rehaz que, entre enfermos, familiares y personal cuenta más de setecientas personas.
Los voluntarios tienen varios campos de acción: el servicio a los enfermos graves, la educación sanitaria y la enseñanza de las técnicas de trabajo.
A los enfermos graves se dedican las personas más sensibles, que intentan aliviar las molestias de sus compañeros no autosuficientes. Una actividad cotidiana comprometida es la de dar de comer y prestar, con delicadeza, servicios preciosos a los que no tienen brazos.
Los educadores sanitarios, se preocupan de enseñar a todos la perspicacia necesaria para no agravar la situación de minusvalidez y prevenirla.
Un voluntariado practicado por los artesanos y los “agrónomos” es el de preparar a los que llegan nuevos a ponerse en grado de continuar su trabajo. Es interesante ver cómo todos acogen bien a los nuevos pacientes, ayudándoles a superar el trauma de ser leproso, mostrándose disponibles a enseñar un oficio que permitirá al enfermo afrontar el futuro con dignidad.
El ciclo terapéutico para la cura de los hansenianos que no tienen otras complicaciones, dura cerca de dieciocho meses, un tiempo suficiente para aprender un oficio. A los pacientes que dejan el hospital, la comunidad ofrece una financiación, para que puedan iniciar la actividad por su cuenta. Esto favorece la reinserción en el clan familiar y da ánimo a los exhansenianos que pueden mantener de manera digna la propia familia.
Los que, después de haber recobrado la salud, dejan el hospital, alaban al Señor que, realizando maravillas, los ha librado de esta terrible enfermedad y ruegan por sus amigos y por las Misioneras que siguen estando cerca de los que, incluso en el sufrimiento, viven serena y fraternalmente en el Ganta Rehaz. (Hna. Gaudenzina Aricocchi)

LAS MISIONERAS COMBONIANAS
Según los datos recogidos de las Misioneras Combonianas, son varias las hermanas, esparcidas en todo el mundo, actualmente comprometidas en el cuidado y tratamiento de los enfermos de lepra. Aunque no trabajan en leproserías propiamente dichas, intentan asistir a los leprosos en varias instituciones combonianas y hospitales a los se acercan y prestan su ayuda.
Una institución propia se encuentra en Eliopoli, El Cairo, en Egipto, que cuida 750 leprosos, el 95% musulmanes. En África Central se ocupan en cuidar los leprosos en las diócesis de Kaga-Bandoro, Bangassou y N’Baiki. En Uganda trabajan con las diócesis de Gulu, Lira, Kotido, Moroto; en Congo en las comunidades de Mungberè, Nangasisi, Isiro. En Mozambique, en la diócesis de Nacala, siguen 17 nuevos casos en Namahaca, 23 en Carapira, 38 nuevos casos en Alua, 30 casos en Lurio además de los 253 que ya han curado, 40 casos en Anchilo, además de otros 28 nuevos casos.

LOS MISIONEROS COMBONIANOS
A pesar de que los misioneros combonianos no tienen actualmente actividades directamente organizadas en el cuidado y prevención de la lepra, muchos de ellos prestan ministerio como sacerdotes en algunas leproserías. Nos habla de ello el director de la Editorial Misionera Italiana (EMI), padre Ottavio Raimondo, misionero comboniano.
Los misioneros combonianos en Italia, dice el P. Raimondo, han favorecido la difusión de la Asociación AIFO (Amigos de Raúl Follereau) y, por tanto, comparten las perspectivas de la misma Asociación, en lo que se refiere a métodos de cura y de reinserción del leproso en la sociedad. Están convencidos de que también la lepra, en el pasado más que ahora ligada a prejuicios, hoy no es posible vencerla simplemente con medicinas, porque está unida íntimamente al progresivo empobrecimiento de los pueblos del sur del mundo.
En el pasado, continúa el misionero, han existido las leproserías, como por ejemplo la de Alito en Uganda, en la que vivía el P. Luigi Molinaro, comboniano muerto en ABER, Uganda, en 1985. Otro hermano comboniano (misionero comboniano no sacerdote) el 4 de diciembre de 1932 murió leproso en Wau, en el Sudán sur. Era el tiempo en el que la lepra todavía se consideraba contagiosa. El hermano vivió varios años en una cabaña, aislado de la comunidad religiosa que lo visitaba regularmente. Otros combonianos han prestado su asistencia o la están prestando en Brasil y también en una pequeña leprosería que existe en Guadalajara (Méjico), concluye el P. Raimondo.

LAS FRANCISCANAS MISIONERAS DE MARÍA
Son 7712 las Franciscanas Misioneras de María de setenta nacionalidades que trabajan en setenta y cuatro países del mundo. Su Instituto es específicamente misionero, fundado el 6 de enero de 1877, por María de la Pasión. El celo misionero de la fundadora no conoce límites para responder a las llamadas de los pobres y de los abandonados, y trabaja también en la promoción de la mujer y la cuestión social. El 5 de marzo de 2002, la curación de una religiosa afectada por “TBC pulmonar-vertebral, enfermedad de Pott, fue reconocido como milagro concedido por Dios, a través de la intercesión de la Venerable, que el 20 de octubre de 2002 fue beatificada por Juan Pablo II.
Las Franciscanas cuidan de los enfermos de lepra en muchos dispensarios esparcidos en todo el mundo y el tratamiento no consiste sólo en terapias médicas, sino también en la rehabilitación y la reinserción social. Indicamos a continuación algunas leproserías en las que trabajan las hermanas:

Ghana Jirapa
Argentina General Rodriguez
Corea San Cheong Kun
India Tuticorin
Giappone Kumamoto
Vietnam Qui Nhon
España Trillo

En Vietnam, el mismo gobierno comunista les ha pedido que permanezcan, para trabajar en la asistencia a los leprosos.

LOS MISIONEROS DEL PIME
Aquí, en la India, han sido las religiosas del Pime las primeras que se han interesado por los leprosos. En los años cincuenta, la Hna. Luigina Marchesi abrió una leprosería en Vegavaram, cerca de Eluru, en la diócesis de Vijayawada, en el estado de Andhra Pradesh. Entre los padres del Pime, el P. Luigi Pezón, desde el 65 hasta ahora, ha trabajado siempre entre los leprosos, en Nalgonda, fundando el
Leprosy Health Centre.
En Mumbai (Bombay), el P. Carlo Torriani, en 1976, inició un proyecto de control de la lepra con el nombre de Lok Seva Sangam (LSS). En aquellos tiempos, Mumbai era considerada la capital de la lepra, porque tenía el 11 por mil, mientras en India el porcentaje es del 5 por mil. El ayuntamiento confió a la LSS dos barrios de Mumbai, Chembur y Kurla, con una población de millón y medio. Tamizando sistemáticamente todos los barrios bajos, en los años ochenta, teníamos registrados más de 4000 leprosos. La cura se les suministraba mensualmente en puntos de referencia que nosotros llamamos dispensarios. Entonces se usaba solamente el solfone. Cuando se comenzó a usar una combinación de tres medicinas (solfone, rifampicina y clofazimina) el tiempo de cura se acortó de dos años a seis meses. Ahora tenemos registrados sólo quinientos leprosos. Por desgracia, sin embargo, la batalla no ha terminado porque cada año descubrimos todavía mil nuevos pacientes. Nuestra esperanza es que diagnosticándoles en la fase inicial, se puedan prevenir las deformidades, de manera que pueda hacerse desaparecer la idea popular de lepra, ligada con la deformidad de los miembros y de la cara. LSS continúa el trabajo de control de la lepra, mientras yo ahora vivo con unos treinta leprosos curados en un Ashram (lugar de retiro y oración),) Swarga Dwar (Puerta del Cielo), en Taloja, a 40 km fuera de Mumbai. Todo el arroz que comemos lo cultivamos nosotros. Toda la leche la tenemos de nuestras búfalas y tenemos hasta para vender.
Viviendo con ellos hace treinta y cuatro años, he aprendido de ellos a mirar cara a cara a la muerte sin miedo, porque me han enseñado que la muerte es la Puerta del Cielo, el nombre de nuestro ashram. Y, como misionero, leyendo el Evangelio con ellos, he descubierto y comprendido mejor una frase fundamental del mismo: “La piedra que los constructores han desechado, se ha convertido en la piedra angular. Esta es obra de Dios y es mágnifico de ver! Para ellos, desechados de todas las sociedades, esta frase representa una gran esperanza.
Para nuestra sociedad, en cambio, es una advertencia a no despreciar, marginar, rechazar a nadie, porque en el Reino de Dios hay lugar para todos.
Como misionero siempre había leído y recordado sólo la frase que sigue: “no hay salvación sino en el nombre de Cristo”. Pero ésta es consecuencia de la primera.
En Jesucristo hemos aprendido que Dios salva, comenzando por los últimos. Y si Dios comienza por los últimos, hay salvación para todos. (P.Carlo Torriani, Pime)

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