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AFRICA/COSTA DE MARFIL - EL CARDENAL GANTIN: "ME HE TRASLADADO HASTA COSTA DE MARFIL PARA DECIRLES, JUNTO CON EL PAPA, QUE NO ESTÁN SOLOS"

Cotonou (Agencia Fides)- "He venido a Costa de Marfil movido por un fuerte sentimiento de solidaridad hacia esta población que sufre desde hace 5 meses". Con estas palabras describe S. Em. Revma. el Cardenal Bernardin Gantin, contactado por teléfono por la Agencia Fides en Cotonou, capital de Benin, la razón de su visita a Costa de Marfil, envuelta desde el pasado septiembre en una sangrienta guerra civil. No obstante los acuerdos alcanzados en Francia a finales de enero que preveían la formación de un gobierno de unidad nacional, la situación no está todavía estabilizada y la guerra puede estallar de nuevo de un momento a otros. No pasa un día en el cual no lleguen aéreos franceses, italianos y de tantos países para repatriar a los propios connacionales, pero los misioneros no abandonan.
El Card. Gantin efectuó una visita a la vecina Costa de Marfil del 18 al 21 de febrero y la Agencia Fides le ha dirigido algunas preguntas sobre la razón de su visita a este atormentado país africano.

¿Con qué espíritu se trasladó a Costa de Marfil?
Con el espíritu del que ama al prójimo tal como nos manda Nuestro Señor. Esto significa amar a aquellos que son vecinos y que están sufriendo. Con Costa de Marfil existen lazos de unión muy profundos: históricos, culturales, económicos y espirituales. Estos últimos, en particular, derivan por parte de los sacerdotes de Benin y de Costa de Marfil, del hecho de haber frecuentado juntos el Seminario Mayor de Aniana a 30 Km. de Abidjan, que he tenido el placer de volver a visitar durante mi estancia en Costa de Marfil.
Con mi visita he querido por tanto, ofrecer un testimonio humilde y al mismo tiempo concreto a nuestros Hermanos de aquel país. Las palabras solas no bastan; el acercarse al que sufre, aún cuando nos sintamos impotentes ante la enormidad del mal, es un deber que nosotros cristianos estamos llamados a realizar. Lo importante es estar allí. El Señor nos preguntará: "¿dónde estuviste cuando yo sufría?"
¿Cómo ha sido acogida su visita?
He recibido una acogida muy calurosa de los hermanos de aquel país. Como ya he indicado antes, tengo muchos amigos sacerdotes con los que coincidí en el Seminario Mayor de Aniana. Estos lazos profundos se han estrechado más ante esta guerra. La gente participó con viva emoción en la misa en la Catedral de Abidjan, celebrada junto a Su Em. el Cardenal Bernard Agré, Arzobispo de Abidjan. Durante la celebración llevé el aliento del Papa que tanto ama a África y he querido transmitir este fuerte impulso de compasión que proviene del Santo Padre, para decir a los marfileños que nos están solos: toda la Iglesia universal reza para que la paz vuelva a este vuestro maravilloso país. Por esto, en mi homilía recordé a los misioneros que continúan dando testimonio del Evangelio permaneciendo en Costa de Marfil, habiendo tenido la posibilidad de irse. No pasa un día en que no lleguen aéreos franceses, italianos y de tantos países para repatriar a los propios connacionales, pero los misioneros no se van. Debemos estar todos agradecidos a estas personas que sirven a la Iglesia en el silencio, con humildad pero con el fervor de una fe profunda.
¿Por qué continúan llegando de Africa sólo noticias malas? ¿Cuál puede ser la esperanza?
Aquí, más que en otros contextos, la sed de dinero y de poder por parte de los hombres políticos y de especuladores sin escrúpulos han abierto el camino para que las estructuras del Estado, abandonadas por los colonizadores, sean extremadamente débiles. No existen reglas ciertas para castigar a quien usa la violencia para imponerse a los más débiles, y aún cuando las hubiese, el Estado no está en condiciones de hacerlas respetar. La esperanza deriva de aquello que se está sembrando hoy. Visitando el Seminario Mayor y viendo cuantos jóvenes se están preparando para servir en el futuro, hice esta consideración: cuanto bien espiritual para Africa puede nacer de lugares como este. Allí he podido tocar con la mano la fraternidad extraordinaria que existe en la Iglesia y que debería ser un ejemplo para otras instituciones. (L.M.) (Agencia Fides 24/2/2003 Lines: 42 Words: 715)

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