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Arnoldo Janssen...
Arnoldo murió el 15 de enero de 1909. Su vida fue una permanente búsqueda de la voluntad de Dios, de confianza en la providencia divina y de duro trabajo. Que su obra ha contado con la bendición del Señor lo atestigua también el desarrollo ulterior de su obra: más de 6.000 misioneros del Verbo Divino trabajan hoy en 65 países. Las misioneras Siervas del Espíritu Santo se encuentran presentes en 35 países con más de 3.800 hermanas. Las Siervas del Espíritu Santo de Adoración Perpetua superan el número de 400 en 10 países

- Los Misioneros del Verbo Divino
- Congregación misionera de las Siervas del Espíritu Santo
- Congregación Siervas del Espíritu Santo de Adoración

Arnoldo Janssen

José Freinademetz

Los Misioneros del Verbo Divino
Primera congregación fundada por Arnoldo Janssen
La idea…

En medio de las dificultades religiosas que el Kulturkampf significaba para los católicos alemanes, Arnoldo Janssen asume entre 1874 y 1875 la decisión de fundar un seminario de misiones. Estaba muy consciente de las dificultades, pero les dio una interpretación diferente a la de la mayoría de sus contemporáneos. La situación, aparentemente sin salida, constituyó para él un llamado, incluso una exigencia, a elevar los ojos más allá de esos horizontes limitados y a salir a actuar más allá, en favor de la Iglesia Mundial, es decir, a ser más católicos.

En la edición de junio de 1874 de su revista, Arnoldo Janssen se hace una pregunta: “…nos dirigimos a los sacerdotes como, asimismo, a los estudiantes que se hallan a las puertas del sacerdocio, ¿no habrá alguno, entre ellos, que sienta la vocación de consagrarse a la causa misional? ¿Qué tal sería si sacerdotes alemanes se pusieran de acuerdo para establecer un seminario alemán de misiones en un lugar seguro? …Bélgica, Irlanda, Italia y Francia cuentan todas con sus respectivos seminarios misionales… Alemania, este gran país con tantas familias auténticamente cristianas no cuenta aún, que nosotros sepamos, con ninguno. [...] Consideramos que eso tiene arreglo y que debe tenerlo”.

Los objetivos del seminario están claros en la mente de Arnoldo. En una solicitud dirigida al Arzobispo de Colonia establece estos tres puntos: 1. “Según lo expresado, el objetivo de la casa [de misiones] sería formar, equipar y enviar misioneros a los países de misión y, de todos modos, ejercer actividades adecuadas para lograr, en nuestra patria, el incremento permanente del espíritu apostólico y del interés por la propagación del Reino de Dios en la tierra”. 2. “Junto a este objetivo principal se deberá tener en vista, como objetivo secundario para los docentes del seminario, el fomento de la ciencia cristiana, lo que conlleva facilitar el tiempo necesario para ello a los capacitados en ese sentido”. 3. “Si esperamos que salga algo de provecho de esta obra, no podemos naturalmente, al igual que los demás seminarios de misiones, prescindir del fundamento de una congregación religiosa”.

La fundación del seminario misional se concretó el 8 de septiembre de 1875, en un mesón para viajeros de Steyl, un pequeño pueblo de Holanda, a poca distancia de la frontera alemana. Pocos años después, se convertiría en la Sociedad del Verbo Divino.

Hoy…

Dicen las Constituciones de la Congregación del Verbo Divino: “Los Misioneros del Verbo Divino consideramos que nuestra obligación es proclamar la Palabra de Dios a todos los hombres, suscitar nuevas comunidades del Pueblo de Dios y promover su crecimiento en comunión recíproca y con la Iglesia universal. En primer lugar y con preferencia, trabajamos allí donde el Evangelio aún no ha sido predicado o lo ha sido en forma insuficiente y allí donde la Iglesia local no puede valerse por sí misma. Cualesquiera otras tareas que asumamos han de estar orientadas hacia esta finalidad primordial. En cumplimiento de nuestro cometido misionero, quien se una a nuestra Congregación debe estar dispuesto a ir adonde el Superior lo envíe, aunque esta destinación le exija la renuncia a su patria, idioma y ambiente cultural. Esta disponibilidad constituye una característica esencial de nuestra vocación misionera”. (Constitución 102).

Los miembros de la congregación entendemos que la misión no es nuestra. Participamos en la misión de la Iglesia toda, que es a su vez participación en la misión de Dios mismo. La misión nace de un Dios Trinitario, un “Dios comunión”, que toma la iniciativa y se comunica con nosotros para que podamos conocerlo, entrar en relación con Él y vivir como hijos suyos y mensajeros de su amor. Así entendida, la misión de la Iglesia es continuación del proceso de comunicación de Dios con nosotros, entendida como camino y proceso hacia la comunión del Reino de Dios. Su modelo es la Encarnación del Verbo, y su horizonte utópico la Trinidad.

Cada seis años, representantes de la Congregación de todas partes del mundo se reúnen en lo que se llama un ‘capítulo general’. La reflexión continuada y la experiencia vivida llevaron a que el Capítulo de 1994 definiera la meta de la misión de la Congregación como comunión, comunión entre nosotros mismos, comunión con las gentes de otras creencias y culturas y comunión con los pobres y marginados. Buscamos la comunión a través del diálogo. La meta última es la plenitud de la comunión de todos en el amor de Dios. Los verbitas vemos nuestro rol, en el mundo y en la Iglesia, como servidores de esa comunión. En esto seguimos las huellas del Verbo de Dios que se encarnó en un determinado pueblo y cultura para entrar en comunión con nosotros. Sólo en esta comunión podemos alcanzar la plenitud de la vida.

El 15to. Capítulo General del 2000 definió el diálogo como “la comprendión más profunda y adecuada” de nuestra vocación misionera. Este diálogo se concretiza como diálogo profético, como actitud de “solidaridad, respeto y amor” que debe permear todas nuestras actividades. Diálogo que tiene como interlocutores privilegiados a cuatro grupos de personas:
- personas ajenas a toda comunidad de fe y/o que buscan la fe;
- los pobres y marginados;
- gente de otras culturas;
- gente de distintas tradiciones religiosas e ideologías seculares.

Limitados como estamos por nuestros puntos de vista personales y culturales, ninguno de nosotros ha alcanzado la verdad total que sólo Dios posee y que nos ha sido revelada en Cristo. Juntos y en diálogo buscamos esa verdad.

El diálogo presupone dos cosas: En el plano subjetivo presupone que respeto a la otra persona como suejto autónomo y libre, como a mí mismo. Desde esta perspectiva, el diálogo es la actitud básica de escucha respetuosa de los otros y de apertura a comunicarnos nosotros mismos a los demás. En el plano objetivo, presupone que cada persona y cada comunidad humana tiene alguna experiencia valiosa del sentido último de la vida, que pueden compartir con otros. Si por mi parte estoy convencido de que puedo compartir con otros mi fe o mi experiencia del sentido último de la vida en Dios, debo estar preparado para escuchar también a mi vez a esos otros. La Verdad última será siempre mayor que mi propia experiencia y conocimiento. Y ninguna institución o persona, puede decir que posee toda la verdad.

En un mundo único, pero desgarrado y dividido, creemos que tenemos un mensaje que compartir y un proyecto que proponer. El mensaje es el del Amor de Dios a toda la humanidad, que debe contagiarse y reflejarse en todos sus hijos e hijas. El proyecto que proponemos es la comunión de todos, con el debido respeto de las diferencias que a todos nos enriquecen… Ningún concierto se basa en una sola nota. Una sinfonía se construye sobre la relación armónica entre muchas notas e instrumentos diversos… ¿Alguien quiere integrarse a la orquesta?

 
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