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VATICANO - "La procesión del Corpus Christi responde de modo simbólico al mandato del Resucitado: Yo os precedo en Galilea. Id hasta los confines del mundo, llevad el Evangelio al mundo" afirma el Papa durante la Misa celebrada en la Catedral de San Juan de Letrán

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - "La procesión del Jueves Santo acompaña a Jesús en su soledad, hacia el "vía crucis". La procesión del Corpus Christi, por el contrario, responde de modo simbólico al mandato del Resucitado: Yo os precedo en Galilea. Id hasta los confines del mundo, llevad el Evangelio al mundo". Lo ha afirmado el Santo Padre Benedicto XVI durante la homilía de la Misa celebrada anoche, 26 de mayo, en la Basílica de San Juan de Letrán, en la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. El Papa ha presidido después la Procesión Eucarística que, recorriendo la calle Merulana, ha llegado hasta la Basílica de Santa Maria la Mayor.
" En la fiesta del Corpus Christi, la Iglesia revive el misterio del Jueves Santo a la luz de la Resurrección" ha dicho el Papa en la homilía. "En la procesión del Jueves Santo, la Iglesia acompaña a Jesús al monte de los Olivos: la Iglesia orante siente el vivo deseo de velar con Jesús, de no dejarle solo en la noche del mundo, en la noche de la traición, en la noche de la indiferencia de muchos. En la fiesta del Corpus Christi, reanudamos esta procesión, pero con la alegría de la Resurrección. El Señor ha resucitado y nos precede". El Santo Padre ha subrayado después que " Jesús nos precede ante el Padre, sube a la altura de Dios y nos invita a seguirle", por lo tanto, "la verdadera meta de nuestro camino es la comunión con Dios - Dios mismo es la casa de las muchas moradas -. Pero podemos subir solamente a esta morada yendo "hacia Galilea" - andando por los caminos del mundo, llevando el Evangelio a todas las naciones, llevando el don de su amor a los hombres de todos los tiempos. Por ello, el camino de los apóstoles se ha extendido hasta los "confines de la tierra”; así San Pedro y San Pablo fueron hasta Roma, ciudad que era entonces el centro del mundo conocido, verdadero "caput mundi".
El Papa ha continuado: en el sacramento de la Eucaristía "el Señor siempre está en camino hacia el mundo", como se muestra bien en la procesión, que "quiere ser una grande y pública bendición para esta ciudad nuestra: Cristo es, en persona, la bendición divina para el mundo, ¡qué el rayo de su bendición se extienda sobre todos nosotros! ". Acompañando al Cristo Resucitado en su camino hacia todo el mundo también respondemos a su mandato: "Tomad y comed.... Bebed todos". "Comer este pan es comunicar, es entrar en comunión con la persona del Señor vivo. Esta comunión, este acto de 'comer', es realmente un encuentro entre dos personas, es un dejarse penetrar de la vida de Aquel que es el Señor, de Aquel que es mi Creador y Redentor. El objetivo de esta comunión es la asimilación de mi vida a la suya, mi transformación y conformación a El que es Amor vivo. Por tanto, esta comunión implica la adoración, implica la voluntad de seguir a Cristo, de seguir a Aquel que nos precede. Adoración y procesión forman por ello parte de un único gesto de comunión; responden a su mandato: “Tomad y comed”.
Por último el Santo Padre ha recordado que la procesión eucarística concluye delante de la Basílica de Santa La Maria Mayor, en el encuentro con la Virgen, "llamada por el querido Papa Juan Pablo II 'Mujer eucarística' ": “Pedimos a Nuestra Santa Madre, para que nos ayude a abrir, cada vez más, todo nuestro ser a la presencia de Cristo; para que nos ayude a seguirlo fielmente, día tras día, en el camino de nuestra vida." (S.L) (Agencia Fides 27/5/2005, Líneas:41 Palabras: 654)

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Texto completo de la homilía del Santo Padre, en italiano
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