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| "América
Latina, desde tu fe manda misioneros”
(Mensaje del Papa al COMLA IV - Lima - Perú) |
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"Amados hermanos en el Episcopado y queridos Congresistas:
1. El IV Congreso Misionero Latinoamericano que se celebra en Lima me
ofrece la oportunidad de saludaros y de hacerme presente espiritualmente
entre vosotros.
Mi pensamiento se dirige, de modo especial, a todas y cada una de las
Iglesias particulares del Continente, con sus obispos, sacerdotes, religiosos,
religiosas, laicos. Dirijo un saludo de viva gratitud a cuantos han
colaborado en la preparación de este Congreso: a Mons. Augusto
Vargas Alzamora, Arzobispo de Lima, al Señor Cardenal Juan Landázurí
Ricketts, a las Comisiones Episcopales de Misiones, a las Direcciones
Nacionales de las Obras Misionales Pontificias y al Departamento de
Misiones del CELAM. La presencia de mí Enviado Especial, el Señor
Cardenal Jozef Tomko, Prefecto de la Congregación para la Evangelización
de los Pueblos, quiere ser también testimonio de la atención
prioritaria que la Sede Apostólica presta a la actividad misional.
En repetidas ocasiones me he encontrado en medio de
vosotros, en esas tierras benditas, precisamente para cumplir el mandato
misionero del Señor. Como bien sabéis, éste ha
sido siempre el objetivo principal de mis viajes pastorales. Ahora os
hago llegar mi mensaje para recordaros, una vez más, vuestra
responsabilidad y para pediros vuestra colaboración generosa
en el permanente mandato de Cristo de anunciar el Evangelio a todos
los pueblos. Por esto hago mío también el lema del Congreso:
"¡América Latina, desde tu fe envía misioneros!".
Sé que os habéis preparado a este encuentro
con especial interés, en continuidad con los anteriores Congresos
celebrados en México y Colombia. ¿Cómo no recordar
especialmente el celebrado en Bogotá, que tuvo como lema: "América
Latina, llegó tu hora de ser evangelizadora"? Hoy son numerosos
los misioneros latinoamericanos que están evangelizando en los
cinco Continentes y a ello han contribuido ciertamente estos Congresos,
así como la oración, sacrificios y entrega desinteresada
de tantas personas. Pero este número, lo sabéis bien,
no es suficiente. Por eso os exhorto a dar todavía más,
aunque sea "de vuestra pobreza", pues América Latina
debe "proyectarse más allá de sus propias fronteras"
(Puebla. 368).
2. Como señalo en la reciente Encíclica
Redemptoris missio, siento que "ha llegado el momento de dedicar
todas las fuerzas eclesiales a la nueva evangelización y a la
misión ad gentes. Ningún creyente en Cristo, ninguna institución
de la Iglesia puede eludir este deber supremo: "anunciar a Cristo
a todos los pueblos" (n. 3). Cumplir este deber misionero no debe
significar un menoscabo de vuestra labor evangelizadora en el propio
Continente. Quien comparta la misma solicitud del Buen Pastor, no puede
dejar de pensar con preocupación en las multitudes enormes de
las grandes ciudades que, tantas veces, se encuentran como "ovejas
sin pastor" (cf. Mt 9,36); piensa también en los numerosos
pueblos indígenas, con sus propias raíces culturales,
dispuestos a abrirse cada vez más al evangelio; en los sectores
afroamericanos y de migraciones recientes- en el mundo del trabajo y
de la cultura; en la juventud y la familia, así como en tantos
otros campos de apostolado. Por ello os invito a cumplir este deber
misionero universal para poder afrontar más evangélicamente
vuestra realidad, pues sólo las personas y comunidades que se
abran a la misión universal serán capaces -de descubrir
a Cristo en el rostro de cada hermano necesitado que vive en nuestro
propio ambiente.
"La urgencia de la actividad misionera brota de
la radical novedad de vida, traída por Cristo y vivida por sus
discípulos" (Redemptoris missio.7). Son miles de millones
los seres humanos que todavía no han encontrado a Cristo por
medio de la fe y del bautismo. Vosotros, los cristianos de Latinoamérica,
sois aproximadamente la mitad del catolicismo mundial. En vuestras mismas
tierras se puede constatar un trasiego de pueblos y culturas que se
desplazan por razones de trabajo, comercio, turismo. No pocos de vuestros
fieles se encuentran en otros Continentes por las mismas razones sociológicas.
Es pues de desear que muchos cristianos y cristianas, movidos por un
auténtico espíritu misionero, con su presencia y su acción
apostólica, hagan llegar el evangelio "hasta los confines
de la tierra" (Act 1,8).
3. Con ello no predico una utopía, sino que me
hago portavoz del mismo Cristo, "pan vivo... por la vida del mundo"
(Jn 6,51),que sigue invitando a la misión universal. Estáis
llamados a agradecer la fe recibida hace ahora quinientos años,
contribuyendo a que otros sean partícipes del mismo don salvífico.
"Cristo murió por todos" (2 Cor 5,14),nos dice san
Pablo; y el Buen Pastor nos sugiere sus mismos anhelos misioneros: "Tengo
otras ovejas"(Jn 10,16),"venid a mí todos"(Mt
11,28), "tengo sed"(Jn 19,28),"id por todo el mundo11(Mc
16,15).
¿Qué mejor modo de conservar la herencia cristiana recibida
de vuestros santos, que comprometerse a compartir estos dones de Dios
con otros pueblos? Así lo han hecho vuestros santos y beatos
cuyo ejemplo os invito a seguir: Toribio de Mogroviejo, Rosa de Lima,
Martín de Porres, Francisco Solano, Pedro Claver, Luis Beltrán,
Roque González, Felipe de Jesús, Mariana de Jesús,
José Anchieta, Pedro de Betancur, Ignacio de Azevedo, Ezequiel
Moreno, Junípero Serra, Miguel Agustín Pro y tantos santos
y santas, gloría de vuestra fecunda historia cristiana. Su testimonio
de vida debe ser constante estímulo para que en toda la Iglesia
Latinoamericana florezcan nuevos misioneros y misioneras que, con la
actitud del profeta "Heme aquí, Señor, estoy dispuesto,
envíame"(cf. Is.6,8),se entreguen abnegadamente a la misión
sin fronteras (cf. Redemptoris missio. 79).
4. "Hoy la Iglesia debe afrontar otros desafíos
proyectándose hacia nuevas fronteras, tanto en la primera misión
ad gentes, como en la nueva evangelización de pueblos que han
recibido ya el anuncio de Cristo"(Redemptoris missio,30). Para
ello el Señor os ha bendecido con abundantes vocaciones en estos
últimos años, aunque resulten todavía insuficientes
ante los vastos campos de apostolado que os han sido confiados. La vocación
es un don de Dios, que requiere una respuesta creativa por parte de
la persona llamada y el impulso de la comunidad. Las vocaciones nacen
y perseveran en comunidades donde existe un ambiente de generosidad
y entrega, de seguimiento evangélico y de disponibilidad misionera.
Cuando existe una "profunda renovación interior" se
hace más viva la conciencia de "la propia responsabilidad
en la difusión del Evangelio" a todos los pueblos. (cf.
Ad gentes, 35).
Vienen a mi mente las entrañables celebraciones
marianas que, durante mis visitas pastorales a América Latina,
he tenido el gozo de presidir en los Santuarios que la fe de esos amados
pueblos ha levantado en honor de Nuestra Señora. Postrado espiritualmente
ante las veneradas imágenes de María, quiero hacer ahora
a todos una invitación: ¡Abrid vuestros corazones al llamado
misionero de Cristo, para que el mundo entero acoja la fe cristiana
y la viva con autenticidad y generosidad!.
Construir la "civilización del amor" y afrontar el
desafío de una "nueva evangelización" presupone
una respuesta incondicional a este llamado: "Id por todo el mundo"...
"¡América Latina, desde tu fe envía misioneros!".
Sólo a partir de una respuesta decidida América Latina
será verdaderamente el Continente de la esperanza misionera para
toda la Iglesia.
Con estos deseos y mientras elevo mi ferviente plegaria para que Dios,
rico en misericordia, conceda abundantes frutos eclesiales al IV Congreso
Misionero Latinoamericano, os imparto con afecto a todos mi Bendición
Apostólica"
Vaticano, 2 de febrero de 1991
Fiesta de la Presentación del Señor
Joannes Paulus PP II.
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