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Perugia (Agencia Fides) - "Dios se hace presente en los
padecimientos del hombre, en su sufrimiento. Es Dios mismo quien
es perseguido y matado en la figura de cada inocente sacrificado":
Lo dijo a la Agencia Fides S.E. Mons. Giuseppe Chiaretti, Arzobispo
de Perugia y responsable del Secretariado Cei para el ecumenismo
y el diálogo, comentando la Jornada de la Memoria del Holocausto,
que se celebra hoy en Italia.
"Hoy hacemos memoria de la Shoa, es decir, del hecho de que
seis millones de personas fueron matadas por la barbarie nazista
- dijo el Arzobispo - pero recordamos también a todas aquellas
personas, entre los cuales muchos cristianos, que han salvado
a mucho judíos de una muerte certera, hoy honrados con
la calificación de justos". "Recordando la Shoa,
siguiendo la reflexión de Elie Wiesel, nos preguntarnos:
¿ Dónde estaba Dios en ese momento? ¿Por
qué ha permitido el estrago de tantos inocentes? Es una
reflexión que surge delante de tantos otros estragos que
siguen sucediendo también en nuestro tiempo, y que hacen
surgir siempre la misma pregunta: ¿por qué este
aparente silencio de Dios? Nosotros los creyentes en Cristo tenemos
una respuesta: Dios se hace presente en el padecimiento del hombre,
en su sufrimiento. Es Dios mismo quien es perseguido y muerto
en la figura de cada inocente sacrificado. Una lectura que recupera
la visión teológica del Deus patiens. En la Shoa,
como hoy en cada matanza es Dios mismo quien es matado. En el
momento en que no se respeta al hombre, en cuanto persona a imagen
de Dios, en el momento en que se desprecia su humanidad y su dignidad,
se está ofendiendo atrozmente el misterio de Dios".
El Arzobispo ha recordado que "todavía hoy el pueblo
judío está llamado a un testimonio de fidelidad
a Dios. Querría recordar el mensaje de uno de los últimos
judíos matados en el gueto de Varsovia, el "Canto
del pueblo judío masacrado", compuesto por Jizchaq
Katzenelson (las hojas se encontraron en una botella, sepultadas
en el campo de concentración, en el momento de la liberación).
"O cielos, decidme, ¿por qué?", se preguntaba
en sus amargas reflexiones, "¿por qué acaecen
estas cosas? No entiendo, estoy tentado de rechazarte, pero sin
embargo permanezco fiel. No entiendo, pero creo en tu Palabra,
en tu fidelidad". Se puede decir que, a través del
sufrimiento del justo, el Señor obra una continua purificación".
¿Por qué recordar? "Recordar - añadió
Mons. Chiaretti - es absolutamente necesario. Recordar ayuda a
prevenir. Un pueblo que no recuerda está destinado a repetir
los errores que ha olvidado. Recordar es necesario, también
mirando a las situaciones dramáticas de hoy: la humanidad
está siempre al borde de un precipicio, es capaz de repetir
estos dramas".
"Hacer memoria -además- es útil al dialogo
entre católicos y judíos porque, de esta manera,
nosotros los cristianos intentamos entender el significado religioso
de este sufrimiento inaudito, nos acercamos a este misterio de
la persecución de los justos, en el cual existe un proyecto
de Dios, que no comprendemos pero al cual sentimos que debemos
participar por solidaridad humana y por fe. En el sufrimiento
hay siempre una Palabra de Dios, dura, difícil, la misma
Palabra delante de la cual los grandes profetas se atormentaban.
Para un cristiano los judíos son la raíz, la Revelación
hecha al pueblo judío es Revelación también
para nosotros: por tanto también esta Palabra del sufrimiento
es una Palabra que se refiere a nosotros los cristianos. La memoria
ablanda el ánimo y ayuda el proceso de reconciliación,
ya en curso, entre católicos y judíos".
Mons. Chiaretti dijo que, "Si el genocidio de los judíos
apuntaba a la eliminación de una cultura, mentalidad, tradición,
en otros casos, era hacia personas de etnia Rom, discapacitados
físicos, homosexuales, existía la idea de una limpieza
étnica basada en el desprecio de la dignidad del hombre,
en la exaltación arrogante de algunos, en perjuicio de
otros. Una tragedia que acontece cuando se absolutizan determinadas
ideologías, que atropellan al hombre frágil, débil,
para crear una civilización de perfectos".
"De esta Jornada - concluyó el Arzobispo - se saca
una enorme lección de civilización: aprender a respetar
a los otros, a mirar a la persona diferente con profunda humanidad,
aprender a relacionarse con todos, no obstante las diversidades
físicas, étnicas, culturales o religiosas. Aprender
a vivir solidariamente, ofreciendo parte de nosotros mismos. Esta
Jornada nos enseña a instaurar en este mundo relaciones
Trinitarias, basadas en el amor y la misericordia". (PA)
(Agencia Fides 27/1/2003)
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