La fundación
del seminario misional se concretó el 8 de septiembre de
1875, en un mesón para viajeros de Steyl, un pequeño
pueblo de Holanda, a poca distancia de la frontera alemana. Pocos
años después, se convertiría en la Sociedad
del Verbo Divino.
Hoy…
Dicen las Constituciones de la Congregación
del Verbo Divino: “Los Misioneros del Verbo Divino consideramos
que nuestra obligación es proclamar la Palabra de Dios
a todos los hombres, suscitar nuevas comunidades del Pueblo de
Dios y promover su crecimiento en comunión recíproca
y con la Iglesia universal. En primer lugar y con preferencia,
trabajamos allí donde el Evangelio aún no ha sido
predicado o lo ha sido en forma insuficiente y allí donde
la Iglesia local no puede valerse por sí misma. Cualesquiera
otras tareas que asumamos han de estar orientadas hacia esta finalidad
primordial. En cumplimiento de nuestro cometido misionero, quien
se una a nuestra Congregación debe estar dispuesto a ir
adonde el Superior lo envíe, aunque esta destinación
le exija la renuncia a su patria, idioma y ambiente cultural.
Esta disponibilidad constituye una característica esencial
de nuestra vocación misionera”. (Constitución
102).
Los miembros de la congregación entendemos
que la misión no es nuestra. Participamos en la misión
de la Iglesia toda, que es a su vez participación en la
misión de Dios mismo. La misión nace de un Dios
Trinitario, un “Dios comunión”, que toma la
iniciativa y se comunica con nosotros para que podamos conocerlo,
entrar en relación con Él y vivir como hijos suyos
y mensajeros de su amor. Así entendida, la misión
de la Iglesia es continuación del proceso de comunicación
de Dios con nosotros, entendida como camino y proceso hacia la
comunión del Reino de Dios. Su modelo es la Encarnación
del Verbo, y su horizonte utópico la Trinidad.
Cada seis años, representantes de la Congregación
de todas partes del mundo se reúnen en lo que se llama
un ‘capítulo general’. La reflexión
continuada y la experiencia vivida llevaron a que el Capítulo
de 1994 definiera la meta de la misión de la Congregación
como comunión, comunión entre nosotros mismos, comunión
con las gentes de otras creencias y culturas y comunión
con los pobres y marginados. Buscamos la comunión a través
del diálogo. La meta última es la plenitud de la
comunión de todos en el amor de Dios. Los verbitas vemos
nuestro rol, en el mundo y en la Iglesia, como servidores de esa
comunión. En esto seguimos las huellas del Verbo de Dios
que se encarnó en un determinado pueblo y cultura para
entrar en comunión con nosotros. Sólo en esta comunión
podemos alcanzar la plenitud de la vida.
El 15to. Capítulo General del 2000 definió
el diálogo como “la comprendión más
profunda y adecuada” de nuestra vocación misionera.
Este diálogo se concretiza como diálogo profético,
como actitud de “solidaridad, respeto y amor” que
debe permear todas nuestras actividades. Diálogo que tiene
como interlocutores privilegiados a cuatro grupos de personas:
- personas ajenas a toda comunidad de fe y/o que buscan la fe;
- los pobres y marginados;
- gente de otras culturas;
- gente de distintas tradiciones religiosas e ideologías
seculares.
Limitados como estamos por nuestros puntos de vista personales
y culturales, ninguno de nosotros ha alcanzado la verdad total
que sólo Dios posee y que nos ha sido revelada en Cristo.
Juntos y en diálogo buscamos esa verdad.
El diálogo presupone dos cosas: En el plano
subjetivo presupone que respeto a la otra persona como suejto
autónomo y libre, como a mí mismo. Desde esta perspectiva,
el diálogo es la actitud básica de escucha respetuosa
de los otros y de apertura a comunicarnos nosotros mismos a los
demás. En el plano objetivo, presupone que cada persona
y cada comunidad humana tiene alguna experiencia valiosa del sentido
último de la vida, que pueden compartir con otros. Si por
mi parte estoy convencido de que puedo compartir con otros mi
fe o mi experiencia del sentido último de la vida en Dios,
debo estar preparado para escuchar también a mi vez a esos
otros. La Verdad última será siempre mayor que mi
propia experiencia y conocimiento. Y ninguna institución
o persona, puede decir que posee toda la verdad.
En un mundo único, pero desgarrado y dividido,
creemos que tenemos un mensaje que compartir y un proyecto que
proponer. El mensaje es el del Amor de Dios a toda la humanidad,
que debe contagiarse y reflejarse en todos sus hijos e hijas.
El proyecto que proponemos es la comunión de todos, con
el debido respeto de las diferencias que a todos nos enriquecen…
Ningún concierto se basa en una sola nota. Una sinfonía
se construye sobre la relación armónica entre muchas
notas e instrumentos diversos… ¿Alguien quiere integrarse
a la orquesta?
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