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Jornada Mundial de las Misiones 2003
2003: "perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de María, la madre de Jesús"

CONFERENCIA DE PRENSA DE PRESENTACIÓN DEL MENSAJE DEL SANTO PADRE PARA LA JORNADA MISIONERA MUNDIAL 2003, 21/02/2003

INTERVENCIÓN DEL EMMO. CARDENAL CRESCENZIO SEPE
INTERVENCIÓN DE S.E. MONS. ROBERT SARAH
INTERVENCIÓN DE S.E. MONS. PATABENDIGE DON ALBERT MALCOM RANJITH
INTERVENCIÓN DEL REVDO. PADRE MASSIMO CENCI, P.I.M.E.


A las 11.30 horas de esta mañana, en el Aula Juan Pablo II de la Sala de Prensa de la Santa Sede, tiene lugar la Conferencia de Prensa de presentación del Mensaje del Santo Padre para la Jornada Misionera Mundial 2003.

Participan en ella los siguientes miembros de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos:

Emmo. Cardenal Crescenzio Sepe, Prefecto de la Congregación,
S.E. Mons. Robert Sarah, Secretario,
S.E. Mons. Patabendige Don Albert Malcom Ranjith, Secretario Adjunto,
Revdo. Padre Massimo Cenci, Subsecretario.

Publicamos a continuación sus respectivas intervenciones:

INTERVENCIÓN DEL EMMO. CARDENAL CRESCENZIO SEPE

I - PREMISA

En nombre de todo el Dicasterio, que también representan aquí los Excmos. Mons. Robert Sarah, Secretario, Mons. Albert Malcom Ranjith, Secretario Adjunto, y el Revdo. Padre Massimo Cenci, Subsecretario, os saludo a todos, queridos representantes de los medios de difusión, y os doy las gracias por vuestra presencia.

Antes de presentaros brevemente el contenido del Mensaje de la próxima Jornada Misionera Mundial, que como sabéis, se celebrará el penúltimo domingo de octubre, deseo informaros de que, a partir de este año, el Santo Padre ha preferido anticipar la difusión del texto. Hasta el año pasado, de hecho, éste se publicaba durante la Solemnidad de Pentecostés; de ahora en adelante, su contenido se dará a conocer en la festividad del Bautismo del Señor. Esta anticipación tiene como finalidad consentir que las Diócesis de todo el mundo, las Conferencias Episcopales, nacionales e internacionales, las Familias Religiosas y los Institutos misioneros que obran por el mundo, dispongan del Mensaje del Papa, ya desde el mes de enero, para que puedan estudiarlo y asimilarlo en sus propias realidades, integrándolo armónicamente en el servicio pastoral que cada Organismo está llamado a prestar en su ámbito de competencia.

Con dicha iniciativa se pretende evitar que la Missio Ad Gentes sea vivida en términos de excepcionalidad o de singularidad. No se puede permitir, so pena la traición del Evangelio de Jesucristo, que la dimensión misionera se perciba como una especie de Cenicienta de la experiencia de fe, o de la práctica pastoral de los obispos y de los sacerdotes. La Misión representa, en realidad, una parte crucial del itinerario de cualquier comunidad cristiana: "La Iglesia es misionera por su propia naturaleza ya que el mandato de Cristo no es algo contingente y externo, sino que alcanza al corazón mismo de la Iglesia. Por esto, toda la Iglesia y cada Iglesia es enviada a las gentes." (RM 62).

De hecho, el mandato misionero fue la preocupación de Jesús antes de su definitivo regreso al Padre. En Galilea, durante su encuentro final con los Apóstoles, tras la Resurrección, Cristo ordenó: "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado" (Mt 28, 19-20).
Es éste el testamento que el Señor entregó a la Iglesia y que la Iglesia ha vivido durante los dos mil años de su historia.

De esta manera, en obediencia al Señor Jesús y llevados por el Espíritu Paráclito, los primeros discípulos del Señor emprendieron las sendas de la Misión en todas las direcciones del mundo conocido. Durante estos veinte siglos, una multitud de mártires ha permanecido fiel a la Buena Nueva en los momentos de prueba, recordando las palabras del apóstol de las Gentes al discípulo Timoteo: "No te avergüences , pues, ni del testimonio que has de dar de nuestro Señor, ni de mí, su prisionero; sino, al contrario, soporta conmigo los sufrimientos por el Evangelio, ayudado por la fuerza de Dios" (2 Tm 1,8).

Y hoy, a principios del siglo XXI, la Iglesia católica se pone de nuevo en marcha, confiada, para recorrer un nuevo tramo de camino al encuentro del mundo, porque ese camino es todavía largo y las sendas que recorrer están llenas de dificultades. Se trata de un recorrido cargado de misterio, pero fascinante; insidioso, pero seguro, porque nos acompaña María Santísima, Estrella de la evangelización.

II - CONTENIDO DEL MENSAJE

Este Año, la Jornada Misionera Mundial, que cae en domingo, 19 de octubre de 2003, coincidirá con la celebración del XXV aniversario de Pontificado del Papa Juan Pablo II, con la Beatificación de la Madre Teresa de Calcuta y con la clausura del Año del Rosario.

Desde esa perspectiva, el Santo padre ha querido indicar la "Oración del Rosario" como tema de reflexión para la Jornada Misionera Mundial. La propuesta se integra, pues, en el itinerario que el Papa ha elegido para vivir la devoción del Rosario: "un año que vivir bajo la mirada de Aquélla que, según el arcano designio divino, con su 'Sí', hizo posible la salvación de la humanidad".

La Jornada Misionera Mundial podrá imprimir un impulso aún más generoso a este empeño de oración de la comunidad eclesial.

Los objetivos indicados en el Mensaje del Papa son tres: "Una Iglesia más contemplativa", "Una Iglesia más santa", y "una Iglesia más misionera", acompañada siempre por la Santísima Virgen, Estrella de la nueva evangelización, aurora luminosa y guía segura de nuestro camino (Mensaje, n.1).

1. Contemplación. Decir cotidianamente el Rosario abre y hace accesibles las sendas de la Misión a los heraldos del Evangelio. El Rosario, en realidad, no es más que un peregrinaje por los caminos de la salvación, que se hace con María Santísima, para contemplar, con sus ojos de creyente, el auténtico rostro de Cristo. María se ofrece como misionera y se convierte en "narradora" del Evangelio de Jesucristo, a partir de la singular experiencia de Dios que ha tenido la aventura de vivir, como mujer de fe y como Madre de Dios.
2. Santidad. María Santísima representa un auténtico "modelo" de fe. En ella, no sólo han encontrado un eco extraordinario las palabras de Evangelio, sino que ella misma se ha convertido, por vocación, en el auténtico tabernáculo de Dios. Viviendo a su lado, y contemplando los misterios de la salvación, la Iglesia se hace santa. Santidad y misión -dice el Papa- constituyen un binomio inseparable de la vocación de todos los bautizados. Contemplando los misterios del Rosario -que reconstruyen el recorrido del plan de salvación- el misionero recibe estímulo para seguir a Cristo y para compartir su vida. Análogamente al misterio de la encarnación vivido en María, Cristo se hace, en cada creyente, "carne de su carne", hasta el punto de llevar a decir al apóstol Pablo: "Y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí" (Ga 2,20).

3. Misionariedad. María, en fin, hace que la Iglesia sea más misionera. Es ella quien dice a los siervos: "Haced lo que él os diga" (Jn 2,5). Es ella quien hace actuar a Jesús y da impulso al paso de los misioneros. Pero es también ella quien, con su presencia en el Cenáculo, prepara a los apóstoles para el evento de Pentecostés y apresura la "partida". Ella estimula y acompaña, no sólo a los misioneros, sino a toda la comunidad cristiana, para que vayan y transmitan el Evangelio. La fe, o se transmite, o se apaga. Y, hoy más que nunca, nuestras comunidades cristianas tienen la necesidad de "narrar-testimoniar" la fe.

III - ¿QUÁL ES HOY LA REALIDAD DE LA IGLESIA EN "MISIÓN"?

Dejando para mis colaboradores la presentación de la vida de la Iglesia en los continentes donde se desarrolla la actividad misionera, deseo presentaros algunos datos numéricos que, sin pretender puedan expresar todo el empeño y el fervor de los obreros del Evangelio, ayudan a intuir la orientación de la difusión del Evangelio en el mundo. Estos datos conciernen, específicamente, al mundo de la Missio Ad Gentes.

DATOS DE PROPAGANDA FIDES

Circunscripciones confiadas al Dicasterio misionero. Al 31 de diciembre de 2002, el total de las Circunscripciones eclesiásticas (Archidiócesis, Diócesis, Vicariatos Apostólicos, Prefecturas Apostólicas, Missio Sui Iuris, Administraciones Apostólicas, Ordinariados Militares, Abadiados Territoriales) que dependían de Propaganda Fides eran 1.075, casi el 39% de todas las circunscripciones eclesiásticas de la Iglesia católica en el mundo. De ellas, 478 se encuentran en África; 85 en América; 453 en Asia; 14 en Europa y 56 en Oceanía. Las Archidiócesis son 177; las Diócesis, 755; los Vicariatos Apostólicos, 74; las Prefecturas Apostólicas, 45; las Missio Sui Iuris, 11; las Administraciones Apostólicas, 6; los Ordinarios Militares, 6 y los Abadiados Territoriales, 1.

Personal Apostólico. Al servicio de la Missio Ad Gentes trabajan alrededor de 85.000 sacerdotes, 52.000 de los cuales pertenecen al clero diocesano, y los otros 33.000 son religiosos.

En cuanto a la distribución territorial, 27.000 obran en África; 44.000 en Asia; 6.000 en América; 5.000 en Oceanía, y 3.000 en Europa. Su actividad misionera recibe, además, el apoyo de 28.000 religiosos no sacerdotes, 450.000 monjas y 1.650.000 catequistas.

Seminarios mayores y menores. Propaganda Fides sigue, además, en sus propios territorios, la formación espiritual y académica de 280 Seminarios Mayores Interdiocesanos y de 110 Seminarios Menores, por un total de 65.000 seminaristas mayores y 85.000 menores, a los que asegura también un subsidio económico.

Otro dato se refiere a las ordenaciones sacerdotales, que durante la última década han resultado ser alrededor de 1.900 al año.

Actividades socio-asistenciales. Es preciso recordar, en fin, y para mayor información, el empeño en la construcción de innumerables iglesias-capillas (destinadas principalmente a las pequeñas comunidades esparcidas en áreas rurales), al que habría que añadir las actividades educativas (cerca de 42.000 escuelas), las actividades sanitarias (1.600 hospitales, más de 6.000 dispensarios y 780 leproserías), y las actividades caritativas y sociales (12.000 iniciativas).

Actividades en Roma. A este inmenso campo de laboriosidad misionera van unidas algunas instituciones e iniciativas de la Congregación en Roma:

La Pontificia Universidad Urbaniana (única universidad exclusivamente misionera del mundo, con cerca de 1.300 alumnos y 110 docentes);

El Pontificio Colegio San Pedro y el Pontificio Colegio Internacional San Pablo (dos institutos para sacerdotes procedentes de Países de Misión, en el que cursan estudios superiores 340 alumnos);

El Pontificio Colegio Urbano para seminaristas (140 alumnos);

El Foyer Pablo VI para la formación de las religiosas (80 religiosas);

El Colegio Mater Ecclesiae de Castelgandolfo, para la formación de catequistas (90 laicos);

El Centro Internacional de Animación Misionera (C.I.A.M.) para la Missio Ad Gentes.

Pero el dato más importante y significativo es el relativo al número de misioneros (obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos) que han dado testimonio, aun con sus vidas, de su fidelidad a Cristo y a la Iglesia. Según las estadísticas, el número de ellos alcanza, en los últimos diez años, alrededor de un millar; cifra ésta seguramente en defecto, puesto que se refiere sólo a algunos países y a los casos demostrados de los que se ha tenido noticia.

IV - CONCLUSIÓN

Como podéis constatar, nos quedan por delante obras en fermento; estrategias y programas misioneros. Los desafíos al Evangelio son aún muchos y distintos. Queda mucha cosecha y se precisan trabajadores acérrimos y generosos, dispuestos a partir. Precisamente porque el trabajo es tanto, invitamos a los misioneros/as a que junten las manos, fijen la mirada en María y recen el Rosario. El secreto de la Misión pasa también por esto.

En el inmenso mar abierto de la Misión, la Iglesia iza las velas, impulsada por la fuerza del Espíritu Santo y guiada por la Madre del Salvador, Estrella de la Evangelización.

INTERVENCIÓN DE S.E. MONS. ROBERT SARAH

África y Oceanía: nuevas patrias de Cristo

África

El anuncio del Evangelio en África, se encuentra hoy con graves situaciones de indigencia y con bolsas de verdadera miseria. Debe, además, confrontarse con dificultades socio-políticas no menos complicadas. De hecho, las guerras fraticidas y la violencia gratuita destruyen las familias y diezman las poblaciones, destruyendo, como huracanes, las riquezas materiales y culturales de los pueblos.

Ahora bien, visto que la evangelización significa proponer el mensaje de salvación de Jesucristo a las poblaciones que no lo conocen, resulta indispensable aplicar la Buena Nueva a la vida concreta, teniendo en cuenta las condiciones sociales, culturales, económicas, políticas y religiosas en las que cada persona y cada familia viven.

¿Cómo se podría anunciar coherentemente a Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, en el inmenso continente africano, si nos olvidáramos de que es una de las tierras más pobres del mundo? ¿Cómo no considerar -evangelizándola y dándole un sentido- la historia de humillaciones, de violencia y de esclavitud vivida por tantos grupos humanos? ¿Cómo evangelizar a pueblos que continúan luchando todavía contra el problema del hambre, de la guerra, de las tensiones sociales y tribales; que viven la inestabilidad política como situación de normalidad, que experimentan a diario los abusos y las violaciones de los derechos humanos? Todo ello constituye un reto para la evangelización.

Existe, además, el desafío de evangelizar un continente que, a nivel de las nuevas políticas económicas mundiales, ha sido marginado y se ha convertido en un auténtico apéndice, sin ninguna importancia. En un mundo controlado por las naciones ricas, potentes e insensibles a dificultades de los demás, África es un continente cada vez menos importante, y por tanto, un continente maltratado, olvidado y abandonado. Recordando las recientes palabras del Papa Juan Pablo II sobre África, el continente africano podría compararse al hombre evangélico que mientras bajaba de Jerusalén a Jericó cayó en manos de unos salteadores...Lo despojaron , lo golpearon y se fueron dejándole medio muerto (Cfr. Lc 10,30-37). Otro reto para la evangelización en África lo representa el encuentro entre el mensaje evangélico y la cultura, o mejor aún, las diferentes culturas africanas, y las Religiones Tradicionales Africanas.

Estoy convencido de que los temas a los que me he referido constituyen un auténtico desafío para el anuncio del Evangelio. Y sin embargo, pese a esta situación de extrema miseria y sufrimiento, hay que reconocer que África sigue estando abierta al Evangelio y a esos valores y tradiciones religiosas que colocan a Dios al centro de la vida del hombre y del mundo.

La misión en África ha conocido un progreso casi milagroso: de los dos millones de fieles que se calculaban en el 1900, la población cristiana ha pasado a ser actualmente de casi 110 millones, es decir, el 15% de la población africana. Este progreso se manifiesta igualmente en el ámbito de las vocaciones sacerdotales y religiosas. Y no es menos significativa la contribución, en términos de empeño y abnegación, que aseguran los fieles laicos, sobre todo, los catequistas.

Oceanía

Si bien con una especificidad y matices diferentes, Oceanía comparte con África las mismas dificultades socio-políticas y la misma pobreza.

Pese a todo, Oceanía -el continente navegante- registra numerosos progresos en su empeño de anuncio misionero. De los 26 millones de habitantes que constituyen su población, 7 millones son católicos, es decir, el 26% del total.

Inculturación

En Oceanía, como en África, y como en tantas otras partes del mundo, la inculturación, la radicación y la apropiación del mensaje evangélico constituyen, actualmente, la principal obra misionera. La inculturación del Evangelio representa una auténtica prioridad pastoral. ¿Pero de qué se trata exactamente? No hay que presentar la inculturación del mensaje evangélico y bíblico como una aspiración puramente humana, o una reivindicación dirigida a legitimar una africanización, en vez de una occidentalización, del Cristianismo.

La inculturación no es, ni una canonización, ni una coronación de la cultura, con el riesgo de radicalizarla , sino la epifanía y la irrupción del Señor en el corazón de un pueblo y de una cultura. A través de ella, Dios mueve la cultura desde su interior y la purifica. De esa manera, el Evangelio transforma las tradiciones de un pueblo y de una cultura, ofreciendo nuevos puntos de referencia. Cuando el Evangelio entra en la vida, la estimula; le ofrece una nueva orientación y nuevos puntos de referencia morales y éticos.

Por lo tanto, la inculturación de la fe cristiana es un desafío de santidad, puesto que permite verificar el grado de santidad, el grado de penetración evangélica y de fe en Jesucristo, de una comunidad cristiana.

INTERVENCIÓN DE S.E. MONS. PATABENDIGE DON ALBERT MALCOM RANJITH

La situación en Asia

Asia es el continente donde viven casi las dos terceras partes de la población mundial. La comunidad cristiana en este continente es verdaderamente ínfima, no alcanza el 3% del total. La Iglesia en Asia existe en situación de mayoría únicamente en Filipinas y en Timor Oriental. En algunos países la mayoría religiosa está constituida por musulmanes; en otros, por budistas; y en otros, como India y Nepal, por hinduistas.

En los países del Asia oriental contamos con pequeñas comunidades católicas que conviven con los confucianos, los taoístas y los sintoístas. Tenemos, además, las nuevas realidades de primera evangelización, como Mongolia, países de Asia Central como Kazajstán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán, o también Afganistán. Debemos dar gracias al Señor por el don de la fe, que desde los tiempos de los primeros misioneros, como San Tomás, tantos misioneros, conocidos o no, han llevado a este vasto continente, con sacrificio heroico, a lo largo de una historia de casi 2000 años. Los mártires a causa del Evangelio han sido muchos, pero en esta larga historia encontramos páginas hermosas, no sólo de martirio, sino también de contribución social y cultural, que los misioneros han ofrecido para el progreso humano, cultural y educativo de este continente. En muchos países, la Iglesia está ya bien establecida en estructuras adecuadas y casi completamente indigenizada. La Federación de las Conferencias Episcopales Asiáticas (FABC) está bien organizada y estructurada en diferentes comisiones que se ocupan de la evangelización, la investigación teológica, la educación y la formación, las comunicaciones sociales, la inculturación, la Justicia y la Paz. La FABC ha puesto en marcha distintas iniciativas para la renovación misionera, pastoral y social, tales como "Radio Veritas", seminarios de estudio BISA (Acción social), BIMA (Acción Misionera), BISCOM (Comunicaciones Sociales), BITA (Investigación Teológica), etc. El programa de las comunidades de base eclesiales (BCC'S) -que los obispos asiáticos han declarado ser su metodología pastoral para una renovación de la Iglesia en Asia- está en pleno florecimiento. Se está programando, además, un congreso misionero asiático que deberá conducir a la Iglesia de Asia a una renovación misionera.

La necesidad de una más incisiva animación misionera de la comunidad católica del continente se hace, pues, importante. Las Iglesias locales de Asia se convertirán, a su vez, en misioneros de sus hermanos y hermanas y sabrán encontrar el lenguaje más adecuado para presentar a Jesús, Salvador del mundo, en Asia; especialmente a través de una vida cristiana de testimonio transparente de la santidad, que es importante para el continente. El continente asiático prefiere testigos a maestros.

El Mensaje del Santo Padre para la Jornada Misionera Mundial de 2003 habla, precisamente, de María como del modelo de una vida vivida en total obediencia al Señor. La Madre celestial ha estado muy cercana a los fieles asiáticos, que siempre le han demostrado gran dedicación. El Rosario, que reflexiona profundamente sobre los puntos importantes de la vida de Jesús y la cercanía de la Madre celestial al Señor, podría convertirse en una auténtica catequesis y oración misionera para la Iglesia de Asia. En este Año del Rosario, el Papa nos invita a tal reflexión, sobre todo respecto a los misterios del Rosario.

INTERVENCIÓN DEL REVDO. PADRE MASSIMO CENCI, P.I.M.E

La situación en América

1. Las circunscripciones eclesiásticas que dependen de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos en América, representan, en muchas naciones, las zonas más difíciles, sea desde un punto de vista geográfico (vastedad del territorio, falta de vías de comunicación), que social (pobreza, narcotráfico, guerrilla), che pastoral (escasez de personal y de medios).

Gracias al generoso empeño de las Iglesias locales, de las Órdenes religiosas y del laicado, la Congregación para la Evangelización de los pueblos apoya muy de cerca a estas circunscripciones:

- Pastoralmente: promoviendo la evangelización mediante el envío de misioneros y favoreciendo la cooperación misionera por medio, también, de los sacerdotes fidei donum.

- Materialmente: ofreciendo ayuda económica para las estructuras finalizadas a la evangelización (iglesias, capillas, seminarios, escuelas católicas, etc.).

2. Con ocasión del Sínodo para América (1997), el Santo Padre exhortó a las iglesias particulares del continente a que se abrieran valerosamente a la misión ad gentes: "El programa de una nueva evangelización en el Continente, ... no puede limitarse a revitalizar la fe de los creyentes rutinarios, sino que ha de buscar también anunciar a Cristo en los ambientes donde es desconocido." (Ecclesia in America, 74). Dos los ambientes de evangelización ad gentes que Juan Pablo II señala para la Iglesia en América:

- Ad intra, para conducir a la madurez eclesial a las diferentes comunidades que no han sido suficientemente evangelizadas, o tienen todavía que serlo;

- Ad extra, más allá de las fronteras nacionales y continentales.

3. Se registra un crecimiento de la conciencia misionera gracias a:

- El envío de sacerdotes fidei donum y de misioneros laicos (familias misioneras) a iglesias
hermanas de una misma nación, al continente y a los demás continentes;

- El nacimiento de diversos Seminarios Diocesanos Misioneros en toda América;

- La celebración de los Congresos Americanos Misioneros , CAM. ( El próximo, que
representa el séptimo a nivel latinoamericano, se celebrará en Guatemala en noviembre de
este año);

Dificultades y problemas que obstaculizan la misión:

- Las motivaciones políticas en la defensa de las culturas indígenas provocan, a menudo, una
errónea concepción de la Revelación positiva divina y de la inculturación del Evangelio. En
algunos casos se promueve un regreso a las antiguas tradiciones religiosas.

- Las sectas, que constituyen un desafío para la Iglesia católica; de aquí la necesidad de
ofrecer una liturgia viva, una experiencia de comunidad y de hermandad, una activa
participación en la misión y en el anuncio directo del Evangelio.

- Los desafíos de la cultura postmoderna, urbana, global, pluralista y secularizada, que se manifiestan en el continente americano - ahora ya con fuerza -, con una pérdida de sentido religioso, con la desigualdad social, con la falta de respeto por la vida y con la violencia. De aquí la necesidad de promover en las parroquias -che los obispos de América han definido como "comunidad de comunidades" (Cfr. Ecclesia in America, 41)- un encuentro personal con Cristo para profundizar la fe, a través de la catequesis y de la vida litúrgica, y para favorecer la proyección misionera para la nueva evangelización y la misión ad gentes.

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