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ESPECIAL - AFRICA/CAMERUN - Año de la Eucaristía - "La Eucaristía es esencial en la vida del misionero, es ir a la fuente para llenarnos de lo que queremos dar a los otros": testimonio de suor María Garríz, misionera en el Congo y Camerún

Roma (Agencia Fides) - "La Eucaristía es fundamental, esencial en la vida del misionero. Para nosotros es el momento más importante, es como ir a la fuente para llenarnos de lo que se quiere dar a los otros: la Palabra que invita al perdón y a la conversión, pero sobre todo el Pan compartido." Es el testimonio concedido a la Agencia Fides por Sor Maria Garriz, española, de las hermanas Dominicas Misioneras del Rosario, misionera durante muchos años en África: en Camerún y en la República Democrática del Congo.
"En la Eucaristía Jesús se da, para que nos demos y compartamos no sólo lo que tenemos, sino lo que somos - continúa la religiosa -. La misión nace en la Eucaristía, porque en la Palabra se nos recuerda que somos los enviados del Señor y en la Eucaristía celebramos las alegrías y los sufrimientos de la vida. Es el centro de mi vida, porque fortifica mi espíritu misionero, mi deseo de dar a conocer la Buena Nueva del Reino a los hermanos."
En la República Democrática del Congo Sor Maria ha trabajado en el campo de la educación, en una escuela elemental para minusválidos físicos, en Camerún, por el contrario, se ha ocupado de la promoción de la mujer, además de colaborar en los diversos ámbitos de la pastoral. Al principio recuerda que "una de las mayores dificultades fue aprender la lengua, aunque más tarde me di cuenta que el lenguaje más importantes es el de nuestra actitud y el dictado por el amor, lenguajes universales que todos entienden". Otra dificultad con la que se ha estrellado en su vida en tierra africana fue el descubrimiento de la existencia de una cultura poligámica, "en la que el hombre detenta el poder mientras la mujer debe trabajar del alba al ocaso para dar de comer a sus hijos, como si fueran solamente suyos y no del marido."
"En esta mi experiencia misionera - subraya Sor Maria -, el éxito más grande ha sido constatar como la educación desarrolla los valores, libera a la persona, da más confianza en si mismo. Tuve una gran alegría cuando vi que nuestras alumnas mostraban mucho interés y muchos deseos de aprender, y sobre todo cuando las vi llevar a la práctica lo que aprendían. También una vez casadas, se mostraron más alegres y sobre todo más conscientes de su dignidad de persona."
Respecto a la actitud con que las personas que ha encontrado durante su experiencia misionera, se acercaban al Misterio Eucarístico y expresaban su devoción por el Santísimo Sacramento, Sor Maria explica: "Quizás sea demasiado audaz decir que tienen fe en este misterio, sin embargo comprenden muy bien el sentido de la solidaridad, de la división, de la escucha.... Por este motivo, no se cansan durante las Celebraciones Eucarísticas, aunque duren tres horas, sino que las viven con alegría porque participan muy activamente. La mayor parte de las celebraciones termina con el bukari o el couscous, alimento que toman ordinariamente, y si no ha sido posible prepararlo, comparten aunque sólo se algunos cacahuetes.... Unen de este modo el Misterio celebrado, la participación en la mesa de la Palabra y de la Eucarística, con el compartir la mesa cotidiana de la vida. La dificultad más grande que he encontrado para conducir estos pueblos a la comprensión del Misterio Eucarístico, es la incoherencia que advierten: celebramos la acción de gracias al Padre por el don del Hijo, y después permanecemos cerrados y refractarios a las necesidades de los otros. En otras palabras, no sabemos ser buenos samaritanos, vigilantes y atentos a las necesidades del hermano". (R.Z) (Agencia Fides 25/5/2005, Líneas: 43 Palabras: 641)

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