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El Arzobispo Michael Courtney se sacrificó
por el pueblo de Burundi, donde el Papa le había enviado
como apóstol de paz
De la homilía pronunciad por el Cardenal Angelo Sodano,
Secretario de Estado, durante la Misa celebrada en San Pedro, en
sufragio del Arzobispo Aidan Coutney, Nuncio Apostólico en
Burundi asesinado el 29 de diciembre del 2003
“Nuestro querido nuncio apostólico nos enseñó
este arte del vivir cristiano. Hijo de la noble tierra irlandesa,
por los caminos del mundo dio el testimonio de su fe inquebrantable.
Siguiendo el ejemplo de Cristo, buen Pastor, se sacrificó
por el pueblo de Burundi, al que el Papa lo había enviado
como apóstol de paz. En todos los lugares de aquel atormentado
país, monseñor Michael hizo resonar las palabras que
el Papa había pronunciado con gran fuerza en su histórico
viaje a Burundi en septiembre de 1990: "¡Paz, paz! ¡Perdón
y amor!". Y el nuncio apostólico siempre dio ejemplo
de amor a esas queridas poblaciones”.
Recordando los trágicos sucesos del 29 de diciembre, cuando
una mano homicida atentó contra la vida del Nuncio apostólico
en Burundi (¡Una vez más Caín mató a
Abel!), el Card. Sodano recordó que “conmocionada por
ese trágico acontecimiento, la comunidad católica
de Burundi se congregó inmediatamente en oración,
a fin de implorar del Señor el premio de los justos para
quien había dado un luminoso testimonio de compromiso apostólico
en los tres años de servicio prestado en esa Nunciatura.
El funeral que tuvo lugar el pasado miércoles día
31 de diciembre en la catedral de Bujumbura manifestó de
una forma aún más elocuente la veneración con
que era considerado monseñor Michael en ese atormentado país”.
El mensaje de los Obispos de Burundi, que hicieron público
con ocasión de esa dolorosa circunstancia, recuerda el heroico
testimonio ofrecido por el Nuncio: "Día y noche, sin
descanso, monseñor Michael Courtney ayudó a los burundeses
a restablecer entre sí el entendimiento y la concordia mediante
el diálogo...No escatimó ningún esfuerzo para
fomentar la armonía entre todos los burundeses, sin excluir
a nadie. De ese modo, quiso mostrar que no existe otro camino para
salvar a nuestro país fuera del diálogo, de la concertación
y del rechazo definitivo del homicidio y de los asesinatos como
medio político”.
El Card. Sodano subrayó después que la muerte de Mons.
Courtney “no es más que un puente entre dos vidas,
la terrena y la celestial; no es más que un puente entre
las dos riberas de la existencia humana” y debe ser motivo
de reflexión: “Es una advertencia a considerar nuestra
vida como una misión que tenemos que cumplir, un camino que
debemos recorrer, siguiendo el itinerario que la Providencia nos
ha trazado, teniendo siempre ceñidos los lomos y en las manos
las lámparas encendidas”. (Agencia Fides 20/3/2004
Líneas: 34 Palabras: 458)
Padre Mario Mantovani,
Comboniano, muerto por un joven al que había bautizado
El P. Mario cayó ante los disparos de fusil en la vigilia
de la solemnidad de la Asunción de la Virgen, mientras pasaba
por Lobel, una localidad a cuarenta km de la misión de Kanawat,
junto al hermano Godfrey Kiruowa, ugandés. Los dos Combonianos
habían salido de Kanawat y se dirigían a Kapedo, para
administrar los sacramentos y celebrar la liturgia de la fiesta
de la Asunción, pero por el camino fueron asesinos por guerrilleros
karimojong. El coche en el que viajaban, que conducía el
hermano Godgrey, topó con una banda de guerrilleros Dototh
y una de guerrilleros Jie. El religioso ugandés, fue el primero
en recibir un disparo en la cabeza y posteriormente fue alcanzado
por otros dos proyectiles. El P. Mario cuando vio que no se podía
hacer nada por el hermano, salió del conche todavía
incólume y consiguió esconderse entre la hierba alta.
El asesino, temeroso de ser reconocido por el P. Mario, lo siguió
y lo mató sin piedad. Después le cogió los
zapatos y otros pequeños objetos personales y se los llevó
consigo. Precisamente gracias a estos objetos la policía
identificó al presunto asesino, que estuvo apunto de ser
linchado al principio por los fieles del P. Mario, dado que por
su larga permanencia en la región, era conocido y amado por
todos. El asesino era cristiano, y bautizado precisamente por el
P. Mantovi y había trabajado como mecánico en la misión.
El P. Mario pasó sus 46 años de misión en el
mismo territorio, en Uganda, amplio como una región italiana,
la más dura, la más áspera, la más peligrosa
entre las misiones de los Combonianos en el mundo. El P. Mantovani
no tenía ningún reparo en acercarse a los enfermos
de lepra. Entraba en sus tiendas, curaba sus heridas (sin guantes),
les llevaba algo de alimento, alguna manta, jabón, un poco
de tabaco, incluso fumaba con ellos, rompiendo así toda barrera
y se entretenía en hablar afablemente como si estuvieran
sanos.
Otro grupo predilecto del padre eran los ancianos. A veces sucedía
que cuando un anciano ya no se valía por si mismo, si el
clan se encontraba en un momento de carestía, era abandonado
solo en el desierto para morir. Las hienas serían su tumba.
El P. Mario creo una organización de cristianos que le avisaban
cuando algún anciano era abandonado. El se iba inmediatamente
y lo cogía, se lo llevaba a la misión y lo cuidaba
con amor. Estas cosas gustaban mucho a la gente y constituían
un testimonio fundamental en favor de los misioneros y de la religión
que predicaban.
“Durante años – escribió – estuve
en varias misiones donde nunca administré ni un bautismo
ni la primera comunión, porque los padres no sabían
nada y los chicos desde los 4 hasta los 15 años debían
cuidar las ovejas, cabras y vacas todos los días. Fueron
los años dolorosos de la siembra. Durante estos años,
intenté abrir pequeñas escuelas, pero permanecían
vacías. Después de 10 años, con la ayuda de
los catequistas, se invitó a los pastorcillos a venir por
la tarde a la misión para aprender el catecismo y después
comer un poco de polenta. Poco a poco, comenzaron a frecuentar la
misión. Después de 20 años había jóvenes
de 16-17 años que comenzaban frecuentar la primaría
elemental. Después de tres años de instrucción
recibían el bautismo y la primera comunión. Ahora
los jóvenes reciben la confirmación a los 18-20 años
de edad. Después ya no se van nunca. Muchas veces cuando
paso con el coche para visitar las capillas, me ven y corren a mi
encuentro para saludarme. Son todos mis hermanos que me encuentro
por las calles, en el campo, en la misión, en los pastos.
Y así la Iglesia crece y se consolida con los fieles y catequistas
y también con los sacerdotes, todos de esta tierra donde
parecía que tan solo crecían espinas, arena y piedras”.
(Agencia Fides 20/3/2004 Líneas: 41 Palabras: 661)
Hermano Anton Probst, Claretiano,
conocido con el sobrenombre africano de “Mbuta”, el
gran hermano
El Hermano Anton era muy activo y comprometido en su actividad misionera.
Vivió en la República Democrática del Congo
durante 23 años desde 1968 a 1991. Con su talento práctico
se ocupaba de todos los servicios técnicos: mecánica,
carpintería, fontanería etc... dejó también
una valiosa documentación de datos sobre la lluvia y el clima
que son muy importantes para el país.
Según recuerda el P. Kihunga Nzungu Zénon CMF, su
solicitud por integrarse en la población hizo que participase
en algunos ritos tradicionales de iniciación. Durante toda
su vida terrena llevó el brazalete de ramas en el que estaba
inscrito su nombre africano “Gamudondu” que significa
“pequeño árbol, que reina: cabeza de familia,
cabeza del poblado”. El hermano Anton era un misionero del
espíritu de Claret, atravesó montes, valles y explanadas
en búsqueda de almas congoleñas y por tanto, africanas.
Además no podemos dejar de mencionar sus cualidades como
religioso: estaba pronto al servicio y siempre disponible. Como
Maria, se distinguía por la humildad y la sencillez. Quería
siempre despertar en sus hermanos el gusto por la vida religiosa,
lo que explica el sobrenombre de “Mbuta” que significa
“gran hermanos, guía, confidente, iniciador de los
jóvenes hermanos”.
Amó África, trabajo por África, murió
en y por África. Le pedimos que interceda por nosotros para
que la sangre que ha derramado en tierra africana sea semilla de
nuevas vocaciones que se dediquen plenamente a Cristo y a la Iglesia
universal.
Los novicios de Akono, en Camerún, avisan: “Quien quiera
hablar del hermano Anton, se encontrará con una dificultad:
la de tener que describir a una personalidad muy compleja. De hecho,
todos los que han pasado por la comunidad de Claretianos de Akono
o que han entrado en contacto con los Claretianos, han oído
hablar al mentos una vez de “Mtuba” o el “Gran
Hermano” , pero ¿quién de los que han oído
hablar de el puede afirmar que ha podido comprender el misterio
de su personalidad? ¡esta es sin duda una pregunta difícil!
Nosotros novicios claretianos conocimos al hermano Anton el 20 de
septiembre del 2003 cuando nos acompañó a la parroquia
de Nkolbisson al noviciado de Akono. Lo que más nos impresionó
antes que nada fue su tranquilidad y su prudencia hasta sorprendernos
verdaderamente. Durante el tiempo que pasamos con el, nos quedaron
impresos algunos rasgos de su personalidad. El hermano Anton era
un trabajador incansable. Llegaba hasta el punto de suprimir todo
el tiempo de sueño previsto en la jornada. Todos los días
retomaba el mismo trabajo con la misma persistencia y con el mismo
animo, la misma diligencia y el mismo cuidado. Cuando tenia que
hablar a los estudiantes no comenzaba nunca si no estábamos
todos en la sala y a veces iba a llamar personalmente a los retrasados.
No era un hombre de desordenes especulativos sino un pedagogo práctico
y no sería equivocado decir que su conocimiento era enciclopédico.
Se ha ido un sabio; su muerte nos deja un gran dolor y un enorme
vacío”. (Agencia Fides 20/3/2004)
Sor Czeslawa Lorek: “¿Qué
puedo hacer por el Papa? ¿Cómo puedo ayudarlo? Ya
se, ¡iré a misiones!”
Sor Czeslawa Lorek, nació en 1938 en Binczyce Gorne, en Polonia,
en una familia donde se respiraba la sencillez de la vida cristiana.
Su párroco, el P. Stanislaw Pieprznikm fue su primer guía
religiosos, la siguió en su discernimiento vocacional y la
inició a la vida religiosa. Un día, durante la adoración
ante el Santísimo Sacramento, la joven sintió una
voz interior que le decía: “Hija, dame tu corazón”.
Después de aquella experiencia, todo se sucedió rápidamente.
Entró en la Congregación del Sagrado Corazón
(RSCJ) en 1960 y durante su primer periodo de formación se
preparó para trabajar con niños como catequistas y
como maestra de guardería. En 1978 participó en la
audiencia con el nuevo Papa recién elegido, Juan Pablo II.
Dentro de su corazón sintió de nuevo una voz que decía:
“¿Qué puedo hacer por el Papa? ¿Cómo
puedo ayudarlo?. Ya se, ¡iré a misiones!”.
En diciembre de 1978 pidió permiso a sus superioras para
ir a Zaire, ofreciendo esta razón: “Las palabras del
Papa han aumentado mi fe en la Providencia de Dios. Me pongo en
sus manos, que me han elegido, y me han llamado a seguirlo, y ahora
me invitan a ofrecer mi vida e ir a la tierra que me indique. Mi
único deseo es cumplir su voluntad y decir: ¡Heme aquí,
Señor, mándame! Soy pobre, no tengo dinero ni talentos,
pero quiero renunciar a todo para dar testimonio de que Dios es
amor. Yo he experimentado el amor de Jesús y me he visto
impulsada a dar testimonio del amor en la vida diaria. Quiero rezar
y agradecer al Señor porque ha hecho grandes cosas en mi.
Quiero hacer su voluntad para que se realice la Misión de
la Iglesia”.
En 1984 después de un largo periodo de preaparición,
partió para Zaire. Su propósito era el de hacer todo
lo posible por el Reino de Dios y ser un instrumento de su amor
y de su paz. La realidad de la vida en la nación en esa momento
estaba llena de retos. Sor Czeslawa trabajó con los niños,
con presos y con mujeres.
Después de la guerra fue trasladad a Kinshasa. En 1995 tuvo
un cáncer, pero después de la operación y la
convalecencia volvió a la misión. En el 2001 paso
el último periodo de vacaciones en su patria. El 11 de mayo
del 2003 fue agredida en la Iglesia en Kinshasa donde estaba trabajando.
Murió el 21 de mayo del 2003 poniendo su vida en manos de
Dios. Sus hermanas y quienes la conocieron la recuerdan como un
apersona que irradiaba el amor de Dios, serenidad, paz, sensible
y completamente dedicada a África. (Agencia Fides 20/3/2004)
Marko Makuec Shir, catequista
y mártir en Kutum (Sudan)
Entre los participantes del “Curso para traumas” organizado
por la parroquia de Nyala en febrero del 2003, estaba también
el joven catequista Marko Makuec Shir, padre de tres niños.
El curso explicaba como superar situaciones traumáticas,
muy comunes en Sudan después de casi 40 años de guerra.
Marko no sabía que seis meses más tarde sufriría
su propia experiencia traumática, herido de muerte con una
bala en Kutum, ciudad donde ejercía su ministerio desde 1998.
Kutum es un centro agradable y fértil, a cerca de 80 km al
norte de El Fasher, capital del estado, a una altitud de unos 800
m sobre el nivel del mar. La vida transcurre con tranquilidad en
la ciudad. Pero el 23 de abril del 2003 la situación cambio
de forma dramática. El Fasher fue atacada por un grupo de
rebeldes que cuando se retiraron con vehículos y medios blindados,
dejaron tras de si muerte y destrucción. Marko mandó
a su mujer e hijos a Jartum, mientras que él permanecía
en Kutum, para atender a una docena de familias cristianas y una
guarnición de 500 soldados, en su mayoría cristianos.
Durante el día atendía dos tiendas, situadas en una
calle del centro, uno llamado “kushuk” en lengua local,
y otro una cabina telefónica donde la gente se acercaba a
telefonear.
El viernes 12 de agosto del 2003, los rebeldes atacaron por sorpresa
la ciudad de Kutum y después de algunas horas de combate,
la tomaron. Cuando el rumor de la batalla se apagó, Marko
se acercó al hospital para visitar aun amigo que había
sido herido. Allí se encontró con un rebelde que le
pidió el carné de identidad. Mientras buscaba en el
bolsillo, llegó un segundo rebelde que, sospechando que fuese
un soldado, disparo de improviso y lo mató. Marko nunca había
sido un soldado, pero en su centro recibía a muchos soldados
para rezar. Quizá por esto, sospecharon que fuese uno de
ellos. Como un verdadero dinka, Marko no tuvo miedo de arriesgar
su propia vida por sus hermanos y por el evangelio. (Agencia Fides
20/3/2004)
Joe Castillo, asesinado después
de 5 años de compromiso misionero por la Pastoral social
y la defensa de los Derechos humanos.
Joe Castillo y su esposa Yelitza una vez terminados sus estudios
en las Universidades venezolanas y animados por el Proyecto de Misioneros
de Relevo, de las Obras Misionales Pontificias, salieron como misioneros
al Vicariato, donde desde el comienzo en 1.998. El Vicario Apostólico
Mons. Ramiro Díaz OMI, les solicitó se encargaran
de la oficina de Pastoral Social y Derechos Humanos, trabajo que
realizaron, aplicados y con mucho esmero; profesionales muy competentes,
pues el era abogado y ella es profesora. Pasaron 5 años de
arduo trabajo en dicha zona poniéndose en contacto con numerosas
situaciones allí presentes que iban desde la atención
a los pobres hasta la defensa de los derechos de los Pueblos Indígenas
Yukpa y Barí, que habitan dichas montañas. Así
mismo el conflicto colombiano tiene también sus repercusiones
sobre todo en los llamados desplazados de estos sitios.
Terminado su contrato misionero los esposos Castillo decidieron
irse a la ciudad de Mérida, para instalarse allá de
forma mas definitiva. Sin embargo fueron violentamente embestido
la tarde del 27 de agosto de 2.003, en la urbanización Tinaquillo,
de Machiques. La violencia que les fue aplicada no tiene igual en
la historia del Vicariato. El automóvil en el que viajaban
fue rodeado por un motorizado que descargo todo la carga sobre los
inermes laicos misioneros. Joe murió, la mujer y el hijo
fueron gravemente heridos. El Vicariato fue objeto de presiones
y amenazas posteriores que pretendieron atemorizar a los agentes
de Pastoral. (Agencia Fides 20/3/2004)
Annalena Tonelli, 35 años
en Africa: “comunicaba entusiasmo a todos”
“Cuando llegó por primera vez a África en 1969
parecía una jovencita, pues aparentaba menos de los 23 años
que tenía. Annalena vino a Kenia para enseñar el inglés
a los niños del distrito de Thomsfall, donde los Padres de
la Consolata se ocupaban de muchas escuelas locales. Estaba junto
con otras dos voluntarias que venían como ella de Forli,
parecían entusiastas de realizar esta experiencia misionera.
Entusiasmo: esto era lo que comunicaba a las persoans que la rodeaban.
Daban ganas de dejar el trabajo que uno hacía para ir a ayudarla
en la misión de Maralal, en la zona de las tribus y los Samburu”,
donde las religiosas dirigían una escuela con internado para
164 chicas, a las que proveían de todo lo necesario, desde
libros hasta vestidos.
En los años siguientes, Annalena volvió varias veces
para visitar las misiones de las Religiosas de la Consolata. A la
vez comprendió dentro de si que su misión estaba al
servicio de los nómadas enfermos de Tuberculosis. Así,
ella que era licenciada en derecho, comenzó a estudiar medicina,
se especializó en enfermedades tropicales en Italia y después
volvió de nuevo a África.
“Annalena era una mujer fuerte, alegre, no miraba nunca el
esfuerzo” recuerda Sor Orietta. “Tenia un gran espíritu
de sacrifico que la llevaba a compartir la pobreza de los hermanos
a los que dedicaba todas sus energías. Dormía siempre
sobre una estera, aunque en la habitación había una
cama a su disposición, pero su espíritu de sacrificio
era grande como su corazón”.
También Sor Floriana Lano, misionera de la Consolata en Mogadiscio
de 1970 a 1991, tiene la imagen viva de una Annalena ya madura,
no sólo como mujer, sino en su vocación de laica totalmente
entregada al pueblo somalí. “Cuando venía a
nosotras para hacer un retiro espiritual, nos contaba su trabajo
en el hospital de Wajir, donde era la responsable de un proyecto
de la Organización Mundial de Salud. Allí fue agredida
y golpeada y sufrió algunas heridas. Cuando fuimos la hospital
a verla era ella las que nos animaba a nosotras. Era una mujer que
no tenía miedo y no cedía nunca a chantajes. Se decía
que apenas curada volvería a trabajar. Su actividad la absorbía
completamente y sus energías parecían inagotables.
Era un ejemplo de dedicación incluso para nosotras religiosas”.
(Agencia Fides 20/3/2004) |