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| El Evangelio
en las culturas: Camino de vida y esperanza - "Venid, ved
y anunciad"
COMLA V - Belo Horizonte (Brasil) - 18-23 de Julio de 1995 |
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"Al Venerable Hermano Cardenal Jozef Tomko,
Prefecto de la Congregación para la Evangelización de
los Pueblos
En su solicitud de Madre y Maestra, ejerciendo una misión recibida
de su divino Fundador anunciar a todos los pueblos el Evangelio e instaurar
todas las cosas en Cristo- la Iglesia no cesa de dedicarse y favorecer
esa proclamación solemne de evangelización que san Pablo
expresa con palabras emblemáticas: "Anunciar a Jesucristo"
(Gal 1,16).
Por eso Señor Cardenal, con sentimientos de profunda alegría,
deseo unirme a los participantes en el V CONGRESO MISIONERO LATINOAMERICANO,
fijado para los días 18-23 de Julio de este año. Desde
ahora deseo asegurar a todos mi presencia espiritual, con oraciones
dirigidas al Omnipotente, por los frutos de esta gran Asamblea, que
tiene lugar lejos de mis ojos, pero no de mi corazón.
Me alegra ante todo, verlos reunidos, por quinta vez, llegados de todos
los Países y pueblos de América Latina y del Caribe, para
reavivar la conciencia de su responsabilidad misionera y buscar juntos
los medios para que su trabajo de evangelización sea eficaz,
en el respeto y promoción de las diversas culturas del "Continente
de la Esperanza".
Mi alegría y acción de gracias están unidas también
al lema propuesto –“¡Vine, vi y anuncié!”-
pues evoca la experiencia de los primeros discípulos de Jesús
(cf. Jn 1,39), que partieron para anunciar y compartir por el mundo
exterior la comunión de vida que habían experimentado
acompañando los pasos del Señor, en su camino hacia la
Pascua. ¡De la comunión brota la misión!
La misión que Jesús confió a sus discípulos
y a toda la Iglesia nos presenta hoy tres desafíos principales
en América Latina:
-El encuentro del Evangelio con las culturas indígenas, afro-americanas
y mestizas, en las que el Espíritu suscitó ya la expectativa
de la Revelación divina, y para las que vale la invitación
del Apóstol Pablo: “Vivid, pues, según Cristo Jesús,
el Señor, tal como le habéis recibido: enraizados y edificados
en él; apoyados en la fe, tal como se os enseñó”
(Col 26-7).
-La nueva evangelización de esa parte del pueblo latinoamericano
que, por insuficiente penetración de nuestro trabajo pastoral
y, sobre todo, por influencia de la moderna sociedad de consumo y secularizada,
necesita volver a encontrar con toda su fuerza el anuncio evangélico.
-La misión "ad gentes" o "allende las fronteras"
para la cual América Latina se siente llamada a "dar desde
su pobreza" (cf. III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano,
368), ofreciendo a otros Continentes algo de su rica experiencia evangelizadora
y pastoral.
En respuesta a esos desafíos, las comunidades
eclesiales de América Latina deben continuar con decisión
la opción preferencial por los pobres y marginados (Carta Ap.
"Tertio Millennio Adveniente", 51), en la certeza, luego,
de que Jesucristo, "el mismo ayer y hoy, y siempre" (Hb 13,9),
llama a todos a acercarse a él mediante la fe y la incorporación
a su Cuerpo que es la Iglesia (cf. discurso inaugural de la IV Conferencia
General del Episcopado Latinoamericano 6, 12.X.1992). Hago votos, en
este sentido, para que se ponga énfasis particular en la formación
y en la animación misionera del Pueblo de Dios, permitiendo,
de este modo, el florecimiento de vocaciones "ad gentes" y
suscitando la cooperación para la evangelización allende
las propias fronteras (cf. Carta Enc. Redemptoris missio 83).
Hace quince años, hablando a los jóvenes de Belo Horizonte,
les exhorté a asumir el compromiso de "Construir la paz
en la justicia". Renuevo hoy ese apremio, consciente de que es
aún más urgente -en el umbral del tercer milenio- predicar
el Evangelio de vida, el mismo Evangelio de la dignidad de la persona
humana y del amor de Dios a la humanidad (cf. Evangelium vitae, 2).
Hace quince anos prometí a los jóvenes de Belo Horizonte:
"¡El Papa no os abandonará jamás!". Reveo
las montañas y la ciudad: ¡qué 'bello horizonte'!.
Pero veo, sobre todo, su entusiasmo y su partida, después de
este Congreso, animados por el Espíritu Santo y bajo la protección
de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de América Latina,
hacia nuevos y bellos horizontes de misión.
Por eso, Señor Cardenal, ruego al Dador de todas las gracias
que envíe su luz para que ilumine a todos y para que todos se
dejen iluminar por ella, con el propósito de formar un Pueblo
unido bajo la mirada del Creador. Con estos deseos, invoco para Usted,
para el Señor Arzobispo de Belo Horizonte, D. Serafín
Femandes de Araújo, y su Obispo Auxiliar, D. Sebastiao Roque
Rabelo Mendes, y para todos los demás Obispos que puedan encontrarse
presentes en Congreso, así como para los sacerdotes, religiosos
y religiosas de Brasil y de América Latina, junto con todo el
pueblo fiel, la protección de Dios Nuestro Señor, concediendo
muy gustosamente mi particular Bendición Apostólica".
Joannes Paulus II
Vaticano, 19 de Junio de 1995, 17° de. Pontificado.
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